Cabe
señalar que
Lejos de ser instancia trascendente, o de limitarse a un simple reconocimiento
pasivo de las diferencias, la escucha es ella misma un proceso inmanente al
colectivo, circularidad creadora. Entonces, reenviar al colectivo, que ha sido
escuchado por cada uno, se convierte en darle los medios de comprenderse o,
mejor, de escucharse. No estamos lejos del nacimiento del vínculo social:
escucharse. Los dispositivos de escucha del colectivo son a la democracia en
tiempo real lo que el microscopio de efecto túnel es a las nanotecnologías. Los
medios continúan anunciando las catástrofes y difundiendo las imágenes del
poder. La democracia en tiempo real se apoya en un dispositivo posmediático,
una red de comunicación molecular sobre las prácticas positivas, los recursos,
los proyectos, los conocimientos y las ideas. A partir de esta escucha
continua, los individuos y los grupos que animan la comunidad inteligente
pueden expresar los problemas que estiman más importantes para la
vida colectiva, tomar posición al respecto y formular argumentos de apoyo a sus
posiciones. De esta forma, repitámoslo, la identidad política efectiva de un
individuo no se distingue ya por su pertenencia a una categoría, sino por una
distribución singular y provisional del espacio abierto de los problemas, de
las posiciones y de los argumentos, espacio que cada uno contribuye a trazar y
a volver a trazar en tiempo real.
El acto siguiente de la inteligencia colectiva, el de la organización, consiste
en distribuir funciones y entidades en el seno de la comunidad inteligente, en
compartir las tareas, en reagrupar las fuerzas y las competencias. La
organización se desprende de los actos precedentes. En efecto, la atribución de
roles y la afectación de los recursos, sí deben ser eficientes, es decir
dinamizar procesos y no solo reforzar territorios, debe necesariamente estar
inmersa en un ciclo constante de la escucha, de la expresión, de la decisión y
de la evaluación. Aislada de los actos precedentes, la organización se reduce a
separaciones artificiales, a agrupaciones formales, sin vida, a simples tomas
de poder. La política molecular resiste a la tentación de organizar de manera
separada. Ella sumerge las formas molares de la organización en el ciclo de la
inteligencia colectiva. Desde esta perspectiva, el Estado y las estructuras
actuales de gobierno podrían conservarse, a condición de redefinir sus
funciones: se convertirían en guardianes, los garantes, los administradores y
los ejecutantes de la inteligencia colectiva. La organización contribuye a
aumentar la visibilidad para sí de lo social ya que hace las distinciones y la
localización más fáciles. En particular, la identificación clara de los centros
de competencias y de recursos es un factor importante de legibilidad y de
orientación para los ciudadanos. Entre tanto, la organización favorece pues,
las conexiones y cooperaciones transversales, lo que contribuye a su propio
cuestionamiento, a una desorganización permanente. Texto basado en la Inteligencia
Colectiva de Pierre Lévy.
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