Sucedaneos
Tenía nada más que un par de horas para dormir, y el mundo en ese tiempo dio un vuelco espectral. Mi jurisprudencia perdió la noción entre un párrafo y medio de una conversación cualesquiera, pensé más bobadas que de costumbre, observé el mundo, la legislación.
¿Cómo
es posible que nuestra idiosincracia nos lleve a poner hasta actores en el
Parlamento? Tomando en cuenta que este es uno de los órganos de la
representatividad del sistema presidencial en el que estamos inmiscuídos. Hasta
los codos.
Ved
a las señoritas. Hace un par de días tuve una desenfrenada discusión con una
compañera de carrera. ¿Es factible, que estando en una carrera de suma
contingencia política debas de abandonarle - a la política - para simplemente
ser un observador de la realidad? Francamente me parece, que, estando donde
estamos, rodeados de filosofía política, no queda más que entrar en ella,
abolir ilusamente en nuestras realidades aquellas cosas que no podrían ser
parte de el sistema actual. Y asumiendolo como tal, refiero una actitud no
pasiva, más bien activa con relación a esto, adentrarse en el tema, opinar al
respecto, diciendo, yo apoyo a este partido porque me siento identificada, es
ni sueño el que, a partir de esta corriente y nada más que esta, el que puedo
alcanzar, con este pensamiento mi vida será más factible de alcanzar dicho
final.
Y
ahora, en el punto álgido de la cuestión, miro al mundo de manera, si bien
dirigida por mi punto de vista, por mis opiniones, que para mi son válidas, de
una manera diferente, considero la realidad ante nada al momento de emitir
juicio alguno. No me retracto aún sobre el sistema capitalista, aunque lo
deteste a momentos, ha servido, sería bueno asimilar las cosas buenas de lo que
tenemos para una realidad, para que el ser humano viva en comunión en realidad.
La
realidad, ipso facto, no es que mire al pobre como pobre, sino que veo las
cualidades al momento de trabajar. Demosle a aquel que necesita aquello que
requiere para su subsistencia, demosle a quien se lo merece lo que realmente ha
ganado, a cada cual lo suyo como reza uno de los tria preceptae, suum cuique
tribuere, a aquel que lucha demosle el fruto de su lucha, al pobre lo que por
derecho natural es propio, un pedazo de tierra, educación para sus hijos.
El
Chile de hoy necesita eso, y el Estado se ha remitido a darles dinero, fuente
de corrupción, solamente les pagan por pertenecer a un estrato social. A veces
miramos desde fuera la vida pauperrima que llevan algunos, en escacez, según
nosotros, pero aquellos bienes transitorios, que no sirven para absolutamente
nada, son abundantes.
Ejemplifico
al respecto: el mismo sistema agrupa a las personas dentro de calificaciones
socioeconómicas denominadas quintiles, desde cierto rango perteneces a uno. Por
medio de esta sistematización de las entradas financieras, legales por cierto,
al hogar, a la familia, el gobierno es capaz de analizar si una persona
requiere, como algo factible de ser utilizado en necesidades primordiales, como
en el área propia de la sanitización del hogar (agua, electricidad) y la
alimentación de los individuos de este. El modus vivendi de la mayoría de los
ciudadanos chilenos es terrible, algunos no tienen para satisfacer las
necesidades esenciales propias, para vivir con dignidad.
A
partir de esto, ¿qué es lo que el Estado hace al respecto?
Nada.
Un
sublime y bestial nada, puesto que les indemnizan por su estrato social, les
subvencionan la pobreza impidiendo que busquen una mejora a su vida. Al chileno
promedio hay que educarlo, hay que darle raciocinio, hay que mostrarle el modo
de vida real que puede llevarse a partir de esto, hay que enseñar que si todos
trabajamos para todos el país surge, el ser se dignifica, y juntos se alcanza
el bien común.
La
felicidad, compañeros, no radica en las poseciones tangibles, sino en como
estamos en relación a otros. De una u otra manera la felicidad se detalla en lo
que hacemos por el resto. No es el hecho de darles manutención, no es el hecho
de trabajar sin más en cualquier acto, sea este denigratorio o no del ser
humano, simplemente es abrirle al ser humano la puerta al conocimiento, no
estamentarlo, darselos a todos por igual, enseñar a la nación, al pueblo de
Chile la manera de sacar partido de una historia. Hay que dar al pueblo lo que
le pertenece, no dejar solamente que esté establecido en el librito aquel que
denominamos Constitución nuestros derechos, nuestras garantías ante el estado
que el mismo ha conformado.
Chile
tiene el poder en las manos, el gobierno se lo ha negado.
Demosle
a nuestro Chile aquello que es suyo, seamos capaces de entregar lo que durante
tanto tiempo de exclusión le ha sido negado al pueblo, al grueso conformador
del país.
Demosle
lo que merece, el derecho, el honor a cada ciudadano, de decir: yo soy chileno,
eliminando las paranoicas aseveraciones que en otros países nos han sido
impuestas.
Y
que en serio, viva Chile.






