El embrión como ser humano.

Enviado por Ernesto Undurraga V. el 02/07/2009 a las 23:36
Ernesto  Undurraga  V.

Polémica aceptación vs abolición. El embrión como ser humano.

Los criterios morales y teológicos sobre el feto van desde creer que

 este tiene un estado independiente, hasta limitarlo al criterio de que su status moral es igual al de cualquier persona nacida.

Existen disímiles culturas, filosofías y religiones con otras posturas respecto al momento exacto en el que el producto, a partir de la fecundación y hasta el alumbramiento o parto, se convierte en un ser humano con alma. Investigadores de la ciencia médica al no estar de acuerdo con una legislación que consideraban atrasada de cara a los avances científicos iniciaron, junto con algunos juristas, una reflexión sobre la Ética médica. De ahí se pasó a hablar de Ética biomédica y, posteriormente, empezó a cobrar fuerza la expresión Bioética, que implica cuestiones no sólo orgánicas sino también políticas y sociales, tales como la libertad individual y la calidad de vida.

Uno de los debates bioéticos que origina más polémica es la posibilidad humana de decidir sobre la interrupción de la vida, especialmente el aborto, cuestión, relativamente poco compleja en términos médicos, pero que genera controversia debido a la posición de condena absoluta que asume la Iglesia católica respecto a el, ya que lo que está en juego es precisamente toda una concepción del mundo y de la vida.

La oposición de la Iglesia católica a todo lo relativo a intervenir en los procesos de vida parte del principio religioso básico de que la mujer y el hombre no dan la vida, sino que son "depositarios de la voluntad divina"; de ahí que considere que desde el momento de la fecundación el ser humano en formación tiene plena autonomía de la madre, cuyo cuerpo es un "mero instrumento divino", y por eso considera también que, desde el mismo momento de la fecundación, el ser humano en formación es alguien absolutamente equiparable al ser humano nacido, pues desde el primer instante "tiene alma". Esta perspectiva religiosa es antagónica a otra, racionalista, que rechaza un destino impuesto por una voluntad sobrehumana, se apoya en la ciencia para definir los límites de lo humano y considera que las interrelaciones humanas no deben regirse por leyes divinas, sino por acuerdos humanos, por leyes sociales. En esta discusión, que confronta la postura dogmática de la Iglesia, con la postura objetiva de la ciencia, radica el punto central del debate bioético.

El hombre, como cualquier ser vivo, es un ser que se desarrolla en el tiempo. Así, por ejemplo, podemos observar como a lo largo de su vida experimenta numerosos cambios, tanto desde el punto de vista físico como psicológico. Si pusiéramos un anciano, un hombre joven, un adolescente y un recién nacido en una misma habitación y los observásemos veríamos que son muy diferentes (unos tendrían pelo y otros no, unos serían mucho más grandes que otros,...). Asimismo, no negaríamos en ningún momento que todos ellos son humanos, sin embargo, anotaríamos como causa de sus diferencias que se encuentran en diferentes estadios de su vida. Es decir, el hombre es un ser que varia con el tiempo.

¿Cuándo podemos decir que ha empezado a existir un hombre? La lógica nos obliga a afirmar que debe ser justo cuando se forma el embrión ya que si no ¿en qué parámetro discriminatorio podemos basarnos? La biología viene en nuestra ayuda en este punto. Todos sabemos que existe el DNA que expresa el que aquel ser es, el DNA viene a ser el programa de nuestra vida. Cuando se concibe la primera célula del embrión, el zigoto, allí se combina el DNA del óvulo con el del espermatozoide y en ese momento se crea una combinación de DNA nueva que expresa toda la información de cómo será ese individuo. Además inicia todo el metabolismo que permite que este zigoto vaya multiplicándose incrementando el número de células primero y después manteniéndolo a la vez que renueva las células viejas. Así, pues, podemos afirmar que la vida de ese ser empieza con el zigoto ya que no parará de desarrollarse hasta que muera todo el organismo.

La ética médica que sigue una línea ortodoxa conservadora -y que podría llamarse hipocrática- descansa en el principio de respetar la vida humana desde sus inicios. Necesariamente surge aquí otra pregunta: ¿En qué momento se inicia la vida humana? Ésta, es la esencia del problema. A tal interrogante se le han dado múltiples respuestas, algunas tratando de hermanar lo biológico con lo ético, que es lo que pretende hoy la bioética. Ante la incapacidad de la biología para despejar satisfactoriamente esa tremenda duda, la filosofía ha acudido en su ayuda, al decir que "la vida no se inicia sino que se transmite o se continúa", no se está articulando una simple frase; se está enunciando una verdad.

Rudolf Virchow acuñó su famoso principio omnis cellula e cellula estableció un paradigma científico que iría a revolucionar la historia de la biología: los seres vivos son un conjunto de células que vienen de otras células. Respaldado en esta evidencia, el jesuita Pierre Teiihard de Chardin sostuvo que la vida propiamente dicha empieza con la célula, "que es grano natural de vida, al igual que el átomo es el grano natural de la materia inorgánica".(El fenómeno humano. Taurus Ediciones, SA. Madrid,6ª edición. p 100.1974)

El cigoto no es aún un ser humano en toda su plenitud, pero es el punto de partida para serlo, debiendo pasar por diferentes etapas de perfeccionamiento celular (ontogenesis) pre-embrión, embrión, feto, y ya fuera del útero será neonato, lactante, pre-adolescente, adolescente, y, finalmente, adulto. Comprendemos así que para llegar a la categoría de persona o individuo pleno -con las características que Leibniz le asigna, es decir, inteligente, capaz de razonar y reflexionar- el ser humano necesita un largo proceso evolutivo.

En relación con el aborto, la etapa biológica del proceso intrauterino de desarrollo que más puede prestarse a controversia moral o filosófica es la comprendida entre la constitución del cigoto y el momento de la nidación. Nadie puede negar que el preembrión (cigoto - mórula - blastocisto) tiene vida con un profundo potencial humano. Su status médico o biológico corresponde a eso, a un pre-embrión, sin status civil o jurídico definido. Por eso no tiene las mismas connotaciones biológicas ni jurídicas asignadas a una persona. El término "pre-embrión" fue introducido por el Comité de Ética de la Sociedad Americana de Fertilidad en 1986 para señalar un periodo de 14 días desde el momento de la concepción y durante el cual, en razón al desarrollo biológico, posee un status moral especial, distinto al que posee un individuo adulto, acreedor a plenos derechos.

En virtud del pluralismo ético, el status de la pre-persona, en su período gestacional ha sido considerado con tres criterios distintos, descritos por el eticista norteamericano Michael D. Bayles en su obra Reproductive Ethics. Son ellos:

1- Criterio conservador. A partir del momento de la concepción el ser que se inicia adquiere el derecho a vivir. Por eso el aborto es éticamente ilícito.

2- Criterio liberal. Ni el embrión ni el feto tienen derechos, es decir, carecen de status moral. Por lo tanto, provocar la interrupción del embarazo en cualquier momento, no tiene implicaciones éticas.

3- Criterio moderado. El nuevo ser tiene un status moral progresivo, de acuerdo a su desarrollo biológico. Puesto que sólo a partir de las 28 semanas de gestación el feto adquiere viabilidad, el aborto antes de este tiempo es éticamente válido, si existen razones específicas.(9)

. Como dicen C. Wood y A. Westmore: "El status ético del embrión en sus primeras etapas está determinado por la conciencia y el estado intelectual y emocional de cada persona". (The significance of the early human embryo. A broad perspectiva. Cl Obstet Gynaecol. 12(4):911,1985.

 El filósofo Daniel Callahan, reconocida autoridad en asuntos de bioética, cotidiana que ha dirigido durante muchos años The Hastings Center Nueva York, epicentro de la bioética mundial, asume una posición moderada al aceptar que el feto no califica como una persona y, por lo tanto, carece de un status moral pleno.(9)

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