
El corazón me dio un vuelco tal que tuve que afirmarme de la silla para confirmar que el mundo conservaba su eje. El libro tembló en mis manos; había encontrado la palabra: afasia.
Los libros siempre han sido mi refugio, mi palabra consuelo, palabra magia, palabra silencio.
Me levanté de la silla y con la mirada desenfocada fui hasta el patio. Alcé mi cara buscando el sol como una flor que no se decide a seguir en la tierra. Un pequeño rayo, que a su paso tiñó de amarillo cuanto tocó, ayudó a poner un respiro en mi cabeza.
“Afasia” la palabra sonaba en mi cuerpo sin poder salir.
Fue una tarde larga y una eterna noche la que le tomó a esas cinco letras encontrar su lugar en mí. La A buscó en mi nuca su hogar, mientras que la F y la A, unidas por su musicalidad, pasan con dificultan de mi garganta a mi vientre. La S culebreó en las ondas de mi cabello. La I, negándose a alojarse en un espacio que no acompañara su verticalidad, descartó mis clavículas y caderas, y tras urgar en mis brazos y piernas se quedó, incómoda, en un dedo de mi mano derecha. La última A, ya sin vanas esperanzas de encontrar un rincón que acogiera su cerrado ángulo, cayó a mis pies.
Cuando el mismo sol que había buscado la tarde anterior surgió ante mis ojos todo terminó: la palabra desordenada se alineó en mi boca y saltó al vacio. Con voz ronca y entrecortada la palabra salió, rompiendo, por primera vez, mi afasia.



















Comentarios recientes
hace 16 horas 20 mins
hace 16 horas 31 mins
hace 16 horas 49 mins
hace 18 horas 33 mins
hace 22 horas 23 mins
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día
hace 1 día