El
mayor ladrón de la historia de Chile. Bajo su protección, la derecha saqueó el
patrimonio nacional y se
enriquecieron
La
privatización de la economía constituyó uno de los procesos más oscuros de la
dictadura, sin Congreso Nacional ni fiscalización alguna, con falta de
independencia de
La primera (1973-75) comenzó con la devolución de fundos y empresas ocupadas
por los campesinos y obreros o intervenidos y requisados por el gobierno
popular para impedir la paralización y el boicot de sus dueños, en su campaña
por derrocar a Allende. En esta fase, se restituyeron 258 empresas antes de
diciembre de 1973 y se privatizaron otras 350. En esta etapa se pagaron también
cuantiosas indemnizaciones a los consorcios norteamericanos, a los cuales se
les había expropiado (gran minería del cobre, ITT y otras). Las indemnizaciones
alcanzaron a 1.315,2 millones de dólares (moneda de 1988) desde
Bajo la
conducción de
La Empresa Nacional de Minería empleó procedimientos similares a los definidos
por Corfo. Las ventas comprendieron pequeñas y medianas empresas de explotación
y procesamiento de minerales. Sólo conservó un porcentaje de la planta de
procesamiento (fundición y refinería de cobre) de Las Ventanas, con lo que la
mencionada empresa nacional volvió a constituirse en un poder de compra sin
operaciones de explotación directa.
La Corporación de
Con este
desmantelamiento de los activos públicos, la dictadura se propuso que el Estado
no interfiriera en las actividades económicas a no ser que se considerara
necesario desde el punto de vista estratégico. Sobre esta base, la
privatización de la economía derivó, por sobre todas las cosas, en la
centralización del poder económico de ciertos grupos y en el consiguiente
oligopolio de algunas industrias. Más que en la extensión y expansión del
sector empresarial, esta centralización del poder económico se tradujo en el
desplazamiento de sectores pequeños y de medianos empresarios. Las operaciones
de transferencia se hicieron con sigilo, sin fiscalización pública y en un
ambiente de irregularidades, algunas de las cuales salieron a la luz pública.
Al revés de la expropiación de las empresas de la gran minería por el gobierno
de Allende, que se hizo al valor libros, con la crítica de la derecha, ahora
ella vendió las empresas públicas por lo general por debajo de dicho valor.
extensión
y acentuación extrema del proceso centralizador y concentrador de la economía
aparece demostrada por la evidencia del control sobre sociedades anónimas y
demás empresas. El simple cruzamiento de información de las empresas licitadas
con las empresas controladas por los principales grupos, sugiere que el
desmantelamiento del Estado, la privatización de la economía y la acentuación
extraordinaria del poder oligopólico son facetas de un mismo proceso. Las
interrelaciones entre estas tres facetas se convirtieron, a partir de entonces,
en elementos centrales de todo análisis de la economía nacional.(2)
NUEVAS
ENAJENACIONES
La segunda etapa (1975-1982) comprende el lapso entre la recesión del primero
de estos años y la crisis del segundo, período en el cual
Las privatizaciones continuaron extendiéndose hasta abarcar diversos sectores
de la vida económica y social. La legislación minera, la reorganización de las
municipalidades, la modificación de los sistemas de educación, de salud, de
previsión social y el plan laboral abrieron paso a la más generalizada
privatización de la sociedad.(3)
La crisis
de 1982 paralizó este proceso de enajenación total, en medio de la bancarrota
de algunos de los más voraces grupos económicos, que más habían aprovechado el
remate o liquidación de este pequeño país.
La tercera etapa (1983-1985) comprende los reacomodos al interior de la clase
dominante, remecida por la crisis de 1982. Como señala Gustavo Marín, durante
esta crisis se sucedieron hechos de tanta importancia como la intervención
estatal en el sistema financiero, el derrumbe de los más destacados grupos
económicos, la oposición de algunos empresarios a las políticas impuestas por
la dictadura, el desplazamiento transitorio de los Chicago boys del gabinete,
la devaluación de la moneda nacional, el ingreso de un hombre del grupo de
Javier Vial, Rolf Lüders, como biministro de Hacienda y Economía -y luego la
prisión de ambos por sus “irregularidades”- la constitución de
a) combinación de nueva estatización y posterior privatización de las actividades
económicas, intervención del sistema financiero quebrado por su endeudamiento,
estatización de la deuda externa privada, mediante el aval del Estado, al
proceder a su negociación, administración de bancos y empresas; b) nueva
privatización y transnacionalización del sistema financiero cambiando los
bancos de dueños, con incorporación de inversionistas extranjeros y, c)
privatización de las fuentes externas e internas de ahorro e inversión.
LAS PRESAS
MAYORES
La cuarta etapa (1985-1989) marca la reanudación de las privatizaciones y la
conversión de deudas en enajenación de activos nacionales, de acuerdo a
“recomendaciones” del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el
Comité de Bancos Acreedores, trayendo consigo una mayor desnacionalización económica
y política. Superado el lapso de administración de la crisis de 1982 y resuelto
el conflicto al interior de las clases dominantes, los neoliberales volvieron a
tomar el control de la política económica y se realizó el último reparto del
botín de guerra entre los grupos existentes y nuevos grupos emergentes en el
interior del gobierno. En esta cuarta etapa, según Gustavo Marín, se emplearon
diversos mecanismos:
1. La privatización del área denominada por los técnicos de la dictadura como
“rara”. Las empresas productivas, servicios y bancos mantenidos en esta área
después de la crisis en referencia fueron reprivatizados a partir de
) Grandes
empresas industriales (Copec y sus filiales, CCU y sus filiales, Inforsa,
Indus, CTI, Compañía General de Electricidad Industrial, etc.) Ellas pasaron a
manos de grupos económicos locales, que habían sobrevivido a la crisis, y de
consorcios transnacionales a través de la asociación del grupo Angelini con el
grupo neozelandés Carter Holt Harvey (Copec); de la asociación del grupo Luksic
son el consorcio cervecero alemán Paulaner (CCU) y de la asociación del grupo
Matte con Fletcher Challenger de Nueva Zelandia (en el sector de la celulosa y
el papel) optando el primero por controlar Inforsa. Otros consorcios
transnacionales controlaron, sin asociación, importantes empresas como Hucke,
MacKay, Nestlé, Victric Vidrios y Aluminios Lirquén, etc.
b) Las principales sociedades de servicios, como las AFP y las compañías de
seguros de vida fueron controladas por consorcios financieros norteamericanos,
como Bankers Trust, Aetna y American International Group.
Las
grandes instituciones de crédito como el Banco de Chile y el Banco de Santiago,
intervenidos en 1983, fueron a su vez reprivatizados, diseminándose su
propiedad.
2. La privatización de grandes empresas públicas. En 1985 se privatizaron
3. Las privatizaciones posteriores al plebiscito de 1988. Los mecanismos
utilizados para el traspaso fueron, en general, los mismos que se aplicaron
anteriormente, aunque en algunos casos se disfrazaron con la modalidad de
“capitalismo popular”, con la cual se privatizaron algunas empresas energéticas
en las regiones u otras en que participó personal de las Fuerzas Armadas, como
a) al 30 de septiembre de 1988, trece de ellas estaban totalmente enajenadas,
ocho se en) después del plebiscito de octubre de 1988 se completó la
privatización de las ocho parcialmente enajenadas y se privatizaron otras tres
(Chile Films, Sociedad Chilena del Libro y Edelnor);
c) en agosto de 1989, cuando se le acababa el tiempo a la dictadura, 24 de
aquellas empresas se habían traspasado al sector privado. Respecto a las otras
empresas fueron desmanteladas, como Ferrocarriles del Estado -privatizada por
partes (carga)- y otras que los asaltantes del poder no alcanzaron a vender,
como Codelco o el Banco del Estado. Sin embargo, metieron mano en sus recursos
financieros para favorecer a grupos y personas del régimen, tanto en aquéllas
como Enap, Correos, TVN y las que dependen del Ministerio de Defensa.contraban
parcialmente privatizadas y ocho comenzaban su privatización;
EL SAQUEO
DEFINITIVO
María Olivia Monckeberg investigó un grupo de las últimas empresas privatizadas
y tuvo el valor de desenmascarar esta operación en su libro El saqueo de los
grupos económicos al Estado chileno. Ella expresa: “El último gabinete de
Pinochet que asumió a fines de octubre de ese histórico año 1988, después del
triunfo del ‘No’ en el plebiscito, tuvo un carácter marcadamente economicista.
Junto a Hernán Büchi, como jefe del equipo económico, a Sergio Melnick en
Odeplan y a Juan Antonio Guzmán en Educación, se sumaron otros hombres de la
alianza Chicago-militares como Carlos Cáceres en Interior, Pablo Barahona en
Economía y Hernán Felipe Errázuriz en Relaciones Exteriores. El objetivo
estratégico de ese equipo estaba a la vista: asegurar la proyección de la ‘obra
del régimen’. Trasladar las empresas a manos de quienes habían detentado el
poder en esos años fue su norte. Y para eso aplicaron el acelerador a
fondo”.(4)
Este último gabinete del “padrino” completó el programa de privatizaciones
iniciado en la década anterior, aunque no alcanzó a extenderlo a otras presas
mayores, como Codelco, Empresa Nacional de Petróleo, Banco del Estado y TVN.
Por lo general, el control definitivo de las empresas privatizadas lo
obtuvieron los mismos ejecutivos nombrados por la dictadura, mediante
“sociedades de papel” como Pampa Calichera, en Soquimich y las Chispitas 1 y 2,
de Chilectra. Para impedir la oposición de los sindicatos, se les vendió a los
trabajadores de cada empresa una pequeña cantidad de acciones, operación
calificada de “capitalismo popular”. Extraña paradoja: las empresas públicas
las compraron, por lo general, los mismos vendedores.
Como en el caso de Cap,
SUMA Y
SIGUE
La Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel) fue fundada por
ENRIQUECIMIENTOS
INEXPLICABLES
En todas estas privatizaciones, como lo prueba María Olivia Monckeberg, se
enriquecieron conjuntamente con el “gran dictador” los ministros y altos
ejecutivos, civiles y militares, y los “compradores”. Entre los ministros que
se proyectaron al mundo de los negocios a través de las privatizaciones
destacan Jorge Cauas, Sergio de Castro, Pablo Barahona, Hernán Büchi, Carlos
Cáceres, Juan Antonio Guzmán, José Piñera, Miguel Angel Poduje, Sergio Melnick,
Máximo Silva Bafaluy, Alvaro Donoso, Luis Larraín y otros. No menciono a los generales
que se quedaron en los directorio de las empresas privatizadas.
Entre los que aprovecharon la “piñata” no puede olvidarse a Bruno Phillippi,
Juan Hurtado Vicuña, Julio Ponce Lerou, el yernísimo del dictador seguramente
casado bajo el régimen de sociedad conyugal, Alvaro Saieh, José Yuraszeck,
Patricio Contesse, Guillermo Arthur, Carlos Alberto Délano, el inefable Alvaro
Bardón y otros. Para penetrar en esa “corte de los milagros” hay que leer el
libro citado.
Estos privatizadores convirtieron además en negocios rentables los servicios de
utilidad pública como la electricidad, el gas, el agua potable, los teléfonos,
los bancos y financieras que se han multiplicado y fusionado, que logrando
grandes utilidades alimentan la ilusión de la inmensa mayoría de la población
que compra toda clase de productos superfluos y de fantasía, perdidos
posteriormente en embargos y remates. Es la vida al “fiado”, con deudas que
nunca se terminan de pagar y llenan las páginas de Dicom. No sólo eso. Los
nuevos “inversionistas” controlan también la educación con la proliferación de
las escuelas de enseñanza básica y media subvencionadas. Fundaron una
cincuentena de universidades y centenares de centros e institutos superiores,
que se compran y se venden en el mercado financiero.
Igual cosa
sucede con la salud, con la multiplicación y concentración de las Isapres,
seguros médicos, clínicas y hospitales, laboratorios, farmacias y cementerios,
es decir, controlan a los chilenos desde que nacen hasta que mueren. Lo peor de
todo, suprimieron la previsión social financiada con aportes de los empleadores
y los trabajadores, para establecer el ahorro obligatorio de estos últimos,
liberando a los patrones o empresarios de aportes al fondo de jubilación, pero
monopolizando la administración de estos fondos en sus manos, a través de las
AFP. Los ahorrantes pueden perder con las inversiones de sus fondos, pero las
AFP, en cuanto instituciones privadas, siempre ganan, tanto en la colocación de
sus acciones que sus administradores eligen libremente, como en las comisiones
que cobran.
Estos nuevos dueños de Chile obtienen ingresos siderales, que rompen todas las
tablas para contar y medir la distribución del ingreso. No habría que
agruparlos en el 10% más rico, sino quizás en el 1% (o menos) y se tendría un
ingreso asimilable a los jeques petroleros de Arabia, tanto por participación
en las utilidades de sus empresas como por las dietas, indemnizaciones y otras
regalías que perciben en los directorios en que participan, tanto ellos como sus
familiares, mientras a sus trabajadores les pagan salarios mensuales
equivalentes al valor de los puros que fuman gratuitamente en las sesiones de
directorio. Este “éxito” económico no es sólo el producto del conocimiento y el
talento, que no se podría negar, sino que influye decisivamente a lo menos en
su origen, el “valor agregado” del golpe militar y la dictadura.
En
realidad, ninguno de los hombres decisivos en las privatizaciones, de los
ejecutivos y “consultores”, tenía una fortuna significativa, comenzando por
Pinochet, Ponce Lerou, Büchi, Cáceres, Saieh, Piñera y otros cabecillas del
saqueo al Estado, pero ahora son multimillonarios. Alguna vez se dijo que el
camino más corto para hacerse rico era la lotería, pero ahora resultó que,
durante la dictadura, fue la privatización de las empresas públicas, la mayoría
de las cuales se han transnacionalizado posteriormente. Los privatizadores han
vendido todo o parte de su botín a los inversores extranjeros. El caso más
escandaloso es el de Yuraszeck que vendió a Endesa España en 500 millones de
dólares las “Chispitas” y ahora ha invertido en otras empresas
DONDE ESTA
Entre las múltiples irregularidades en estos negocios, cabe mencionar la multa
aplicada por
Aparte de
los enriquecimientos inexplicables de los hombres de la dictadura, tampoco se
sabe en qué se invirtieron los recursos obtenidos de la enajenación de las
empresas y servicios públicos, aparte del gasto corriente del Estado, si se
tiene en cuenta el enorme endeudamiento público en que se incurrió durante los
16 años de gobierno dictatorial. En efecto, al término de la dictadura la deuda
externa pública era de 9.600 millones de dólares. ¿Cuánto percibió la dictadura
por las privatizaciones? Este es un balance que tampoco se conoce, pero sí se
sabe que se disminuyeron los impuestos a las grandes empresas, a tal punto que
en los 10 últimos años se han recuperado por ley más de diez mil millones de
dólares anuales, sin que hasta ahora se haya corregido la disminución de los
impuestos a las grandes herencias. De esta corrupción es de la que hay que
hablar.
¡Piense en grande!
No se distraiga con los pequeños roedores de las “coimas”, sino que concentre
su atención en los grandes dinosaurios de la derecha, que se tragaron la
riqueza de todos los chilenos. Fue la “grande de la derecha”. Con Lavín esperan
la privatización de Codelco, Enap, BancoEstado, Televisión Nacional y otras
presas menores, si no se las entrega antes
BELARMINO
ELGUETA BECKER



















Habría que destacar la "honradez" del Sr Piñera , otra vez ! !.
del artículo, dice: "En realidad, ninguno de los hombres decisivos en las privatizaciones, de los ejecutivos y “consultores”, tenía una fortuna significativa, comenzando por Pinochet, Ponce Lerou, Büchi, Cáceres, Saieh, Piñera y otros cabecillas del saqueo al Estado, pero ahora son multimillonarios."