Vinicio Contreras B.

Suicidio en el Metro de Santiago

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Alberto  es guardia de seguridad,   trabaja para el Metro de Santiago, en una de las muchas empresas externas,    su labor estresante y agotadora es la lucha incesante contra la evasión en el pago de la tarifa.  Diariamente debe enfrentar los reclamos y los insultos de mucha gente que transita por la  estación en la cual está asignado,  gente que no quiere pagar su pasaje,  gente que se siente superior a él,  por que no usan  un uniforme,  gente que cree que su función es servirles en cuanta idiotez se les ocurra. Por que en Chile nos hemos vuelto así,  sinvergüenzas,  majaderos,  desconsiderados.

Esa mañana,  a las 08:10,  su equipo de radio,  se vuelve frenético.  Los comunicados se suceden vertiginosos,  se atropellan las voces,  una de las peores claves radiales se ha escuchado varias veces.  La palabra secreta;   designa un evento desgraciado ocurrido a solo metros de donde él se encuentra.  Un hombre mayor,  ha decidido terminar con su vida,  con incomprensible sangre fría,  una persona como cualquiera,   ha saltado contra el segundo carro del tren.  Su cuerpo chocó estrepitosamente contra el vagón en marcha,  fue arrojado contra el otro carro y cayó finalmente en medio de las vías metálicas,  quedando cubierto por la pesada máquina.

La rutina ha desaparecido súbitamente,  Alberto y sus compañeros ya saben que hacer,  y lo hacen.  La experiencia y el entrenamiento,  les permite reaccionar en forma rápida y ordenada.  Sin perdida de tiempo,  todos los funcionarios asumen un rol activo en la emergencia.  Alberto coordina el cierre del acceso para que no entre mas público,  las cajeras  de la boletería,  empiezan a devolver tickets a los clientes,  los demás están guiando al público hacia la salida,  las señoras del aseo se dirigen al andén con los elementos necesarios para el rescate de la victima.  Todo esto sin que existiera una orden de por medio.

La evacuación ha comenzado,  esta debe ser  expedita,  el andén repleto de gente a esa hora,  debe ser despejado totalmente,  para permitir las maniobras de rescate,  siempre hay esperanza de que el infortunado esté vivo.  Además el servicio interrumpido en ese tramo afectará a  tres estaciones mas,  que están al final del recorrido.  Hay miles de personas que necesitan el metro,  de eso están consientes los empleados,  y saben que deben cumplir con un procedimiento establecido,  para reponer el servicio a la mayor brevedad.

En el andén;  el jefe de estación,  los supervisores de servicios y Alberto que en los últimos minutos parece haberse multiplicado,  se encargan del procedimiento, mientras llega el personal de rescate y Carabineros. Estas personas por su grado de responsabilidad y la naturaleza de sus funciones,   son los designados para enfrentar la  cara más amarga e impactante del evento.

En el resto de la estación,  los funcionarios,  agilizan la salida del público,  devuelven boletos,  ayudan a discapacitados,  ancianos y  embarazadas a salir del lugar. Con autoridad y calma vacían rápidamente el recinto,  incluso se las ingenian para evitar que los morbosos de siempre se entretengan tomando fotografías del cuerpo que yace abajo entre los rieles.

En treinta minutos,  la estación está despejada,  el suicida también fue trasladado.  La información necesaria en estos casos,  también fue recavada por Alberto y sus compañeros. Antes de cincuenta minutos,  la estación reabre sus puertas y el servicio opera normalmente. 

La crisis ya pasó,  ahora supervisores y jefes,  tienen otra función que no es menos urgente,  evaluar a sus empleados;  asegurarse de que están bien y que pueden manejar el estrés de la situación,   por que no todos pueden.  Sobre todo aquellos que fueron testigos presénciales.

Una avalancha humana,  se desliza al interior,  casi todos preguntan ¿que pasó?,   ¿por que estaba cerrada la estación?,  Alberto con su afabilidad de siempre les responde,  que fue un corte de luz,  el que los dejó sin servicio.

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Doris
dijo :

...  a pesar de la muerte y su misterio incomprensible.

   ¿  Habrá alguien que se pregunte en silencio , qué será de la  desesperación de aquel hombre y su impulso  ?

   ¿  En qué momento la vida deja de ser ese bién tan preciado  ?

   ¿  Habrá muerto nuestra capacidad de asombro junto a este hombre  ?

   mis cariños a tí y tus visiones

24/05/2009 a las 15:48
Daniel Tapia Lehmann
dijo :

no es más que otro héroe urbano que recibe un sueldo por sus labores, por mantener las cosas funcionando para la empresa y para el público y para que la vida continúe, pero no el reconocimiento de la gente que no tiene tiempo ni las ganas de reflexionar sobre su trabajo.

Buen relato, saludos!

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Prensa Libre!

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25/05/2009 a las 12:44
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