He
rescatado de la hemeroteca del diario español "El País" un
atinado artículo de
TRIBUNA:
MICHELLE BACHELET
Iberoamérica,
hacia un nuevo pacto social
MICHELLE BACHELET 09/11/2007
América
Latina es la región más desigual del planeta, con 205 millones de pobres
Se
trata de una gran oportunidad para nuestras naciones. Sabemos que vivimos en la
región más desigual del planeta, producto de un patrón de exclusión política y
social que nos ha marcado desde los tiempos de la conquista. Mucho se apostó a
que se superaría aquel patrón de marginación con los procesos de democratización
y modernización económica de los años noventa. Pero ello no ocurrió así. La
región ingresó, efectivamente, en una etapa de extensión y profundización
democrática sin precedentes, lo que desencadenó la movilización de grandes
mayorías antes desplazadas del poder. Un obrero metalúrgico fue elegido
presidente en Brasil; un campesino aymará gobierna Bolivia; Argentina y Chile
cuentan con dos mujeres presidentas, en lo que son sólo ejemplos de este
proceso de incorporación de las mayorías en los procesos democráticos.
En
lo económico, la región ha tenido un crecimiento sin precedentes en los últimos
cinco años, a la vez que los fundamentos macro parecen consolidarse y las
reglas básicas de manejo fiscal son respetadas. Nuestras economías se
modernizan, se hacen más competitivas y se abren a nuevos mercados.
Ambos
procesos, sin embargo, no fueron capaces de ocuparse efectivamente de la
demanda social. Si en 1980 cuatro de cada diez latinoamericanos vivían bajo la
línea de la pobreza, en 2006 son los mismos cuatro de diez que permanecen en
ella. Y si bien la pobreza ha disminuido en el último tiempo, al año 2006
existían 205 millones de pobres en la región, esto es, cinco millones más que
en 1990. El resultado está a la vista. Nuestra región avanza en la globalización,
pero no logra hacerlo con la misma velocidad que Asia, Europa del Este u otras
regiones emergentes que se aproximan al desarrollo. Hay mucho talento en
nuestras tierras que sencillamente se desperdicia. Pero no sólo eso. La
ausencia de políticas que promuevan de manera efectiva la cohesión social
provoca un sentimiento de desencanto con la democracia y la política. Provoca
la desintegración de las sociedades, la corrosión de las instituciones y un
fenómeno extendido de anomia social.
Pero
somos optimistas. Tenemos la certeza de que si hemos consolidado la democracia
y hemos logrado crecer económicamente, también podemos lograr los acuerdos
necesarios para enfrentar el déficit social en América Latina.
He
hablado en mi país de la necesidad de concretar un nuevo pacto social sobre las
reformas más urgentes e imperiosas. Educación, previsión social, seguridad
ciudadana, infancia, probidad y transparencia del Estado. Son los temas donde
promovemos grandes acuerdos en el Chile de hoy. Y son los temas que podemos
promover en toda Iberoamérica también. Somos varios los países que durante
estos años hemos demostrado que se puede crecer sostenidamente en democracia y
que se puede, además, reducir fuertemente la pobreza y mejorar la igualdad de
oportunidades. Para ello es necesario un gran consenso respecto de los
fundamentos a seguir, a la vez que impulsar políticas públicas que aseguren en
los hechos, y no sólo en los dichos, el derecho de cada persona a una
existencia digna desde la cuna hasta la vejez. En otras palabras, derecho a una
ciudadanía plena, en términos políticos y sociales.
Exijámonos,
también, altos estándares democráticos. No hay atajos al desarrollo fuera de la
democracia, y si la democracia muestra deficiencias, sólo cabe mejorarla con
más y mejor democracia.
Insisto,
estamos en un momento de oportunidad. Con la voluntad política de todos, la
cohesión social puede consolidarse como punto de convergencia en nuestra
región, a pesar de la diversidad de proyectos nacionales.
El
año 2010, cuando conmemoremos los 200 años del nacimiento de nuestras naciones
modernas, la agenda del bicentenario latinoamericano seguirá marcada por el
mismo gran tema del primer centenario, que fue la cuestión social. Pese a los
avances, pese a la lucha de tantos y tantas en este siglo, la justicia social
sigue como deuda pendiente. De nosotros depende atravesar ese umbral habiendo
iniciado un nuevo pacto social en los países iberoamericanos.
Michelle
Bachelet es
presidenta de



















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