
Mario
Waissbluth, profesor de
Por
Mario Waisbluth
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Estimados
lectores: les expresaré algunas preocupaciones y proposiciones respecto a la
tragedia griega que estamos viviendo en la educación, hipotecando el futuro
nacional por décadas. No me referiré a
Las
tragedias griegas terminan mal. Desde el inicio se sabe que las circunstancias
de cada actor llevan inevitablemente al descalabro. Cada uno es producto de su
historia, nadie es tan bueno ni malo, sino que juega el juego que le tocó.
Contemos
el hipotético caso de un joven que estudió hace 15 años en una escuela
municipal de regular calidad, y que obtuvo 500 puntos en
Para
mayor claridad, 500 puntos, la mediana de la muestra, equivalía a responder
correctamente entre el 10% y el 15% de las preguntas de
El
dueño de una escuela particular subvencionada me comentó hace poco que cuando
reciben alumnos con sólo dos años de mala enseñanza básica, el retraso
formativo comparado con sus compañeros se constata como "casi
irrecuperable". Las personas que llegan a la educación media o la
universidad sin ciertos aprendizajes en materia de lenguaje y aritmética -que
debieron obtenerse a temprana edad- difícilmente podrán recuperarlos, por mucha
"remediación" (jerga oficial) o capacitación que se les imparta
durante su carrera.
En
suma, nuestro joven de 500 puntos difícilmente podría haber encarado una
carrera universitaria.
El negocio de los pedagógicos express
Sin
embargo, Chile le ofreció a este joven una salida. La legislación de educación
superior -estupenda muestra del libre mercado- le permitió ingresar a estudiar
Pedagogía a una universidad de dudosa calidad, de esas que otorgan los títulos
al vapor y/o por internet.
Según
una reciente investigación (ver recuadro en la página 16), a lo largo de sus
"estudios" los niveles de conocimiento de nuestro joven mejoraron
entre... 2% a 4%. No más. Pasó por la universidad y aprendió nada. Pagó buen
dinero o incluso se endeudó para comprar un título. En su lugar, cualquiera
hubiera hecho lo mismo.
No
exagero. Aunque los puntajes de corte y la demanda por estos estudios han ido
en aumento, la carrera de Pedagogía Básica registró en el proceso de admisión
2008 un puntaje PSU del último matriculado, que en una universidad llegó a ser
de… 320 puntos. Esto equivale a responder correctamente cuatro de las 80
preguntas. Así es, 4 de 80.
De
18 mil estudiantes que este año egresarán como profesores -con poca esperanza
de encontrar trabajo-, cerca de la mitad lo está haciendo vía dudosas
regularizaciones de estudios. Las universidades que los imparten, incluidas
algunas del Consejo de Rectores, hacen un pingüe negocio que crece
vertiginosamente: son 40 universidades e institutos que aumentaron, en los
últimos 3 años, su matrícula total formal de
El lastre del Estatuto Docente
Luego,
ya egresado y titulado, la suerte le sonrió un rato a nuestro joven: pudo
ingresar como profesor con una jornada de 44 horas semanales a una escuela
municipal. Habiendo logrado -con todas las asignaciones - una remuneración
inicial de 591 mil pesos brutos mensuales, que con los aumentos bianuales
automáticos llega inexorablemente a 877 mil pesos, éste ya no tan joven,
gracias al Estatuto Docente y con el entusiasta apoyo de su Colegio de
Profesores, ha procurado rehuir cualquier tipo de evaluación rigurosa.
Si
yo estuviera en su lugar, asegurado un ingreso intocable para mi familia, el
que no podría haber logrado de otra forma con ese nivel de preparación, me
opondría rotundamente a un cambio en la situación. Además me sentiría bastante
tranquilo, sabiendo que si el sostenedor municipal osara pedirme la renuncia
por "pésimo desempeño docente", existiría la casi certeza de que
Digamos
las cosas como son porque es sanador. Visto en retrospectiva, el error más caro
para el país en dos décadas no es el Transantiago: es el Estatuto Docente. Como
en toda tragedia, nadie es tan maligno. Me lo relató un altísimo integrante del
primer gobierno de
Uno posiblemente hubiera hecho lo mismo.
Retomemos
la historia del joven profesor. No creamos que lo está pasando bien. Sus
condiciones laborales son durísimas: agotadoras 32 horas de clases, el ambiente
es agresivo, su tasa de depresiones severas a lo largo de la vida es de 32%
cuando el promedio de una muestra de referencia es de 23%. Sus episodios de
pánico o de ansiedad superan por más del doble a la muestra de referencia.
Mayor razón para sentirse menoscabado si alguien propusiera someterlo a una
evaluación rigurosa.
Como
todos sabemos, pero no decimos, la evaluación docente actual es enteramente
dudosa. Después de 4 años de resistencia, todavía no se logra evaluar ni
siquiera a la mitad de los profesores. Pero algo se ha avanzado; es un logro,
casi como poner un pie en una puerta antes cerrada.
Pero,
escarbemos en los datos que yacen tras un velo de eufemismos en el sitio web
del Ministerio de Educación: los clasificados como "competentes" o
"destacados" suman el 64% de los evaluados. Este 64% tiene derecho a
un incentivo monetario, para lo cual debe rendir una prueba rigurosa de
conocimientos, asunto no incluido en la evaluación regular. Cerca de la mitad
de los que tienen ese derecho, por alguna "extraña" razón, se
abstiene de rendir dicha prueba, aunque recientemente se ablandaron los
criterios para que más profesores lo hagan.
Revisando
los resultados de ese proceso, se concluye que en realidad apenas el 10% del
total de los profesores tiene niveles de conocimiento comprobado que los
pudieran calificar como realmente "competentes" o
"destacados".
La
situación de los docentes de colegios particulares subvencionados no es muy
diferente. Según todo lo que se observa, descontado el factor socioeconómico de
sus alumnos, se constata que la realidad educativa, emocional y salarial de los
profesores y los tamaños de aula en ambos sistemas son muy parecidos.
El
informe del Sials ya mencionado contiene otro dato aterrador, pero como los
chilenos somos expertos en hacernos los lesos, esta verdad políticamente
irritante no se comenta: sólo el 8% de los egresados de educación superior
entiende completamente lo que lee.
Es
fácil sospechar entonces que los profesionales que hoy comprenden perfectamente
lo que leen no son los que ingresaron a la educación superior con 400 o incluso
600 puntos. El 8% superior en
En
suma, después de revisar informes, mirar cifras y entrevistar a bastante gente
para escribir este artículo, si se toma en consideración el origen escolar de
la mayoría de los educadores y la calidad de la educación pedagógica que
recibieron, es inevitable concluir que, por lo bajo, un tercio de ellos no
tiene la formación esencial, los conocimientos, la pedagogía o la motivación
para abordar la titánica tarea que este país enfrenta para resolver el problema
de la calidad educacional. Peor aun en los mayoritarios casos de alumnos y
apoderados en situación vulnerable, lo que requeriría profesores con aun
mayores competencias.
Para
muchos profesores motivados, nada de esto es su culpa: es este perverso
encadenamiento de circunstancias el que los ha puesto donde estamos. Para
otros, son flagrantes sus faltas a la ética al recibir un sueldo por un trabajo
que no se hace o se hace pésimo.
No
cabe duda de que hay una cuota relevante de buenos y motivados profesores, pero
hay que mencionar la desmotivación y desidia de muchos. Si yo llevara 20 años
en una escuela municipal, en esas condiciones ambientales, laborales y
organizacionales, posiblemente me sentiría igual.
La
motivación de los docentes tiene una elevada correlación con el liderazgo de
los directores de escuela. Está verificado que el liderazgo directivo es el
segundo factor intraescuela, luego de las competencias docentes, que más
influye en la calidad de la educación. Obvio.
Otra verdad inconveniente
La
otra verdad inconveniente, que los parlamentarios de derecha callan
discretamente: ¿alguna vez nos explicarán con la frente en alto por qué se
opusieron por más de 15 años a cambiar el estatuto pinochetista de
"amarre", que declaró a los directores como vitalicios?
Vitalicios.
Está clarito por qué: ellos también tienen su cuota de clientelismo. Así son
las tragedias. Y luego tienen cara para criticar la calidad de la educación
municipal y reclamar por la inflexibilidad laboral del país.
A
pesar de que ya se logró cambiar la dichosa norma vitalicia, los astutos
artículos transitorios introducidos por estos parlamentarios todavía permiten
la permanencia de un buen porcentaje de apernados que no le rinden cuentas a
nadie. Como me contó esta semana un sostenedor municipal del sur: "Tengo
un tercio de vitalicios; despedí a uno por petición expresa y reiterada del
Centro de Padres. Me tuve que tragar 25 meses de indemnización, más una condena
de 30 millones de pesos por menoscabo. No lo vuelvo a intentar. Simplemente no
tengo la plata. Además, pese a que la matrícula me disminuye año a año, sigo
con el mismo número de profesores".
El
arreglito es más sicótico todavía: si uno de los vitalicios pierde su concurso…
el municipio debe mantenerlo contratado con el mismo sueldo. Esa sí que es
flexibilidad laboral.
Negociemos el rescate
En
esta tragedia griega, como en un juego de ajedrez, al gremio de profesores se
le concedió, por medio del Estatuto Docente, la captura de la educación
municipal y la tiene de rehén. Por ende, tiene de rehén el futuro del país.
No
estoy juzgando a nadie. Son las benditas circunstancias políticas, históricas y
constitucionales. Las mismas que han permitido agarrarse de la teta a otros
grupos de poder gremial, empresarial o universidades truchas. Las mismas que
han llevado a un grupo de no más de 200 dirigentes políticos a repartirse los cupos
parlamentarios y municipales a su gusto durante casi 20 años gracias al sistema
binominal, mecanismo inventado para mantener el statu quo y "proteger la
democracia". No hay castigo ni incentivo político alguno por obtener
resultados de largo plazo que ayuden a la ciudadanía, educación incluida.
"Captura"
es lo que ocurre cuando un grupo de agentes, empresas o personas logran
apropiarse de una institución o sistema -por conductos formales o informales-
para su propio beneficio. Las capturas se resuelven por rescate armado o por
negociación. Siendo impensable la primera opción, ¿por qué no inventamos una
negociación en la firme, para salir de este embrollo? Pongamos números gruesos,
por ejemplo, a lo que costaría modificar radicalmente el Estatuto Docente.
Supongamos
retiros anticipados -dignos y programados- a lo largo de cinco años, por unos
15 meses de salario además de lo que establece el Código del Trabajo, para unos
20.000 docentes que no tengan una buena y rigurosa evaluación, y que hoy
mal-educan a unos 800 mil niños. No es tan loco considerando que recientemente
nueve mil se acogieron a retiro.
Agreguemos
el cese inmediato -con pensión razonable- de todos los vitalicios que siguen
desmotivando a sus profesores y que no ganen su concurso. Estaríamos sumando
unos mil millones de dólares. Esto es inversión por una vez.
Suponiendo
el cierre inmediato de carreras pedagógicas de calidad inaceptable y la
imprescindible creación de un examen nacional de habilitación para ejercer la
pedagogía en cualquier tipo de escuela, deberemos sumar el costo de devolverles
la plata que malgastaron en matrículas a unos 10.000 estudiantes de pedagogía
express en estos últimos años: serían unos cien millones de dólares más.
Agreguemos
un programa para crear o fortalecer institutos pedagógicos dignos de ese
nombre, con postgrados de nivel internacional, etc.: otros cien millones de
dólares. Por una vez. Ya vamos en 1.200 millones de dólares.
Finalmente,
lo más caro. Inmigración inmediata de dos o tres mil profesores extranjeros
bilingües con experiencia en aula. Beca robusta para todo estudiante con PSU
arriba de 650 puntos que ingrese a estudiar Pedagogía a una carrera acreditada,
con una promesa salarial 40% superior al valor actual, y de 70% para aquellos
que obtengan un magíster acreditado en Pedagogía o una materia específica. Lo
mismo para egresados de Ingeniería, Derecho o cualquier ciencia, que obtengan
un magíster acreditado en Pedagogía. En España, por cierto, esta última es la
única manera de ser profesor de secundaria. Agréguele inducción, apoyo y
mentores para todos los profesores que inicien sus labores. Súmele 100% de
aumento salarial para atraer buenos directores de escuela.
Suponiendo
un programa paulatino, que comience hoy, estaremos hablando de un gasto adicional
que a la vuelta de una década puede llegar a ser del orden de mil
millones a mil doscientos millones de dólares anuales, algo así como el 0,5 %
del PGB que Chile debería tener para esa época. Números gruesos, por supuesto.
Todos los profesores del sistema municipalizado continuarían, si lo desean,
siendo miembros del Colegio de Profesores: eso ni se discute. Pero con un
renovado y flexible Estatuto Docente, con incentivos asociados a una evaluación
rigurosa y a una salida expedita para los casos de flagrante abandono de
deberes. Yo pagaría feliz más impuestos para financiar semejante revolución.
Por
cierto, éste no es sólo un llamado a los profesores. Para que haya negociación
deben existir dos partes. La otra es el Poder Ejecutivo y todos los partidos del
espectro político, abandonando por una vez las rencillas y creando el consenso
necesario para avanzar con los maestros y no contra ellos.
Pongamos
esa plata arriba de la mesa y todos ganan, incluyendo los profesores, que
habrán recuperado su histórico sitial en la sociedad. Se crea una carrera
docente de estándar internacional. Se desarrolla un nuevo concepto de
evaluación, cuyo foco es el perfeccionamiento de profesores que ingresaron a la
carrera cumpliendo estándares mínimos. Se fortalece la educación pública que
muchos añoramos. Los que más ganarían son nuestros hijos y nietos. Por eso, si
quieren, subamos el monto de los retiros anticipados al doble, pagaderos en
cómodas cuotas a 10 años. ¿Hay trato? Me convencí que el resto es música… con
minúscula.
Las graves
conclusiones de un estudio
El
estudio data del 2007 -está disponible en el sitio web del Consejo Superior de
Educación- y fue elaborado por
Se
le siguió la pista a una muestra de 488 estudiantes de Pedagogía de 5
universidades nacionales. A ellos se les sometió a una prueba de capacidades al
ingreso de la carrera (en el 2002) y luego a la misma prueba cuando egresaron,
4 ó 5 años más tarde.
Puesto
crudamente, sólo el 64% de los que ingresaron a Pedagogía podía leer un
gráfico: esto mejoró a 65,4% después de obtener un título de profesor. O sea,
1,4%. En el caso de extraer conclusiones de un texto, la educación
universitaria disminuyó la frecuencia desde 61,6% a 57,8%, un extraño fenómeno
de des-educación.
La
conclusión textual del trabajo: "A modo de síntesis, la situación descrita
indicaría que los estudiantes de Pedagogía ingresan a la universidad con
ciertas carencias, reflejadas en sus puntajes de selección, y egresan, después
de varios años de estudio, con las mismas limitaciones."
La
pregunta más inquietante: ¿por qué este estudio no ha generado un escándalo
nacional?
Extraido
y publicado aqui por www.VictorianoSaez.tk
desde "Estatuto
Docente: Una Tragedia Peor que el Transantiago"



















La educación pública en nuestro bello país tiene una lápida....
...que los actuales políticos no están dispuestos a levantar.
La sociedad seguirá cargando con profesionales mediocres y con un futuro absolutamente incierto para el proceso de crecimiento.
No olvidemos, que lo más lamentable del tema, está en la imposibilidad de romper el círculo de la pobreza sin mejorar la educación. Tal mejora no se logra con edificios y material tecnológico que, siendo importantes, no se usan con la debida pericia.
La más grave deficiencia, que afectará el futuro de la educación pública, pasa por la pésima calidad de la mayoría de egresados de pedagogía.
En tanto la educación pública siga siendo un negocio...