Salvemos al salmón...o a los salmoneros?
Pasada la
fiebre del oro naranja en el sur, con despidos masivos y pérdidas de
toneladas de peces incluidas, se está discutiendo en el Congreso un proyecto
que modifica la actual ley que regula al sector (LEY
GENERAL DE PESCA Y ACUICULTURA, de 1991). El proyecto, que a fines del mes
pasado pasó el trámite con los diputados, es producto del trabajo de
Esta reforma legal es considerada, según
palabras del presidente de SalmonChile, como “el primer paso de un proceso
en que la industria del salmón pretende refundarse de manera más sustentable y
viable tanto social como económicamente”. Además desean que el trámite en el
senado sea rápido e igual de positivo “para que la salmonicultura siga desempeñándose
como un motor de desarrollo de las regiones australes del país”. Que desde el
gremio directamente interesado, el mismo responsable del desastre ambiental y
social en el sur, debe obligatoriamente llamarnos la atención…
¿Cuánto de verdad o profundidad habrá en el concepto “sustentable y viable”?
¿Será la viabilidad social uno de los objetivos fundamentales del proyecto?
¿Qué hay de la viabilidad ambiental de la industria?
Y son las mismas preguntas que se hacen las organizaciones
que defienden y promueven la protección ambiental y el desarrollo sustentable,
como Oceana y Terram. De
hecho fue Oceana, que a mitad de esta semana, se presento ante la sesión de
Terram va más lejos (en un documento disponible en este
enlace), al señalar que “La crisis sanitaria, ambiental y social era evitable
si se hubiese contado con medidas adecuadas”, medidas que este proyecto no
otorga. Es más, el cambio legal que se está discutiendo “representa un riesgo
de magnitud debido a que, como se explica en los antecedentes de dicho Proyecto
de Ley, existe una serie de factores relacionados con la forma de producción e
información sobre los ecosistemas que no fueron considerados durante los años
previos a la crisis sanitaria de la industria del salmón y que son en parte la
causa de la dramática situación que vive hoy la industria. Entre éstos podemos
mencionar la ausencia de límites máximos de densidades de cultivo, insuficiente
información oceanográfica y la ausencia de adecuados programas de vigilancia y
control de las enfermedades causantes de grandes mortalidades presentes en la
salmonicultura chilena”. Pero “el proyecto de ley que se discute en el
Parlamento carece de un análisis mínimo que considere a las personas y
comunidades locales, establezca un proceso de armonizaciones de las
regulaciones existentes y considere las otras actividades que se desarrollan en
el borde costero. Tampoco incorpora otros procesos de ordenamiento que están
ocurriendo en la misma zona y en el mismo periodo, tal como es el caso de la
implementación de la ley de uso del borde costero de los pueblos originarios, o
la mesa territorial del borde costero de Los Lagos”.
Es preocupante constatar que el sistema político
(legislativo y ejecutivo en conjunto) trabaja de manera muy eficiente en
función de intereses comerciales; y que confunde sus objetivos de bienestar
social y estabilidad macroeconómica con marcos legales que, disfrazados de
grandes reformas al sector pesquero y acuicultor, sólo pretenden dar respuesta
a la coyuntura financiera actual de la industria salmonera, con el discurso y
la desorientada expectativa de recuperar los niveles de empleabilidad que hace
un par de años el sector requería.
No soy experto, pero es mucho más lógico que medidas más
integrales aseguraran el logro del objetivo de promover en la región el desarrollo
sustentable y viable en términos económicos, sociales y ambientales. Se debe
mirar este tema con visión de futuro y como tema de estado, para generar una
estrategia de desarrollo para la zona sur del país, que incorporé todas las
actividades económicas relevantes (pesca artesanal, turismo, producción
agropecuaria, etc.) y la realidad (potencialidades incluidas) de la región
(conectividad, potencial energético, tradición, etc.). Modificaciones legales a
la medida de unos pocos y disfrazadas con rimbombantes ambiciones de
crecimiento económico, no son la respuesta que debiésemos esperar de nuestras
autoridades. Si eso es lo único que nos pueden dar, es hora ya de tomar
acciones concretas para sustituirlas.
MANU(el
Andres) SANDOVAL (Baros)
una constante búsqueda...






