Enrique Ernesto Lavin Orellana

Nuestra democracia y Marcos Enriquez-Ominami

Marco, del miedo a la esperanza

Cuando el acto de votar nos conecta con nuestros miedos y no con nuestras esperanzas o anhelos, hay un claro síntoma de una democracia en decadencia. Eso viene pasando hace un buen tiempo en las elecciones presidenciales chilenas. Enríquez-Ominami ha sido capaz de leer que la dictadura de la falta de alternativas es una tremenda oportunidad para construir en base a anhelos y no temores.

Por John Charney*

Cuando el acto de votar nos conecta con nuestros miedos y no con nuestras esperanzas o anhelos, hay un claro síntoma de una democracia en decadencia. Eso viene pasando hace un buen tiempo en las elecciones presidenciales chilenas y también en gran parte del mundo occidental.

Siguiendo a Alain Badiou, habrían dos tipos de miedos por los cuales el electorado tiende a moverse. El primero es el miedo a la pérdida. No sólo a la pérdida de los bienes materiales, largamente atesorados, sino también el temor a la pérdida de los "valores tradicionales" y con ello, por qué no, el dejar de pertenecer o sentirse perteneciente a los grupos privilegiados de la sociedad. Este miedo conduce a exigir un Estado con mayores niveles de autoritarismo, que refuerce sus medidas policiales por sobre su preocupación en la seguridad social, priorice el libre emprendimiento más que la igualdad de oportunidades, favorezca la oferta en la educación más que la demanda, premie la especulación por sobre el trabajo remunerado. Con este miedo podríamos identificar a algunos votantes de derecha.

El segundo miedo se deriva del anterior. Este emerge desde el temor a que tales medidas del primer grupo puedan sofocar la sana convivencia que debiera existir en una sociedad democrática. Una buena parte del electorado de la Concertación, del New Labour del Reino Unido y del partido socialista francés, se identifica con ello. Estos han logrado ofrecer programas con mayores niveles de "humanismo", poniendo atención en la seguridad social, salud e igualdad de oportunidades. Sin embargo, la evidente contradicción entre sus posturas ideológicas y el modelo económico e institucional bajo el cual se rigen, ha terminado por desgastar a estos partidos o coaliciones. No han sabido reinventarse a lo largo de los años y la amenaza que representan sus adversarios se ha erigido por sobre las transformaciones que están dispuestos a hacer para materializar sus ideales políticos. Es decir, se guían por el temor, sin pensar tan distinto a sus oponentes. Los seguidores de este tipo de gobiernos se mueven más por un voto negativo que por la convicción de un futuro mejor. Las contradicciones de estas facciones y su incapacidad de reinventarse ante los nuevos escenarios son la causa de la derrota socialista en Francia y del inminente colapso del New Labour en el Reino Unido. Sin duda, la compleja situación por la que atraviesa la Concertación en Chile responde también a esta lógica.

Este escenario bipolar es lo que Mangabeira ha denominado la "dictadura de la falta de alternativas." Aquella donde los temores son el principal motor de las decisiones electorales, cerrando los espacios para nuevas reflexiones sobre la conducción política. En estos casos la desorientación de la ciudadanía puede llegar a tal nivel que muchos electores están dispuestos a tolerar la corrupción de las maquinarias políticas con el objeto de impedir la elección del adversario-enemigo.

Barack Obama ha sabido revertir esta lógica pasiva de los miedos por una activa, compuesta de una narrativa que mezcla un componente biográfico de exclusión con una propuesta futura de inclusión. El voto de Obama es claramente un voto comprometido con un proyecto de futuro, con la energía activa de crear y participar de éste y no con el pasivo ensimismamiento que produce el temor. En Chile, Enríquez-Ominami ha sido capaz de leer que la dictadura de la falta de alternativas es una tremenda oportunidad para construir en base a anhelos y no temores. Por eso, no debemos sorprendernos si lo vemos empinarse sobre los dos dígitos. Este candidato representa la posibilidad de romper con la lógica de votar por Piñera por miedo a la pérdida o votar por Frei por miedo a Piñera. Ha sido capaz de presentar un relato alternativo que nos ha hecho soñar con la posibilidad de re-imaginar Chile sin miedo, sin autoritarismo, sin humanismos mal entendidos. Mientras siga en el camino de develar contradicciones, proponer debates y dar espacio a las ideas, su opción presidencial se irá transformando cada vez más en una seria amenaza a las alternativas del temor.

*John Charney es abogado U. De Chile, LLM London School of Economics.

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Haryanniz
dijo :

del miedo a la esperanza, pero de la esperanza a la desilusión, de la desilusión al hastío, y del hastío al rechazo...

moreno interés en qué?, desestabilizar?, ego muy grande? afanes personales de "gallito "político?

mmm

dudas dudas

Aryanniz

08/05/2009 a las 10:06
fcofre
dijo :

Miedo  =  Sabemos que los politicos chilenos jamás han representado a los chilenos ni a nuestros intereses como pueblo.

.

Esperanza  =  Que los politicos chilenos dejen de representar y someterse a los intereses de las trans nacionales, corporaciones, bancos, mafias,  y comiencen a representar a sus ciudadanos

 

.

¿ peras al olmo ¿  

08/05/2009 a las 10:13
Enrique Meza
dijo :

Aunque diría como primera cosa que la realidad nuestra dista bastante de la  europea o de  la norteamericana, por lo que creo se parece poco o nada.

Esas sociedades del primer mundo operan sobre niveles educacionales y culturales muy distantes a los nuestros.

Así, creo que aquí la gente no vota por miedo, vota más  bien porque le da lo mismo, no está ni ahí, no se interesa por la cosa política.  Vota por el menos malo, según cree.

A la población, masivamente hablando le importan poco o nada los cambios, los mejores valores y esas cosas, creo más bien que la inercia de lo establecido se los come. La inercia sería lo más fuerte, lo que estaría afirmando el continuismo.

De otro modo, no me explico que la mitad del país vote, más menos, por la derecha, y otro  importante porcentaje de la población vote por una Concertación también derechista.

En Chile no hay tal democracia, tampoco real participación de la gente en la toma de decisiones y/o la cosa pública.

Los medios de comunicación son manejados por un puñado de ricos, de modo que tampoco hay tal libertad de expresión, la que existe es  solo marginal, para "hacer el teatro" que existe, para mentir mejor, para validar la mentira nacional.

La gente se encuentra masivamente adormecida por los valores difundidos por los organismos oficiales de esta  dictadura disfrazada de democracia.

Entre ellos, destaco el materialismo excesivo,  el consumismo,  hedonismo, egoísmo, individualismo y tantos otros  símbolos  que representan el sueño de ser millonario. 

Ello,  como lo muestra tan bien la película aquella tan de moda por estos días, "Quiere usted ser millonario", filmada  precisamente en la India, en medio de esa tremenda pobreza, que tan bien se muestra en esa magistral película, que grafica  tan claramente lo que es el mundo de hoy para la gran mayoría de los habitantes del planeta.

Todos muy pobres, soñando con ser millonarios, por cualquier vía, por los más sucios caminos también, según los hipócratas valores que se difunden diariamente por todos los medios, en esta famosa  “ aldea global”.

En ese contexto, lo de Enríquez – Ominami, Navarro, Arrate, Juntos Podemos, es un creciente rechazo al modelo, al sistema que va creciendo  entre aquellos que poco a poco, dentro de las dificultades,  hay gente que va tomando conciencia real del problema.

Que aparte de la gran ausencia de valores, en todo esto, en Chile entre la Alianza de derecha y la Concertación, han ido haciendo, como nunca, más ricos a los ricos y más pobres, no ya a los pobres, sino a la gran mayoría de los chilenos, nivelando hacia  abajo, como dicen.

Habrá que estar atentos para observar el cómo irá evolucionando todo ésto en los próximos meses.

Quienes se mantienen en sus posiciones y quienes negocian sus posiciones, quizás por pequeñas prebendas.

Muchos saludos, Enrique.

 

 

09/05/2009 a las 12:36
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