¡Un cuarto de hora con la Delincuencia!
Enviado por Paola el 05/07/2007 a las 10:40
Etiquetas: delincuencia humano politico tema social | Regiones Región Metropolitana
El día más bien se estaba escondiendo. Eran las seis de la tarde y el cielo tomaba un color entre el gris del smog y el negro de la noche. Era un atardecer de invierno.Los trabajadores, las secretarias,los vendedores, los estudiantes comenzaban a bostezar, los edificios de trabajo cerraban sus puertas y los buses del transantiago provocaban las largas filas de espera, en los insulsos paraderos construidos.“El hombre”, pasada la mitad del día, andaba lleno de riza, porque ya había hecho sus respectivos negocios, y a pesar de toda la miseria de Santiago, la vida lo trataba bien. Un hijo hermoso, pequeñito, de esos que todavía se dejan hacer cariño y piden jugar con uno le regocijaba el alma. Afortunadamente todos los meses llegaba a la metas de ventas, y podía disfrutar de uno que otro paseo a la playa, tomándose una cerveza y comiéndose un pastel de jaibas. Por eso se justificaba trabajar. Por ellos y por su mujer, para que siguieran seguros , calientitos con estufa en la casa, viendo los padrinos mágicos, mientras, la gente, el pueblo, se aguantaba dolores de cabeza, de pies, stress, rabia, todo por el famoso transantiago y los sueldos de hambre que por años seguían obteniendo.
“El hombre” era un tipo de trabajo, de terno y zapatos lustrados, de corbata de seda, con rayas azules y celeste perlado, un hombre que había madurado. La mayoría de las veces paraba con su auto en una calle tranquila, a leer el diario, a seguir un programa radial, o a escuchar la música de John Lennon para darse fuerzas y seguir, haber si se le aparecía otra perspectiva de las cosas, de la vida. No por sentirse inconforme, sino, por mera curiosidad.Ese día, “el hombre” se encontraba sentado en el auto. Las puertas abiertas, pues, en un segundo más se bajaría hacer el último negocio del día. Distraído, reía, viendo, desde su celular, las fotos de sus amables niños De pronto, un tipo con cara de angustia, un cara cortada, le abrió la puerta lateral y le encañonó una pistola al pecho, mientras otro por la puerta del volante, le decía suelta el auto. El hombre solo pensó en sus hijos, en su integridad y les entregó el auto. Los tipos le dieron partida, haciendo chillar la primera como quienes nunca han manejado un auto, luego, se dieron a la fuga. El hombre, en un acto irónico, miró como se lo llevaban, poco faltaba para que le hiciera seña con la mano diciéndole chao, que le vaya bien, y, se conformó.
Por lo menos no lo obligaron a ser volante , ni a ser maleta. Perdió su auto, perdió su medio de transporte y de trabajo, le robaron el juguete de su madurez, pero, estaba sano y salvo, con vida, para seguir regocijándose con sus hijos.
Por cierto, el relato cuenta la historia de un hombre cualquiera, habla del que hacer de cualquiera de nosotros. A groso modo se refiere al 2,9 de robos de vehículos a nivel nacional y al 5,9 de robos de vehículos, al 9,3 de robos en vivienda, al 6,5 de robos con violencia,sufridos por el grupo económico ABC1, según el estudio del Instituto Nacional de Estadísticas. Remite a la famosa delincuencia. Una palabra gastada, y que por lo tanto, pareciera que no nos causa nada. Suena en nuestros oídos por medio de los noticiarios televisivos,de la radio y de los diarios, pero, es en la experiencia personal, cuando todos quedamos indefensos, a su servicio y determinados a su voluntad. Sólo cuando se experimenta, cuando se vive adquiere sentido y significado. En el papel, la palabra delincuencia verdaderamente no arremete, no duele, no deprime, no desconcierta, no enoja, no trauma. Es, a lo sumo, una palabra que marca un qué hacer humano reñido con la ley, de tipos que practican el robo, el delito y la violencia para conseguir dinero y que son el polo opuesto del vivir decente, basado en el trabajo honesto, respetable, amable y responsable. En el papel, la delincuencia, es una cifra del Instituto Nacional de Estadísticas, un titular de la Tercera , que recoge las palabras del subsecretario del interior, Felipe Harboe, que dice: “ la delincuencia se “estabiliza” en regiones y levemente aumenta en Santiago”,es comentario del inspector Vallejos en el programa de Morande, sin embargo, no se siente. Sólo se convierte en una problemática: en su acto, en su cuarto de hora. Ese que involuntariamente han vivido sus víctimas, cuando se patentiza.Entonces,su experiencia de violencia, de transgresión al lugar de habitar: sea la casa, nuestro cuerpo, o un auto se absolutiza y se convierte en causa de vida, en deseos de su combatirla.
Pero, como combatirla, nadificarla, guerrear contra ella, cuando aparece como el residuo, el producto de un sistema políticoeconómico, que la autoreproduce. Creo que no sólo hay que poner la mirada, en que se trata de una lacra social, en que consiste en el deshecho y en la cara espantosa del sistema, la cual se debe aislar literalmente en una isla o castigar socialmente con cárcel y moralmente con el aborrecimiento, más bien se trata de reconocerla, de buscar cuales son sus causas, por qué se produce. Yo me pregunto, cómo no va haber delincuencia, cuando los medios de comunicación exaltan el consumo y el materialismo como las formas de vida conducentes al bien y a la felicidad. Hay que vivir basados en el hedonismo, y en la satisfacción inmediata de nuestros intereses, con tarjetas de crédito, desechando las cosas por viejas, como entonces entre los más pobres, entre los desgraciados psicológica y socialmente, los proclives a los vicios y a los excesos no va a crecer una semilla de ambición por obtener esta forma de felicidad, a cualquier precio.
Cuáles, en tanto, son las medidas que debe tomar el gobierno, cuales son las políticas públicas contra la delincuencia. Sólo se trata de inyectar más recursos, como los mil carabineros que se integraron en el 2006, para labores de seguridad, o se trata de conformarse con su coexistencia al lado de la pobreza, la mala salud y la mala educación . Al contrario, podríamos cambiar nuestros valores, nuestra forma de hacer educación y de producir comunicación social , de cambiar nuestra mirada de las cosas para que los sujetos con más riesgo social dejen de ambicionar lo material como el medio hacia la felicidad.
No lo sé, quien soy yo para dar una solución.
Sin embargo, algo me resuena mejor, que conformarme y aceptarla; que apalearla con policías y seguridad ciudadana, que denunciarla y traerla a presencia como un producto sensacionalista, con campañas del terror como las del reportaje En la Mira donde hace poco mostraron a Valparaíso como la ciudad de la delincuencia. Creo que si se redujera la desigualdad, si fueramos más justos y más compasivos, más humanos y humanas, más sensibles con la pobreza, a lomejor, en algo, se reduciría. No olvidemos, la frase de Durkheim cuando decía “ El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”. Por último, no es tarea de nosotros, sus víctimas, sino mas bien de las políticas de gobierno, que hace rato, no focalizan o no les interesa focalizar a la delincuencia como a un problema y quieren tapar el sol con un dedo.
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....en realidad trato de no considerar a la delincuencia como a un gran tema de mi vida, mas considerando que es desagradable, pero, a veces toca de cerca, entonces es cuando dan ganas de guerrear contra ella: no les ha pasado?