Contrastes mexicanos (I)
El otro día pasaba mi esposa por una funeraria. Detrás de una enorme corona de flores por un difunto se leía para el viandante: "se vende tortas de empanizado". No quiero saber de qué estaban hechas esas tortas.
La cultura mexicana está llena de contrastes y eso enriquece un país.
Camino a Holbox
*No hace mucho, camino a la isla Holbox para pasar unos días de tranquilidad pasamos con el auto por un pueblo casi abandonado y derruido en parte. Las casas se caían a pedazos, los boquetes en los tejados eran de concurso y si había casas la mayoría eran de paja. En una de ellas, donde ni siquiera había puertas, pero por lo menos tenía paredes de cemento, vi dos hamacas en el interior que se mecían suavemente. El interior, más de lo mismo. No había casi muebles y todo tirado por los suelos. Al fondo el primer detalle, un equipo de sonido de varias tonalidades y lucecitas con infinidad de bocinas estaba descansando de tanta -seguro- cumbia postborrachera del día anterior. Miré hacia arriba y ahí lo vi, el segundo y mejor detalle: su enorme y brillante antena de Sky que daba imagen a una megapantalla de plasma. Afuera de la casa, dos bicicletas oxidadas esperaban que alguien les hiciera caso o, por fin, las jubilara de una vez por todas.
*Todos los días, camino al periódico, me encuentro el mismo auto-chatarra. Las cuerdas sujetando la cajuela con la ventana trasera; el capó con el parabrisas o el palo que sujeta el cristal delantero para que no venza desde la última vez que se dio un golpe (allá por los años 80) o el tubo de escape amarrado a la placa trasera siempre se cruzan en mi camino. Me sonrío y aplaudo la imaginación, el ingenio para hacer de algo así un auto que funcione a diario y que aguante más que los actuales. Lo curioso es que todos los días se le planta al lado una camioneta Lincoln Navigator conducida por un hombre con guayabera. No se miran, no se sonríen. El contraste ya está ahí. Para qué quieren ahondar más en eso.
Los contrastes son riqueza en cada país y doy gracias a Dios por vivir hoy en un país impresionante, sin duda, el mejor en el que he vivido, que ya han sido varios.







Hola Javier, es cierto cuando dices que los contrastes son riqueza en cada país, lo triste es cuando esos contrastes son producto de la polarización, el odio y el resentimiento como es el caso de Venezuela. A veces siento que mis referencias culturales, sociales, morales son borradas de un plumazo. Saludos de una compañera del diplomado.
Hola javié, coincido en muchos puntos de vista, y creo que son precisamente esas diferencias, por ejemplo entre un fraccionamiento residencial y una colonia de cartón, en las que ni siquiera hay calles con nombre oficial, las que hacen que cada día valoremos lo que tenemos, que notemos las diferencias que hay entre una situación y otra, sin que un aspecto sea mejor que el otro, todo tiene sus pros y sus contras, pero a fin de cuentas, siempre es enriquecedor toparse con las dos caras de la moneda.
Saludos y suerte en el diplomado.
Iraís Valenciano
Dos opiniones muy contrastantes igualmente pero muy ciertas ambas. Creo que toda Latinoamérica o gran parte de ella está repleta de contraste que, para bien o para mal, forman parte de la realidad cotidiana.
Pero igualmente creo que hemos aprendido a vivir con esos contrastes y muchas veces nosotros mismos, sin quererlos, los alimentamos...opino..
Suerte a ambos igual y si tienen tiempo visiten la comunidad armacargada.bligoo.com y escriban todo lo que quieran!
Saludos