¿Tienen los perros derecho a vivir, o no?

Enviado por pepa garcía el 29/04/2009 a las 21:45
pepa garcía

Acabo de leer un post de Nathan Winograd, el autor de Redemption: The Myth of Pet Overpopulation & The No Kill Revolution in America [Redención: El Mito de la Sobrepoblación de Mascotas & La Revolución del Sacrificio Cero en Estados Unidos], libro emblema del movimiento No Kill (contra el asesinato de perros y gatos sanos y/o recuperables en albergues). De nuevo arremete contra Peta. Esta organización es conocida por el gran público como una organización radical en la defensa de los derechos animales. Sin embargo, como señala Winograd, nada puede estar más alejado de la defensa de los derechos animales que una organización que no le reconoce a los animales el derecho a la vida. Consecuentemente con este irrespeto, mata al año miles de perros y gatos, presuntamente basándose en el argumento, también esgrimido tradicionalmente por los albergues de Estados Unidos, de que existe una sobrepoblación canina y felina tan abrumadora, que es imposible encontrarles hogares. Y de que para tenerlos en cautiverio “sufriendo” a la espera, mejor matarlos.

En realidad -sostiene Winograd- es sólo la incompetencia de los responsables de estos albergues y de los responsables de las políticas de control de la fauna urbana la culpable de que no se encuentre hogares para estos perros y gatos, o recursos en su defecto para mantenerlos albergados. Más de esto aquí.

En este post que comento, Winograd pinta a la presidenta de Peta, Ingrid Newkirk, como una loca al estilo más nazi, con un gran carisma, que engatusa a un montón de gente para que la ayuden a cumplir con el cometido que tiene entre ceja y ceja, que es matar a destajo perros y gatos. Los seguidores de Ingrid Newkirk están en su equipo más cercano (verdugos directos), y entre celebridades, publicistas y colaboradores de otras secciones de su organización, pero también en círculos independientes de activistas simpatizantes, supuestamente defensores de los derechos de los animales.

Esto es paradójico. ¿Cómo un defensor de los derechos de los animales puede comulgar con un culto que niega el derecho a la vida a los animales? Todo indica que el término derechos animales es utilizado por Peta y sus simpatizantes (aquellos que están al tanto de los asesinatos de perros y gatos, se entiende) como mero blablá; como fórmula de márketing, como técnica discursiva cuyo fin es atraer a determinado sector de la población: a aquellos preocupados por los derechos de los animales, aunque Peta no los respete. Este empleo de derechos de los animales carece de fundamento ético/filosófico. En realidad hablan de derechos de los animales como podrían hablar de ruedas de prensa o de ruedas de molino.

Por otro lado, los activistas del movimiento No Kill estadounidense (que son muy parecidos a las viejas locas chilenas, en tanto que son gente inclaudicablemente comprometida con salvar la vida de los perros y gatos abandonados; héroes y heroínas que gastan lo que no tienen por los animales; personas a quienes no podrás convencer de que es mejor matarlos que luchar por sus vidas; y que por lo general no teorizan, no suelen hablar de ´derechos animales´, caracterizándose más bien por un discurso poético, piadoso, empapado de expresiones de compasión y amor por los animales, a pesar de -como afirma Mérici- constituir la espina vertebral del movimiento animalista), estos activistas, digo, provida a ultranza, son el mayor enemigo de Peta, pues la crítica que hacen a los dudosos principios éticos de su presidenta es frontal. Y esta crítica, si calase en el gran público, podría despojar a Peta de su imagen glamorosa, y hacer por último que los fondos que hoy se destinan a Peta fueran desviados a las organizaciones No Kill [por un sacrificio cero]. Quizás sea por esto que Peta se ha impuesto la tarea de desprestigiar con ferocidad este movimiento.

Winograd llama a los activistas de uno y otro pelaje a que se unan y repudien pública y explícitamente a Peta.

Las razones que normalmente alegan los simpatizantes de Peta, cuando se les recuerdan los miles de asesinatos anuales de la organización, para no hacer una condena de la organización, es que Peta también hace cosas bien loables (refiriéndose a otras campañas de defensa animal en las que trabaja), como si eso justificase dar carta blanca a Peta para que mate perros a discreción. Y esto me recuerda a la actitud de algunos activistas animalistas chilenos cuando se trata de evaluar la labor del departamento de medio ambiente de la municipalidad de Viña del Mar, cuya veterinaria responsable de fauna urbana, Claudia Bilbao, ha sido reincidente en el asesinato de perros sanos/curables. Los activistas que la defienden sólo saben destacar las acciones proanimal de la mencionada veterinaria, como su participación en campañas de esterilización, que le procurarían gran prestigio. Olvidan que no se trata de evaluar personas, sino acciones. ¿Es que el asesinato de un perro no es reprobable por el hecho de que la asesina haga buenas obras también? ¿Cuál es la base ética de alguien que argumenta así? ¿Tiene un perro según tú derecho a la vida, o no?).

Winograd anima a los animalistas a rechazar sin medias tintas a Peta; frontalmente, como fue el repudio que expresó públicamente hace poco el líder del grupo de discusión sobre derechos animales, AR News. Prohibió a Peta postear en el grupo. Traduje parte del texto en que lo comunica:

“PETA dice ser un grupo de defensa de derechos animales. ¿Por qué reclamaría un animal el derecho a que lo asesinen a manos de sus supuestos rescatadores y protectores? ¿Puede alguien imaginar a Amnistía Internacional o a Naciones Unidas pidiendo que se acabe con la vida de un grupo humano de población porque ellos no quieren molestarse en encontrarles comida o refugio? PETA no es un grupo de defensa de derechos animales, en ninguno de los sentidos posibles. [Y] Es repugnante y torcido que PETA trabaje con tanta dedicación con el objetivo de hacer fracasar el movimiento No Kill [sacrificio cero]... ¿Quién quiere un ´protector´ así?”

Parece que es momento de hablar seriamente de filosofía en el mundo animalista. Este es el problema: ¿Tienen derecho a vivir a los animales? A Peta y simpatizantes, desde sus brumosos fundamentos éticos, les parece que no, aunque igual quieren erigirse como los defensores indiscutibles de los derechos animales. ¿Les vas a dejar?

Dice Winograd:

“Ningún otro movimiento permitiría, sin masivas protestas y una decisiva condena pública, que alguien siguiese en su puesto cuando sus acciones son tan contradictorias e inconciliables con los principios más básicos de su movimiento. El movimiento de protección a la infancia no permitiría a alguien que asesina niños que dirigiese una organización dedicada a los derechos del niño. El movimiento de defensa de derechos humanos no permitiría a alguien que asesina gente que dirigiera ninguna de sus organizaciones. Pero el movimiento de defensa de derechos animales -un movimiento fundado sobre el principio de que los animales tienen derecho a la vida- permite a una descarada asesina de animales declarada públicamente que dirija una organización de derechos animales. Y a excepción de Friends of Animals, el resto de grupos de derechos animales del país mantiene un silencio ensordecedor al respecto”.

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