Acabo de leer un post de Nathan
Winograd, el autor de Redemption: The Myth
of Pet Overpopulation & The No Kill Revolution in America
[Redención: El Mito de
En
realidad -sostiene Winograd- es sólo la incompetencia de los responsables de
estos albergues y de los responsables de las políticas de control de la fauna
urbana la culpable de que no se encuentre hogares para estos perros y gatos, o
recursos en su defecto para mantenerlos albergados. Más de esto aquí.
En
este post que comento,
Winograd pinta a la presidenta de Peta, Ingrid Newkirk, como una loca al estilo
más nazi, con un gran carisma, que engatusa a un montón de gente para que la
ayuden a cumplir con el cometido que tiene entre ceja y ceja, que es matar a
destajo perros y gatos. Los seguidores de Ingrid Newkirk están en su equipo más
cercano (verdugos directos), y entre celebridades, publicistas y colaboradores
de otras secciones de su organización, pero también en círculos independientes
de activistas simpatizantes, supuestamente defensores de los derechos de los
animales.
Esto
es paradójico. ¿Cómo un defensor de los derechos de los animales puede comulgar
con un culto que niega el derecho
a la vida a los animales? Todo indica que el término derechos animales es utilizado por Peta y sus simpatizantes
(aquellos que están al tanto de los asesinatos de perros y gatos, se entiende)
como mero blablá; como fórmula de márketing, como técnica discursiva cuyo fin
es atraer a determinado sector de la población: a aquellos preocupados por los
derechos de los animales, aunque Peta no los respete. Este empleo de derechos
de los animales carece de fundamento
ético/filosófico. En realidad hablan de derechos de los animales como podrían hablar de ruedas de
prensa o de ruedas de molino.
Por otro lado, los activistas del
movimiento No Kill estadounidense (que son muy parecidos a las
viejas locas chilenas, en tanto
que son gente inclaudicablemente comprometida con salvar la vida de los perros
y gatos abandonados; héroes y heroínas que gastan lo que no tienen por los
animales; personas a quienes no podrás convencer de que es mejor matarlos que
luchar por sus vidas; y que por lo general no teorizan, no suelen hablar de
´derechos animales´, caracterizándose más bien por un discurso poético,
piadoso, empapado de expresiones de compasión y amor por los animales, a pesar
de -como afirma Mérici-
constituir la espina vertebral del movimiento animalista), estos activistas,
digo, provida a ultranza, son el mayor enemigo de Peta, pues la crítica que
hacen a los dudosos principios éticos de su presidenta es frontal. Y esta
crítica, si calase en el gran público, podría despojar a Peta de su imagen
glamorosa, y hacer por último que los fondos que hoy se destinan a Peta fueran
desviados a las organizaciones No Kill [por un sacrificio cero]. Quizás sea por
esto que Peta se ha impuesto la tarea de desprestigiar con ferocidad este
movimiento.
Winograd llama a los activistas de
uno y otro pelaje a que se unan y repudien pública y explícitamente a Peta.
Las razones que normalmente alegan
los simpatizantes de Peta, cuando se les recuerdan los miles de asesinatos
anuales de la organización, para no hacer una condena de la organización, es
que Peta también hace cosas bien loables (refiriéndose a otras campañas de
defensa animal en las que trabaja), como si eso justificase dar carta blanca a
Peta para que mate perros a discreción. Y esto me recuerda a la actitud de
algunos activistas animalistas chilenos cuando se trata de evaluar la labor del
departamento de medio ambiente de la municipalidad de Viña del Mar, cuya
veterinaria responsable de fauna urbana, Claudia Bilbao, ha sido reincidente en
el asesinato de perros sanos/curables. Los activistas que la defienden sólo
saben destacar las acciones proanimal de la mencionada veterinaria, como su
participación en campañas de esterilización, que le procurarían gran prestigio.
Olvidan que no se trata de evaluar personas, sino acciones. ¿Es que el
asesinato de un perro no es reprobable por el hecho de que la asesina haga
buenas obras también? ¿Cuál es la base ética de alguien que argumenta así?
¿Tiene un perro según tú derecho a la vida, o no?).
Winograd anima a los animalistas a
rechazar sin medias tintas a Peta; frontalmente, como fue el repudio que
expresó públicamente hace poco el líder del grupo de discusión sobre derechos
animales, AR News. Prohibió a Peta
postear en el grupo. Traduje parte del texto
en que lo comunica:
“PETA
dice ser un grupo de defensa de derechos animales. ¿Por qué reclamaría un
animal el derecho a que lo asesinen a manos de sus supuestos rescatadores y
protectores? ¿Puede alguien imaginar a Amnistía Internacional o a Naciones
Unidas pidiendo que se acabe con la vida de un grupo humano de población porque
ellos no quieren molestarse en encontrarles comida o refugio? PETA no es un
grupo de defensa de derechos animales, en ninguno de los sentidos posibles. [Y]
Es repugnante y torcido que PETA trabaje con tanta dedicación con el objetivo
de hacer fracasar el movimiento No Kill [sacrificio cero]... ¿Quién quiere un
´protector´ así?”
Parece
que es momento de hablar seriamente de filosofía en el mundo animalista. Este
es el problema: ¿Tienen derecho a vivir a los animales? A Peta y simpatizantes,
desde sus brumosos fundamentos éticos, les parece que no, aunque igual quieren
erigirse como los defensores indiscutibles de los derechos animales. ¿Les vas a
dejar?
Dice
Winograd:
“Ningún
otro movimiento permitiría, sin masivas protestas y una decisiva condena
pública, que alguien siguiese en su puesto cuando sus acciones son tan
contradictorias e inconciliables con los principios más básicos de su
movimiento. El movimiento de protección a la infancia no permitiría a alguien
que asesina niños que dirigiese una organización dedicada a los derechos del
niño. El movimiento de defensa de derechos humanos no permitiría a alguien que
asesina gente que dirigiera ninguna de sus organizaciones. Pero el movimiento
de defensa de derechos animales -un movimiento fundado sobre el principio de
que los animales tienen derecho a la vida- permite a una descarada asesina de
animales declarada públicamente que dirija una organización de derechos
animales. Y a excepción de Friends of Animals, el resto de grupos de derechos
animales del país mantiene un silencio ensordecedor al respecto”.



















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