Chile : Desigualdad, desempleo y corrupción

La ley de transparencia pública puede llegar a
enceguecernos, como una ventana a un mundo irreal, absurdo y muy cruel. Aquella
rendija que se ha abierto hacia el poder nos ha asomado al centro del modelo, a
la fórmula desde la que se estandariza y se legitiman todas las falencias. El
mapa político que aparece, numérico, esquematizado y cifrado, representa y
consolida la más cruda de nuestras verdades cotidianas: las diferencias
sociales, la estrechez política, la anomalía económica que observamos día a día
en las calles y poblaciones están cartografiadas y selladas. Ha quedado
certificado que Chile es un país de desigualdades. Y parece que hasta nos
solazamos con ello.
Al revisar los sueldos y salarios de los altos
ejecutivos del sector privado, los anteriores parecen discretos. Un estudio de
PriceWaterhouseCoopers, citado por El Mercurio, concluyó que las rentas
brutas de las gerencias generales del área telecomunicaciones llegan, en
promedio, a 17 millones mensuales. Un poco más abajo están los gerentes de las
compañías de seguros, con 16 millones, y los de las de isapres y AFP -sí, de
aquellas firmas que se han dedicado a despilfarrar los ahorros de los
trabajadores-, que ganan sobre los 15 millones de pesos mensuales. A esto hay
que sumar los ingresos adicionales por concepto de bonos y asignaciones
entregados como premios a las ganancias corporativas, incentivos obtenidos
muchas veces tras programas de despidos masivos o de recortes salariales. No de
los suyos, sino del de los trabajadores peor pagados.
Estos sueldos no son una anécdota, sino una
expresión de la estructura social y económica de Chile. Es la cúspide de una
gran pirámide de base extendida. Para ello, sólo basta recordar las
estadísticas de Mideplan, que están disponibles para cualquier persona: el 20
por ciento más rico de la población -unos tres millones de personas- obtiene el
62 por ciento de los ingresos y representa más de 18 veces el ingreso promedio
del 20 por ciento más pobre. Una estructura económica, y también social, que nos
ha puesto entre los diez países del mundo con peor distribución de los
ingresos. El vicioso fenómeno no sólo ha sido señalado con insistencia por
Las cifras sobre salarios que hace un tiempo reveló
la encuesta Casen de Mideplan tienen una directa relación con las de pobreza
publicadas por este mismo Ministerio. Una relación nada nueva, y menos
sorprendente: porque la pobreza tiene en Chile como causa principal los
insuficientes ingresos. Pese a establecerse esta conexión que resulta evidente,
hay una serie de áreas opacas, que apuntarían a empeorar las cosas. Lo que el
gobierno logra sondear y traducir en números y estadísticas, refleja una
realidad social y económica mucho más cruda y compleja. Si Mideplan publicó en
2007 que sólo el 13,7 por ciento de los chilenos vivían bajo la línea de la
pobreza, cifra porcentual que correspondería a unos dos millones 200 mil
personas, con otra encuesta confirma que hay un millón de trabajadores con
ingresos iguales o menores que el mínimo. Si tenemos en cuenta que la población
activa la conforman unos 6,5 millones de personas, aproximadamente un 15,3 por
ciento de este grupo está en o bajo el salario mínimo. Hay, sin duda, y en una
primera transparencia, una relación entre el grupo de bajos salarios y el grupo
de pobres que detecta la metodología de Mideplan.
El asunto es qué mide esta metodología. Porque,
¿quién cree que en Chile sólo el 13,7 por ciento es pobre si en Estados Unidos
las estadísticas dicen que más o menos un trece por ciento de la población está
en esa condición? Y lo mismo en
Cuando el presidente de
El gobierno habla de su red de protección social.
Sin embargo, también se jacta de su reducción de la pobreza. Porque quien sale
de la línea estadística de la pobreza ya no puede optar a los subsidios
estatales. Por increíble que parezca, en Chile un trabajador que percibe el
ingreso mínimo de 159 mil pesos -88 veces menor al que recibe Daniel Fernández
y 81 veces más bajo que el de José Pablo Arellano- está muy lejos de poder
optar a esa red de protección social y ha de entrar a competir en las
intrincadas y difíciles redes del mercado. Aproximadamente un 30 por ciento de
los trabajadores chilenos perciben el salario mínimo, en tanto más del 50 por
ciento está bajo la cota de los 250 mil pesos. Con estas cifras, el ingreso
promedio de los trabajadores en Chile está en un rango de 300 mil pesos.
Fernández y Arellano ganan 43 veces más que el promedio de los chilenos.
El primer quintil más pobre no llega al cuatro por
ciento de los ingresos totales, en tanto el quinto quintil, el más rico,
obtiene casi el 60 por ciento, lo que determina la capacidad de consumo en una
sociedad que cada vez más ha puesto todas sus actividades y servicios en el
mercado y el consumo.
Esta abismal brecha en los ingresos ha llevado a
crear una cúpula económica y política que forma aquel quinto quintil, como es
el caso de los empresarios y ejecutivos de empresas públicas y privadas. Un
primer mundo que se alimenta del tercero: como un gran campo de golf en medio
de un descampado.
Un estudio más o menos reciente estableció que los
gerentes de empresas chilenas tienen el más alto nivel de compra comparado con
sus pares latinoamericanos, con un ingreso promedio cercano a los cuatro
millones de pesos. Sin embargo, estos cargos pueden llegar a un promedio
superior a los siete millones mensuales en las empresas grandes y a cifras
cercanas a los quince millones, como hemos citado, para los ejecutivos más
altos de las grandes compañías. Y si este es el salario de los gerentes y
administradores, en los dueños del capital, los directores de empresas, los números
se suman a destajo para superar la imaginación de cualquier trabajador chileno.
Con estos números, con estos beneficios, la defensa a rajatabla por esta elite
del modelo neoliberal queda explicada.
Ante esta abismal brecha entre la opulencia y la
miseria, que es una “vergüenza nacional” amparada por todos los gobiernos de
La idea, planteada hace un tiempo por Baeza Donoso,
no ha sido recogida por la clase dirigente. Sin embargo, ideas similares se han
desarrollado en Estados Unidos tras la debacle financiera y la corrupción
empresarial. El gobierno de Barack Obama ha propuesto regular los sueldos de
los CEO de las grandes empresas. Y tiene razón, no sólo en un sentido ético,
sino también económico. El gran colapso y sus efectos se han relacionado con
prácticas empresariales que buscan el beneficio a toda costa. Y tras de esta
meta, dejan un escenario de quiebras y miseria.
Desempleo, la otra transparencia
Hacia finales de abril,
Son sin duda los meses de invierno los más críticos
para el desempleo. Durante el invierno pasado la cesantía nacional se elevó a
8,4 por ciento. Este año, la tasa debiera llegar a por lo menos 9,6 por ciento.
Sin embargo, la tendencia no es horizontal, sino claramente ascendente, por
tanto es probable que la cesantía nacional se ubique este invierno por sobre el
diez por ciento. Si durante la crisis asiática de finales de la década pasada
el desempleo nacional llegó a 10,1 por ciento, los pronósticos para esta
crisis, que se ha presentado más intensa y profunda, no serán mejores.
Este es el Chile transparentado
(Publicado en “Punto Final”)







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JULY Soy Panameña, Abogada, Solidaria a tu causa. Papito, no es sólo Chile, que hace años atrás, estuvo a punto de alcanzar el desarrollo, es toda AMERICA y los demás países tercer mundistas ,que dependen desgraciadamente del G-7 grupo formado por los Paises desarrollados. Las grandes desigualdades, comenzarón , aquí en América, con las reparticiones territoriales, pues quien más ambición tenía, más tierra encerraba, quien no se dejaba envilecer por la ambición, unicamente cercaba lo necesario. Desde ese entonces, las desigualdades son extraordinariamente salvajes. Las Leyes, confeccionadas por cerdos diputados, que ni expresarse saben, sólo reconocen el jactar, nos hablan de solidaridad, equidad, y nisiquiera ellos conocen la implantación verdadera de la agonía de quien nada tiene y nada espera. EL CONFORMISMO, es otro aspecto, que nos mata;" bueno si tengo para comer , bien tranquilo", como hacemos con ese total de ciudadanos.
Sin embargo, Rodolfo, el que se escriba y se proteste a la vez, es de alto valor humano,es de conciencia, es de solidaridad con el que menos tiene,
Y finalmente, Los Gobernos Estatales, solo Sirven para hacer más cárceles, abrir las puertas de los manicomios, de los hospitales y comprar mas terreno para agrandar el cementerio.
CHAO PAPITO JULY es mi nombre