Jaime Morales

La tragedia de Valparaíso

Valparaíso se debate en una tragedia constante. Desde hace un tiempo hemos sido azotados por incendios que destruyen gran parte de nuestro patrimonio.

El último fin de semana, hemos visto como uno de los ascensores de la ciudad ha sufrido un incendio que ha destruido la totalidad de su estación baja. El Ascensor Los Lecheros, el único administrado por un particular, era uno de los dos ascensores que aún prestaban sus servicios en el eje de la Av. Argentina.

Sin embargo, más trágico que los mismos incendios, es la nula capacidad de acción de las autoridades municipales por generar dinámicas que busquen adelantarse a los desastres que nos son tan comunes.

Las autoridades sólo reaccionan ante las tragedias. Aparecen con cara de perplejidad mirando uno y otro desastre, sin que éstos los pongan sobre aviso y los motiven a actuar rápido.

De los quince ascensores de la ciudad, nuestro gran tesoro, sólo quedan en funcionamiento diez.

Me sorprende muchísimo ver a la máxima autoridad de la ciudad diciendo en entrevistas que le molesta ver cómo algunos ascensores o edificios patrimoniales se encuentran en manos de personas que se ven incapaces de cuidarlos y de invertir en ellos.

Resulta obvio que es así, y resulta también obvio que este fenómeno es parte de la inercia que aún caracteriza a los habitantes de la ciudad. Lo que parece aterrador es que la autoridad también participe de esta inercia y que todavía no se vislumbre un plan, un buen plan para adelantarse a las tragedias, para revisar los edificios patrimoniales y los ascensores. Todos ellos.

Tener un sector Patrimonio de la Humanidad y muchos lugares declarados Monumentos Nacionales, como lo son la gran mayoría de los ascensores de la ciudad, implica la gran responsabilidad de activar gestiones que vayan en dirección de su cuidado y protección. No se puede aparecer descubriendo después de un siniestro que un ascensor estaba mal administrado, que su situación eléctrica era deplorable, que no existían inversiones enfocadas a su cuidado. Esto demuestra un gran desconocimiento de la ciudad; una improvisación desesperada para salvar el micrófono de turno ante la tragedia.

Yo pregunto: ¿Qué clase de autoridad tenemos que siempre se ve sorprendida por todas las falencias que ocurren en los edificios y ascensores de la ciudad?

¿Camina esta autoridad por Valparaíso como lo hacemos todos, viendo los desastres y los peligros en que se encuentran nuestros tesoros?

Si de gestiones de protección se trata, la casa municipal y por supuesto su autoridad máxima, resultarían muy mal evaluadas, si se revisan simples antecedentes.

Veamos:

Ascensor Barón: El primer ascensor eléctrico de la ciudad que data de 1906.

Estado: Detenido hace más de un año por graves problemas en su maquinaria.

Administración: Ilustre Municipalidad de Valparaíso.

Ascensor Polanco: Este ascensor data de 1915 y es el único ascensor vertical de la ciudad, sólo comparable al Ascensor Santa Justa de Lisboa en Portugal y al Elevador Lacerda en Bahía, Brasil. El tenerlo en la ciudad es un gran lujo.

Estado: Detenido desde hace un año por graves problemas estructurales y al parecer por mala administración.

Administración: Ilustre Municipalidad de Valparaíso.

A éstos debe sumarse el Ascensor Los Lecheros, el único de administración particular que se encontrará detenido por tiempo indefinido. De los cuatro ascensores del eje Av. Argentina sólo queda en funcionamiento el Ascensor Larraín. Su situación no es mejor de lo que era el Ascensor Los Lecheros, del que tanto se deplora su estado y administración.

Administración: Compañía de Ascensores Mecánicos de Valparaíso.

Ascensor Monjas: De 1912, es uno de los más altos y es visible desde gran parte del barrio del Almendral. Su estado es también lamentable.

Estado: Detenido desde hace un año por problemas de administración.

Administración: Compañía de Ascensores Mecánicos de Valparaíso.

Ascensor Villaseca: De 1907, es el último ascensor de la ciudad en dirección a la costanera.

Su estado es lamentable y se encuentra en permanente deterioro.

Estado: Detenido por trabajos de acceso de camino La Pólvora.

Administración: Compañía de Ascensores Mecánicos de Valparaíso

Este simple catastro demuestra que el caso del ascensor Lecheros, sindicado como una mala administración al momento de sufrir su siniestro, es generalizado en la mayoría de los ascensores de la ciudad. No es un argumento válido culpar a su administrador, ya que los ascensores municipales y los que pertenecen a la Compañía de Ascensores Mecánicos, en su gran mayoría se encuentran en la misma situación.

Alguien de la municipalidad, ¿ha revisado el estado de los ascensores San Agustín, Mariposas o Florida? Sólo por nombrar algunos. ¿O se estará esperando una nueva tragedia?

En este caso se está incurriendo en el gran axioma popular de criticar lo ajeno sin cuidar lo propio.

Lo cierto es que sea quien sea que administre los ascensores, da exactamente lo mismo, porque los ascensores nos pertenecen a todos los porteños. Son un hermoso atractivo turístico, joyas de comienzo de siglo XX, delicadas perlas patrimoniales que en otro país estarían debidamente protegidos, cuidadosamente restaurados, en constante revisión y supervisión, mantenidos y resguardados para que conserven su línea arquitectónica original, no importando si son de lata o madera. Nadie en otro lugar los intervendría con tanto desparpajo como sucedió con la estación primera del ascensor Cordillera, en pleno barrio Patrimonial, convertida en un amasijo Kitsh. La Administración de este ascensor se encuentra a cargo de la Compañía de ascensores Mecánicos de Valparaíso.

Llegan algunos señores y señoras que no entienden la ciudad y promueven cambios, sin respeto de su gente, sin conocer los espacios y su efecto en la comunidad, sin vivir el espacio. Siempre la forma, sin pensar en el fondo. ¡¡¡Quedará lindo!!! Venda lápices y souvenirs. Ni un respeto por los códigos del lugar.

Estos desastres patrimoniales han tenido su mayor tragedia en la gran explosión ocurrida en el Barrio Puerto en la pasada temporada estival. Sin embargo, no existe nadie que intente controlar los futuros sucesos adelantándose a los hechos. Prueba de esto es una rápida mirada a otro palacio que se encuentra a sólo metros de la gran catástrofe. Me refiero al palacio Rubén Castro, convertido en un viejo edificio de oficinas pobres y que no resiste una rápida visita al ver sus paupérrimas condiciones eléctricas de cablecitos que aparecen entre sus paredes conectados a pequeños enchufes.

Los porteños vemos nuestros edificios a diario, todos los vemos y pasamos ante la futura tragedia y nos damos cuenta del gran abandono. ¿Por qué la autoridad no lo ve?

Valparaíso necesita urgente la creación de una comisión que se dedique a hacer un catastro serio de todos los edificios antiguos y de todos los ascensores, no importando quién esté a cargo de la administración. Un catastro que dé cuenta de las condiciones reales en las que se encuentran. Técnicos eléctricos evaluando las conexiones, bomberos evaluando las posibilidades de fuego, constructores evaluando las estructuras. Se debe avanzar en un real catastro donde las compañías que proveen de energía se involucren en la reparación de sus redes y que facilite técnicos y recursos para tal objetivo. Que se generen alianzas estratégicas con otras empresas y compañías que a su vez involucren recursos en protección, y así contar con los fondos necesarios para poder prevenir y resguardar. Hablo de responsabilidad social, concepto que manejan muy bien las empresas de vanguardia en Chile y que también genera grandes beneficios a nivel de marketing y de Identidad Corporativa.

¿Por qué hacer esto?

Simplemente porque se trata de una ciudad única en el mundo, porque tener un Patrimonio de la Humanidad es un lujo, porque toda la ciudad está plagada de monumentos nacionales, porque el Patrimonio le pertenece a todos, estamos todos involucrados. Y también porque en definitiva, es un buen negocio hacerlo.

EL FACTOR TURISMO

Mucho se habla del turismo en Valparaíso y siempre se discute sobre cómo potenciarlo. Mientras se discute y se discute, el turismo ya es un fenómeno instalado en la ciudad.

En mi caso particular, soy el Guía Director de Ruta Valparaíso (www.rutavalparaiso.cl), empresa creada para realizar experiencias locales para viajeros en nuestra ciudad. Desde hace ya muchos años que desarrollo mi actividad de entretenidos circuitos turísticos de todo un día, recorriendo a pie Valparaíso y utilizando el transporte público y los ascensores. Muchos holandeses, alemanes, franceses e ingleses han conocido la ciudad caminando y viajando en micro mezclados entre la gente. En un comienzo visitábamos el ascensor Barón, el Lecheros, el Larraín y el Polanco, además del Espíritu Santo, Reina Victoria y Concepción.

En nuestro circuito la economía local se sustenta, pues se paga la micro, se compra agua en los negocios cercanos a los atractivos, se paga el ascensor.

Hemos ido paulatinamente disminuyendo los lugares de visita, pues ya no teníamos el ascensor Barón, después se cerró el Polanco, que era de enorme atractivo y sumamente solicitado. Ahora no tenemos el Lecheros, punto de gran importancia dentro del circuito, pues arriba se podía ver la fachada de la casa donde Neruda pasara un tiempo en la clandestinidad. Nos quedamos sin ascensores en nuestra primera etapa.

Reemplácelos por otro, dirán algunos, si total todavía nos quedan diez. Pero no es tan fácil, porque cuando uno se involucra con los lugares, visita sectores que nadie más visita, se establece una relación peculiar de cercanía con el entorno. Los pasajeros admiraban el sector del Lecheros y conversaban con la gente; amaban el Polanco y la animita de Juan Villegas.

El costo del pasaje de los ascensores es muy barato. Pero el beneficio turístico de ellos es invaluable, pues muchos vienen a vivir la experiencia de conocer estos carritos endebles que les abren los barrios por donde disfrutan caminar escuchando historias.

Así como le sucede a mi empresa, este efecto puede crecer en forma exponencial si no se toman medidas urgentes de conservación. Puede ser que un día los pasajeros digan que ya no les interesa Valparaíso, pues la ciudad no cuida su patrimonio. Quien conoce a los europeos, sabe el valor que ellos le dan a la conservación patrimonial, a la cultura local, al crecimiento con sustento y las experiencias turísticas que los mantengan cercanos a la gente. Muy lejanos están de preferir lo “sofisticado” de un lugar de acrílico, quieren sabor local.

Desde hace mucho que se habla y se habla, y en cada semana patrimonial aparecen publicados sendos artículos sobre lo mucho que hemos avanzado, sobre los grandes progresos vinculados a profesionalizar la gestión patrimonial, los avances en planes de diagnóstico evaluativo de espacios e inmuebles patrimoniales. Sin embargo, explota un edificio, se quema el de enfrente, se quema un ascensor y aparecen las mismas caras de perplejidad, de incredulidad. Las mismas caras fruto de la inoperancia, del desconocimiento, de la abulia, de la desidia.

La tragedia de Valparaíso y su peor fotografía: La perplejidad de quien debe liderar y, sin embargo, todavía no da luces de tener alguna idea de cómo hacerlo.

Leonardo Silva Arenas

Ruta Valparaíso

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