El reciente dictamen
Nº 001483 de
La ‘entrega voluntaria' es la
declaración en la cual un vecino que pide a las autoridades sanitarias
municipales que apliquen eutanasia o hagan dormir a su mascota, eximen de
responsabilidad, por la muerte de la mascota, a esas mismas autoridades. Aunque
los alcaldes han defendido lo que consideran su derecho a determinar la muerte
de los perros abandonados, esta en realidad es una atribución exclusiva de la
autoridad sanitaria regional. Y el seremi de Salud puede decretar la aplicación
de eutanasia a un perro sólo si después de diez días de observación ha
presentado síntomas de rabia.
La historia del dictamen empezó el 25 de noviembre de 2008 cuando las aguerridas
animalistas Aída Rerequeo y Luz María H. -de Amigos de los Animales la
primera, de
Llegadas al lugar, lograron fotografiar en el contenedor en el patio del
departamento los cadáveres de diez perros. Según los funcionarios -cuyas versiones serían corroboradas
independientemente- la camioneta de la clínica salía todos los días a recoger
perros vagos, los que eran posteriormente sacrificados en la clínica pese a
estar fundamentalmente sanos. En esos días previos al inicio de la
temporada estival en el balneario, dijeron los funcionarios, se habían
intensificado las capturas y estaban contando un promedio de diez ejecuciones
por día. En esa ocasión -y es la razón por la que se comunicaron con Aída-, no
soportaron ver los cadáveres de cinco cachorros que habían llegado sanos ese
mismo día en la mañana.
Al día siguiente se reunieron frente a la municipalidad de Viña del Mar varias
decenas de personas a protestar contra las matanzas ilegales. En realidad, los
vecinos y padrinos protestan desde hace años que llegado el verano, los perros
de la calle empiezan a desaparecer misteriosamente. Se oyen todavía a menudo
quejas de que la veterinaria del canil, Claudia Bilbao, recoge a perros vagos y
los mata, pese a estar sanos y no tener ella atribuciones para determinar sobre
la vida o muerte de los perros abandonados. Cuando se menciona su nombre, todo el mundo recuerda la historia de la
matanza de perros en la que participó para sacarles el corazón que necesitaba
para un experimento científico.
Durante la manifestación la alcaldesa de Viña del Mar, Virginia Regginato,
pidió a portavoces de los manifestantes -Aída y otros- que se reuniesen con
ella al día siguiente. En los comentarios que se oyeron luego, se dijo que la
alcaldesa había prometido no volver a aplicar la eutanasia a perros callejeros,
aunque afirmó igualmente que los perros
encontrados en el contenedor habían muerto por varias razones médicas
diferentes, siendo algunos de ellos perros recogidos en el marco de convenios
con vecinos que firman la declaración de entrega voluntaria.
El caso provocó incluso duros enfrentamientos en círculos animalistas, optando
algunos por ignorar el asunto tras pensar que no había pruebas. Sin embargo, se ha convertido en una de las pocas
acciones que, pese a no ser haber sido una causa comentada en la prensa, han
alcanzado tal grado de efectividad.
Las activistas animalistas presentaron una queja
a la contraloría regional el 11 de diciembre de 2008. Se esperaba una
resolución para abril, como efectivamente ocurrió.
Al principio, aparentemente, el dictamen
desmiente a Aída Rerequeo cuando dice que "no es efectivo lo afirmado en
la especie" (de que la municipalidad estaba eliminando a perros vagos).
En cuanto a los perros vagos, dice el
dictamen que, según la municipalidad, sólo se aplica eutanasia "a petición
escrita y firmada por el dueño, la que deberá estar fundada en accidente o
enfermedad incurable y previa verificación por un profesional funcionario,
ajustándose a un protocolo escrito".
El municipio, prosigue el dictamen, "[...] sólo aplicó dos eutanasias a
solicitud de sus respectivos propietarios en esa oportunidad, dando
cumplimiento a los protocolos exigidos por el municipio". La
municipalidad dice que los cachorros encontrados en el contenedor habían muerto
"de forma natural".
Según este dictamen, "la potestad
de retirar perros vagos de la vía pública y eliminarlos, incluidos los casos en
que los dueños de la especie canina entregan sus mascotas para esos efectos,
corresponde [...] a la autoridad sanitaria, pero sólo cuando detecte un caso de
rabia o las condiciones epidemiológicas para que se produzca un brote de la
enfermedad".
Entre las atribuciones de los
municipios, prosigue el dictamen, no se cuenta la de eliminar perros de la
calle.
Por todo ello, concluye la contraloría, la
municipalidad "se ha excedido en el ejercicio de sus atribuciones al haber
ejecutado dos eutanasias, toda vez que, aún bajo el argumento de responder a
autorizaciones concedidas por los dueños, no existe una normativa legal que la
habilite para actuar en tal sentido".
La contraloría llama finalmente a municipalidad a abstenerse de "realizar
acciones que contravengan las disposiciones legales y reglamentarias que
regulan la materia", dejando en
manos de la municipalidad la decisión de "ordenar la instrucción de un
proceso sumarial, para perseguir la eventual responsabilidad administrativa de
los funcionarios involucrados en el hecho descrito".
Para la alcaldesa, este dictamen debe de ser un sólido tirón de orejas. La
legalidad de la ‘entrega voluntaria' ha sido un tema frecuente en comentarios
de animalistas. En mi opinión, es un
documento de legalidad imaginaria, toda vez que no aparece descrita en ninguna
parte, ni siquiera en una ordenanza. A esta figura de derecho zombi se
aferran las municipalidades renegadas -las que insisten en mantener la
eutanasia forzada de mascotas abandonadas como solución a una igualmente
imaginaria sobrepoblación canina y como el último atributo de su poder.
Según el dictamen, el hecho de que los
presuntos dueños de los perros hayan solicitado su eliminación, por la razón
que fuere (y, por lo demás, motivo que en el dictamen ni siquiera se menciona),
no le quita gravedad ni justifica la ejecución de hechos tenidos claramente por
ilegales, que es la aplicación de la eutanasia sin la intervención ni
determinación previa de las autoridades sanitarias, que, insiste la
contralora, son las únicas que pueden determinar su aplicación.
Ni siquiera los dueños pueden decidir
la aplicación de la eutanasia a sus mascotas. Esta es una atribución exclusiva
de la autoridad sanitaria: "[...] aún bajo el argumento de
responder a autorizaciones concedidas por los dueños, no existe una normativa
legal que la habilite para actuar en tal sentido".
Al aplicar la eutanasia por pedido de sus dueños, las autoridades municipales
cometieron un delito de maltrato animal, sancionado por el Código Penal, si se interpreta, como es cada vez más el caso,
que el maltrato también incluye la terminación médicamente injustificada de
animales de otro modo sanos. (Según este dictamen las autoridades
sanitarias pueden determinar el sacrificio de una mascota no sólo en caso de
rabia, sino además igualmente en casos de enfermedades incurables o
accidentes).
Ahora la municipalidad debería iniciar un sumario interno para determinar responsabilidades y sanciones, lo
que imagino que es, dada la historia de este conflicto, muy dudoso que ocurra.
En Viña del Mar se rumorea que las
declaraciones de entrega voluntaria las firma cualquiera, debido a que, no
existiendo ningún registro canino, la noción de propiedad de una mascota
es francamente más una metáfora que otra cosa. Casi nadie podría ‘probar' que
es dueño de una mascota. No existe un
certificado de propiedad de mascotas ni un protocolo para su obtención.
Cualquiera puede firmar una declaración semejante, que no te vincula con nada
ni implica consecuencia alguna. Ese papel no vale nada.
Yo iría todavía más lejos. Emitir una declaración de entrega voluntaria podría
ser considerado un delito, si se utilizan timbres y sellos y papeles oficiales
para dar aspecto de legitimidad a algo que es un invento enfermizo. Podría ser
incluso falsificación de instrumento
público y hasta asociación
ilícita, toda vez que esa gente hace todas esas cosas (recorrer la
ciudad en camioneta reconociendo y recogiendo a perros vagos para llevarlos a
la clínica) con el propósito explícito
de cometer un delito (matar perros sanos, pero callejeros, eludiendo a
la autoridad sanitaria).
A partir del 8 de abril de este año,
nunca más podrán las municipalidades sacrificar a perros por la simple petición
de un vecino, se trate de un perro vago o del suyo propio. La figura
legal que amparaba la práctica no existe. Esa declaración no exime de
responsabilidad a las autoridades municipales. Ahora no tendrán ninguna excusa
ni para recoger perros de la calle -como no sea para su esterilización o tratamiento
en caso de enfermedad- ni para someterlos a eutanasia sin la intervención de la
autoridad sanitaria y según protocolos estrictos. En otras palabras, cualquiera
de nosotros podrá demandar al alcalde responsable de situaciones ilegales,
blandiendo el espectro de una inhabilitación cada vez más real.
Con esta decisión se impone orden en un área bastante turbia. Se convertirá en
una herramienta valiosísima para la defensa de las mascotas, las abandonadas y
otras, y permitirá que los crímenes que se cometen contra ellas no queden
siempre impunes. La decisión sobre la vida o la muerte de la mascota dejará de
ser una decisión que puedan tomar los dueños u otros vecinos. Toda muerte deberá ser autorizada por la
autoridad sanitaria, que sólo la puede decretar por razones médicas. Es
lo que venían exigiendo los animalistas desde hace un buen tiempo. Y es un gran
día para la causa de los derechos animales.
[mérici]



















Amado, respecto a animales abandonados
¡Hola Amado…!
Interesante artículo y felicitaciones por poner el tema en el tapete…
Creo que aún falta una definición clara de qué se entiende por mascota… los perros abandonados… mal podríamos llamarlos mascotas… porque dejaron de serlo desde el mismo momento en que fueron abandonadas… siguen siendo animales… siguen siendo perros… aunque sin su calidad de mascotas… hasta que “otro (a)” se haga responsable de ella… Y éste es el meollo del asunto… la responsabilidad o irresponsabilidad de quienes impunemente abandonan animales en los espacios públicos generándoles complicaciones, riesgos innecesarios y muchas veces enormes perjuicios económicos a aquellos que voluntaria u obligadamente se hacen cargo de los abandonados…
Creo firmemente, como lo expresara con fuerza en mi artículo “Irresponsable mascotismo”, que como sociedad debemos responsabilizar y perseguir a aquellos que por su irresponsabilidad abandonan animales… Porque si no seguirán algunos, en particular las municipalidades, pagando las cuentas ajenas… De hecho, no existiría el problema de los animales abandonados… si no hubiera abandonadores de ellos… como tampoco existirían microbasurales si no existieran los cochinos que ensucian por doquier…
¡De una vez por todas responsabilicemos a quienes corresponda…! La situación de albergues, asilos, caniles y otros se hace cada vez más insostenible por los elevados costos que conllevan… Hay que abandonar la práctica de tener mascotas por moda o por un inicial bienintencionado afán de protección que después termina en abandono… La eutanasia de ninguna manera es la solución… Y en el modelo de La Pintana, preferimos la esterilización masiva y a bajos costos para reducir la población no deseada… Y categóricamente afirmo que NO es responsabilidad municipal hacerse cargo de animales abandonados y definitivamente no lo vamos a hacer porque no tenemos por qué asumir responsabilidades que no nos competen ni pagar las cuentas de los irresponsables…
Saludos,
Manuel
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La locura, es hacer siempre las mismas cosas... esperando un resultado diferente.
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