Mucha gente busca ser famosa sin tener las condiciones para serlo. Su único objetivo es la aclamación barata para llenar el vacío de la patética existencia. No son pocos los que logran destacar en algún ámbito- desde el artístico hasta el político-, pero su legado tiene fecha de caducidad. Prontamente son olvidados y su recuerdo perdura a través de un especialista en el tema, un par de libros guardando polvo en las bibliotecas, en una pintura que nadie observa o en una vieja cinta de cassette a módico precio en la feria. A nadie le importa quienes fueron dichos personajes porque su época de gloria fue la ilusión de una promesa mal concebida, una mera repetición de otros que ya hicieron historia.
Sin embargo, existen hombres y mujeres tocados con la varita del talento. Ellos No buscan el éxito, les llega casi de casualidad por hacer lo que hacen- a veces de manera póstuma-. Rompen la barrera de lo establecido con tan sólo chasquear los dedos. Imponen un estilo, un nuevo paradigma dentro de la cultura, la cual, nunca más será la misma.
Así sucedió con el difunto Michel Jackson, genio del pop, niño prodigio de la música, quien mostraba su calidad artística cuando apenas era un pequeño afroamericano que deslumbraba al mundo con el extraordinario registro de su voz y su increíble capacidad de baile en los Jackson five. Desde el principio destacó por sobre sus hermano, por “tener algo” que lo diferenciaba de los otros miembros de su familia- también talentosos por lo demás-.
Ese indescifrable “algo” viene inserto en el ADN de aquellos destinados a girar en 180 grados las concepciones humanas, llevándolas a nuevas dimensiones. Muchos matarían por poseerlo, harían cualquier cosa por tener aunque sea una pizca de genialidad, mas el común mortal que envidia al genio no sabe lo difícil que es llevar sobre los hombros el peso de ese “algo” especial. Cada don trae consigo una maldición, una especie de venganza de Dios por emularlo, incluso superarlo. El destino de estos hombres y mujeres es una vida miserable, atestada de contradicciones que los lleva al punto de autodestruirse o convertirse en delincuentes.
Estos tipos son bombas atómicas emocionalmente hablando, su genialidad les impide desarrollar una vida normal y el dolor se apodera de ellos hasta el punto de atentar contra ellos mismos. Ellos se sienten secuestrados por su talento y desearían no tenerlo, arrancárselo del alma para tener aquello que el resto del mundo tiene: amor, familia, una existencia común y silvestre.
Lamentablemente nadie sabe donde radica el talento y si Jackson lo hubiese sabido, ténganlo por seguro que hubiese tomado ese camino. Él no pidió ser un grande, él no pidió un padre torturador, no pidió tener esa capacidad musical que tanta fama le generó a su alrededor, sin embargo, aquí viene la contradicción, Jackson no podía vivir sin crear, sin cantar, sin bailar, sin el escenario… lo mismo que lo tornó infeliz hasta el punto de la locura, es aquello que no se puede dejar porque sin ese “algo” ya la vida dejaría de existir.
Esa es la condena del genio, la contradicción constante entre la capacidad creativa y la tumba. Michel se reveló contra ella siendo un niño eterno- que violaba a otros niños-, Salinger dejando de publicar- jamás de escribir… eso lo sabremos después de su muerte-, Janis Joplin metiéndose heroína, Artaud suicidándose, Beethoven sin escuchar su última sinfonía, Sábato viviendo más de la cuenta, Van Gogh cortándose una oreja y sin vender un cuadro en toda su vida… así podría dar un sinnúmero de casos donde el patetismo queda ensombrecido ante la magnificencia de la obra, admirada por la sociedad, pero devastando a su albañil.
Esperemos que la muerte haya traído la paz a Michel Jackson… la tumba es el único lugar donde el genio puede, realmente, descansar ante tamaño sínodo.
7.000.000.000 de personas
Hacen a muchos desistir de la idea de emprender un libro siquiera. Algunos con suerte plantan un árbol y no todos tienen la bendición de tener un hijo... ¿Qué es la fama sino vanidad en medio de tan corta vida?... ¿Cuál es el galardón, entonces, al que podemos aspirar en nuestra existencia?