A raiz de
un excelente artículo, muy reciente, de aquí, atina, relacionado con la
angustia y el sentido de la vida o su sinsentido, y sobre algunos grandes
pensadores, que no siempre fueron grandes hombres, me permití la posibilidad
de expresar mi opinión personal, de que todos los grandes hombres, tal
como Tolstoi, se han caracterizado por haber mantenido en su larga vida
el capricho de pretender que la vida tenga sentido, y además, el de querer
encontrarselo.
Como a los
caprichos irrealizables se les denomina infantiles, propongo que a estos
grandes hombres los llamemos en adelante "grandes pensadores", que no
es lo mismo.
En efecto,
si observamos la biología (también llamada el estudio de la
vida) vemos que 4 vacas pastando no tienen mayor sentido, solamente están, y
que rigen su destino solamente por sus particulares apetencias.
Las vacas
son vacas, pero los animales superiores, los primates por ejemplo, entre los
que afortunadamente nos encontramos, no se encuentran en una distinta
situación, y la pretensión de que la vida de un organismo –por primate que sea-
tenga una definición, interpretación o explicación intelectual es solamente un
capricho ciertamente infantil - un capricho adulto podría ser, pero
capricho al fin y al cabo- al que los grandes hombres deberían haber renunciado
hace largo tiempo.
“desconócete
a ti mismo, y persiste en
encontrar una línea coherente en tu vivir, y desespérate en la imposibilidad de
satisfacer tu capricho". Es una
típica actitud de los grandes hombres.
Ello en
lugar de atender que las motivaciones existenciales surgen de la individualidad
de los organismos, de su materialidad, con toda la simplicidad de los organismos enraizados en la existencia, que es siempre presente, actual y concreta, y con su toda su radical complejidad, y no provienen -estas motivaciones existenciales- de proyectos intelectuales angustiados ni desesperados
por una mayor o una más amplia comprensión.
Estos, al revés, conducen a más que nada a
motivar la desaparición personal -como el referido artículo lo demuestra- y no
su desarrollo, como en el sano caso de las vacas y de los demás primates cuyas vidas
no tienen sentido, y sin embargo, se desarrollan a satisfacción del Creador.
Saludos



















El famoso art´´iculo es de alvaro campos
y es buenísimo.
Saludos