
Conocí varias plazas de toros;
las de América, Lima,
Bogotá, Cali, Quito. Como me emocionaba, el paseillo,
perfectamente reglamentado, con
su hermoso cortejo, de varios
personajes, en los que
destacan, matadores, rejoneadores,
banderilleros y otros más; que
varían según la plaza en la que uno se encuentre.
Todo huele a tradición, hasta
la
música de la banda.
Ya frente a la tribuna principal,
la venia del cortejo y el pañuelo del presidente,
autoriza el inicio de la faena.
El primer tercio comienza:
sale el bravío animal sus patas en la arena,
la cornamenta al sol. Frente
a él, el invencible
rejoneador o picador, montado en su caballo, en su noble
y disciplinado caballo. El
castigo empieza y el toro muestra de que está hecho. Con furia arremete contra
el jaco, que vendado un ojo, no ve todo lo que está pasando.

El segundo tercio;
es la hora de los colores, de
la destreza y el valor. El
banderillero se toma la arena, en
sus manos los pares de banderillas de colores,
vuelan precisas, enérgicas
y certeras, sobre el lomo. El cuerpo
esbelto del peón de brega y
sus movimientos elegantes, causan
emocionados movimientos entre el público.
El tercer tercio.
Es la hora de la verdad, ahora
el toro pagará con su sangre, pero
no la donará, la venderá
caro. Con sus astas asesinas, envestirá una y otra vez
al matador,
buscando dañarlo, derribarlo.
El hermoso traje de luces, se impondrá como
casi siempre pasa, el animal
brutal será vencido por la maestría y el arte del matador. Quién
logrará ponerlo en posición; es
decir con las escapulas abiertas para que el acero, no choque con algún hueso.
Luego el toro será rematado por otro personaje,
que se sirve del verduguillo,
puñal especial para esta tarea.
Al final,
Y esa es básicamente una corrida de toros.

Casi se me olvida mencionar,
la mirada aterrada del toro, después
de ser perforado por la lanza del rejoneador,
sin olvidarnos que en el chiquero,
como le llaman en algunos lugares al calabozo en donde el toro espera su
muerte, también se le pica
con una lanza desde el techo.
Las hermosas banderillas,
tienen puntas como de arpón, y
se clavan desgarrando su carne y con el movimiento del animal,
el peso de estas causan más dolor.
La precisión del matador a veces no es tal, y las estocadas no son certeras. No matan a la primera, solo revientan algunos órganos
internos, que salen en
pedazos junto con grandes cantidades de sangre,
por el hocico del animal. Pero
el toro sigue de pie, listo
para otra espada en su cuerpo.
En fin ya no me gustan las corridas de toros, cuando miro los ojos de mi perro
Donatello, ya no lo puedo
entender.




















que cosa brutal
como se le puede decir deporte a esto, si es una matanza de un animal cualquiera, es como perseguir a una vaca y perseguirla para clavarle lanzas, iuuuf que horrible, que horrible cosa, y la gente que va y aplaude esto será feliz claro, lo será si lo harian con un perro de ellos? o de un familiar, o conocido? o nada.
aaa somos animales peores de lo que pensamos
tengo rabia
chausss