Del maltrato al amor de un Hogar de Paso

Como introducción, les comparto el primero de una serie de trabajos sobre las formas como la sociedad empieza a tomar en serio su corresponsabilidad en la crianza y cuidado de los niños y niñas en Colombia. Se trata de una crónica sobre la experiencia de cuidar temporalmente a los niños víctimas de abuso o abandono.
Estrella* se ha quedado inmóvil en sus brazos. Con los ojos abiertos pero fijos en la nada, parece como si estuviese haciendo una reflexión muy profunda de lo que hasta ahora ha sido su vida. El regazo en el que se mece al compás de una respiración y un palpitar sosegados, es como un océano tranquilo que la invita a relajarse confiadamente. Con tan sólo 18 meses, Estrella ha padecido violencias de las que dan testimonio las marcas en su piel. “Lo que más me sorprende es la enorme alegría interior que guarda. Nada ni nadie se la han quitado todavía. Si no fuera por las cicatrices, se pensaría que es la bebé más feliz del mundo”, susurra Leticia, la mujer que con enorme cariño se dispone a arrullarle el sueño a Estrella.
Uno de los principios más significativos del nuevo Código de la infancia y la adolescencia colombiano, es el de la corresponsabilidad; es decir, que la atención, el cuidado y la protección de los niños, niñas y adolescentes colombianos, ya no es una tarea exclusiva de los padres, sino que en ella participan obligatoriamente la familia, la sociedad en general y el Estado. Por eso ese mismo código en su artículo 57, establece El Hogar de Paso como la medida de ubicación inmediata y provisional para un niño, niña o adolescente, cuando se encuentran en situación de amenaza o vulneración de derechos, o cuando no aparecen sus padres, parientes o personas responsables de su cuidado y atención. Antes del nuevo código, estos menores serían llevados a una institución; ahora se privilegia el ambiente familiar como el ideal para la restitución y garantía de sus derechos.
Los municipios, distritos, departamentos o autoridades indígenas, según el caso, son los encargados de la promoción del servicio, la selección y la contratación de las familias que serán hogares de paso. Para el caso de Medellín, hay dos operadores del servicio; uno de ellos PAN, el Comité Privado de Asistencia a la Niñez, que viene desarrollando el programa desde mediados del 2008.
Amar aunque duela
Leticia se enteró por el periódico del programa liderado por PAN, se presentó y tras cumplir con los requisitos y el proceso de selección (ver recuadro de apoyo), recibió el acta que constituía su hogar como un Hogar de Paso. Desde entonces varios niños y niñas han recibido sus cuidados. “Cuando tuve que despedirme del primer niño que cuidé, casi renuncio al programa; me sentí destrozada por dentro. Pero después me di cuenta que prefería aceptar ese dolor que imaginar el dolor que viven tantos niños y niñas, mientras yo me cruzaba de brazos. Muchas de mis amigas y vecinas me dicen que no serían capaces porque se encariñarían mucho con los niños, pero yo les digo que se animen, que la alegría que da tenerlos es mucho más grande que el dolor de regresarlos.” Mientras dice esto, Estrella ya duerme tranquila en sus brazos y uno puede ver cómo ese momento de entrega mutua y generosa, aunque tal vez fugaz, tiene por lo menos un valor absoluto de bondad.
En ese sentimiento Leticia no está sola. Como el de ella, hoy PAN coordina 35 hogares de paso en Medellín. Otro de ellos es el que encabeza Nubia, para quien “el reto más grande es el de adivinar, con los pequeños que todavía no saben hablar, a qué cosas están acostumbrados, qué les gusta comer, dormir, etc... Aunque a la vez, es maravilloso ir descubriendo al ser humano que hay en cada uno”. El niño que Nubia tiene a su cuidado en estos momentos es todo picardía: la hermosa sonrisa de “Pipe” y sus ojos brillantes son muestra de ella, pero también de lo adaptado que está al cariño de Nubia. “A mí también me da duro separarme de ellos, pero me alegra pensar que en adelante, así el niño regrese a su hogar o se le dicte otra medida de protección más duradera, tal vez la vida le vaya a dar más oportunidades.”
En efecto, mientras los niños se encuentran en el Hogar de Paso, la defensoría de Familia (ICBF), en coordinación con la comisaría de Familia y la inspección de Policía adelantan el proceso administrativo de restablecimiento de derechos que investigará las circunstancias especiales de cada caso para poder concluir cuál será la mejor alternativa para garantizar los derechos de los menores. Aunque según la ley, este proceso no debe durar más de 8 días hábiles, en realidad estos procesos están demorando entre tres y cuatro semanas, en promedio. Ello, sumado al desafortunado alto índice de emergencias por mes; más de 50, y al aún pequeño número de hogares de paso disponibles, obliga a que por carencia de cupos, algunos de los niños deban permanecer en los centros de emergencia y otras instituciones, donde si bien reciben los cuidados necesarios, nunca serán lo mismo que el ser acogidos en un entorno familiar.
Una red que se teje poco a poco Así, poco a poco se va conformando un grupo de hogares dispuestos a acoger a toda clase de Estrellas y de Pipes, en ambientes familiares propicios para su desarrollo donde se les brinde, aunque sea por un poco tiempo, el amor que necesitan para crecer, para no perder la confianza en sí mismos y en los demás seres humanos. Ese amor recibido, tal vez los más pequeños ni lo recuerden cuando crezcan, pero seguramente algo quedará en sus almas. En las de los padres de paso, la memoria de cada niño permanecerá seguramente en sus oraciones y en el pedazo de corazón que se robaron para siempre.
* Los nombres han sido cambiados para mantener la reserva de las verdaderas identidades.







Excelente artículo... quedo con muchas, muchas reflexiones...
Un respetuoso saludo
Gracias Wilber y me alegra que te haya gustado. No es sólo por cumplir la tarea que respondo tu comentario; me gustaría conocer algunas de las reflexiones que te generó el artículo, pues estoy escribiendo otro relacionado y tus aportes me serán valiosos. Cuando tengas tiempo, claro! ygracias de nuevo.
Irene, realmente me pareció muy interesante y pertinente tu contenido sobre los niños de Colombia. Allí se destaca la focalización de un tema latente que se ha sobredimensionado por falta de respuestas oportunas. El ejemplo que citas en Colombia con los Hogares de Paso y el PAN, representa la mejor demostración de lo que es capaz una sociedad y sus instituciones, cuando se coordinan a través de la solidaridad y el compromiso verdadero, sostenido. En mi país, Venezuela, el tema es grave. La infancia abandonada a su suerte por una disfunción familiar y social, es denominada popularmente como "los niños de la calle". Es un asunto que surge en tiempos electorales, como parte de propuestas y promesas, pero siempre está allí, sin evolución, como un reproche para todos. Creo, luego de leer tu propuesta, que gran parte de una respuesta eficaz surge de la conexión social responsable y proactiva, sin ataduras ni dependencias conceptuales hacia la paternidad estatal. La historia que cuentas es un drama, pero acompañado por la esperanza y la reivindicación del colectivo.
Irene
Tu articulo es pertinente en el concierto latinoamericano, miles y miles son abandonados hijitos y hijitas, que queda por pensar...adonde estan los que los concibieron?.
Adonde están las instancias de gobierno y esas de las grandes empresas multinacionales que no se comprometen a dar un peso para todos los bebes abandonados…
Muy buen articulo Irene… un problema panamericano…y en el mundo.
Me has tocado directo en el corazón...Que esta después de mucho tiempo a flor de piel...
Mis saludos respetuosos
Eduardo