
¿Qué
clase de soberbia podría llevarnos a afirmar que lo sabemos todo? Moramos en
una isla de conocimiento que se agranda, pero cada vez que crece se agranda
también la orilla de lo desconocido en el Mar del Misterio. Hombres como
Leonardo nunca más serán posibles, a no ser que se alargue la vida humana unas
diez veces. Por ahora, una sola vida no alcanzará para contener todo el saber
logrado en todas las disciplinas humanas. Caminamos en el misterio, rodeados de
misterios. Si conocemos el funcionamiento del motor de nuestros automóviles es
muy probable que no conozcamos cómo se hace una cirugía, o como funciona
nuestro refrigerador.
Los misterios de la naturaleza se
han multiplicado por millones desde que dejamos de vivir en las esferas
concéntricas que rodeaban un universo con
Lo que sí podemos afirmar, sin temor
a equivocarnos, es que ya no tendremos a hombres de verdadero genio dedicados a
descifrar el mundo a través de la mal llamada revelación. Cierto es que no
podemos negar la experiencia interna de muchas personas que es llamada
misticismo, cierto es que hasta podemos dar pie a que de tarde en tarde y de
vez en cuando, se produzca algo así como un prodigio o un milagro. Lo que no
podemos aceptar de seguro, es que instituciones oportunistas que llevan más de
dos mil año viviendo del temor, la culpa y el dolor humano tengan alguna base
en este infinito improbable, pero posible. Hace tiempo que se revelaron como
simples grupos humanos que defienden intereses más bien mezquinos. Tampoco
podemos aceptar que este temor a consecuencias impredecibles tras la muerte o
en la vida misma sea la única forma de fundamentar una moral.
No. Nosotros estamos destinados a
descubrir el mundo con nuestra propia inteligencia. Una vez que dejemos atrás
las muletas de la fe podremos correr por el camino de lo desconocido
descubriendo cada vez más y más cosas. Podemos crear un buen vivir si buscamos
simplemente el bien común sin ninguna necesidad de renunciar al bien propio,
antes mucho más bien aumentando nuestro propio bien gracias al bien común. No
necesitamos sino nuestro correcto y natural conocimiento de lo que es bueno y
de una buena voluntad. Atrás quedaron los tiempos en que sólo pudimos obedecer
ante el temor de la ira de Yavéh.
Podemos caminar seguros en medio del
asombro y no tenemos más que temer que alguna cosa que teníamos por cierta
aparezca de pronto como evidentemente falsa, y nadie se ha muerto nunca por
ello, aunque sí muchos fueron asesinados por instituciones que hoy carecen de
ese poder.



















El "Sólo sé que nada sé" , Arturo, aún es válido... :)
Ya los griegos hace más de dos mil años habían descubierto que no sólo individualmente sino como especie no teníamos la menor posibilidad de responder a tantas como infinitas interrogantes... :)
-----------------
Saludos amistosos, Katina