
Un post de disculpa a mis hijos por el futuro que les
deparamos (la familia) con nuestras tontas enseñanzas de antaño.
Preámbulo:
Muchas veces en broma digo que voy a demandar a mis padres por la cantidad de valores y tradiciones que implantaron en mi. Y aunque me siento orgulloso de ser hasta ahora - nunca digo que nunca, siempre me abro a las posibilidades- - un hombre de ciertos principios, si reconozco que cada vez pasó a ser más loser (perdedor) en esta actual convivencia social.
Me han hecho un gran daño mis padres
y familia al atarme a viejas cadenas de principios, costumbres, autodisciplina
y respeto a la autoridad basado en la admiración al saber y la experiencia.
El cuento:
En 1810 un país entero esperaba
anhelante la entrada al ruedo de los cuatro máximos gladiadores que lucharían
bajo viejos códigos de honor y valentía por la posesión del trono de monarca
absoluto.
Entre ellos mi favorito. Un guerrero
curtido bajo el frió de la calle humilde y gladiador incansable de miles de
batallas con la esférica. Un cuerpo templado al sol de la calle y al sacrificio
de miles de entrenamientos físicos diarios.
Entre ellos una amazona rebelde,
batalladora y de lengua filosa.
Y cuando la Cesarina dio le dio la
palabra al rey espartano – único guerrero invicto - para que escogiera su
contendor, en la tribuna aullamos todos.
Sus palabras roncas nos emocionaran
y extasiaron tal cual dulce e ingenua doncella en los brazos de Casanova. Ni
toda la Iliada, en conjunto al mejor discurso político podría haberle dado
mayor magnificencia a palabras como: honor, fuerza, tu enemigo te honra y
muchas otras. El universo debió expandirse tres metros mas para darles espacio
de expresión.
Yo mientas tanto aun cerraba las
ultimas apuestas con los miles de ingenuos que en dicho coliseo copulaban de
gozo.
No tenía vergüenza de apostar a
ciencia cierta. Conocía de memoria la fuerza, valor y honor de Leónidas. Solo
cabían dos posibilidades de elección: - Poseidón, rey de los mares o el guerrero de las cuatro
esquinas-
La amazona descartada. Una lucha tan
dispareja solo acarrearía deshonor sobre su victoria por muy justa y merecida
que fuera.
Y aun hoy en día creo haber
escuchado mal cuando Odin escogió a la Valquiria como oponente.
Y sucedió lo que debía suceder: La
valquiria fue vencida y el deshonor recayó sobre el ganador.
Todo el honor de una gran batalla
física deshonrado con palabras huecas, insulsas y de pérfidos propósitos.
Justificaciones diríamos en tiempos actuales.
La justificación agranda la falta,
me enseñaron de chico.
Pasado el tiempo este gran Rey -ya
en su lecho de muerte - contó
que su decisión fue tomada con el propósito de llenarse de gloria al vencer a
una mujer en su propio campo de habilidades femeninas.
Confeso que la emoción y adrenalina
del momento soñado habían nublado sus ojos
por lo cual había confundido
la gran rueda de madera con
un botón perdido de Gargantúa o Pantagruel, y que la prueba consistiría en
cocerlo a alguna parte. Igual cosa le pasó con los troncos a trasladar, que
pensó agujas y el madero de equilibrio hilo
de zurcir.
-Su propósito final fue siempre
honrarla. El siempre supuso que seria una prueba de destreza y habilidad justa.
Jamás, jamás de los jamases que contendería un grado mayor de fuerza.-
Lamentablemente los designios del
señor se dispusieron en contrario, y ya en campo de batalla no tenia más opción
que dar lo mejor.
Dedicado a los muertos de verdad

Saludos y suerte
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Y entiendase bien. No juzgo decisiones, pero si el discurso.






