viernes, septiembre 04, 2009
Septiembre, visión de futuro y nostalgias del pasado
Septiembre
ha sido en mi vida un hito recurrente. Seré autoreferente para expresar
un sentimiento confuso que me produce este mes y que quizás interprete
a mucha gente. Mi abuela paterna, Blanca Laura nació un 19 de
septiembre y en mi infancia viví las fiestas que celebraban las efemérides dieciocheras, con desfiles, encuentros familiares, con mi hermosa abuela
recibiendo sus visitas en la casona de la calle Basterrica, en
Valparaíso. Ella falleció cuando yo tenía once años, un 11 de
septiembre.
El 4 de septiembre de 1970, fueron las
elecciones presidenciales que ganó el Presidente Salvador Allende. La
edad no me alcanzó para votar por él, pero, como estudiante de
Periodismo de la Universidad de Chile, pude integrarme al fragor de la
campaña y tuve la suerte de estar esa noche, allí, en Amunátegui,
Santiago, en el Comando Nacional de la Unidad Popular, transmitiendo al
aire en Radio Magallanes, justo cuando se anunció que Allende había
ganado, alrededor de las 23 hrs. Recuerdo que pude dar una breve arenga
a los jóvenes católicos para que nos sumáramos a la vía democrática
hacia el socialismo, antes que Rafael Tarud convocara a los auditores a
la Universidad de Chile donde Allende daría su primer discurso. Este
episodio, vivido a mis 20 años quedó grabado a fuego y fue aquel
septiembre, 40 años atrás, quizás a la misma hora que hoy escribo esta
crónica.
Luego vino el 11 de septiembre de 1973 y de allí en
más, luego de esos 1000 días de los cuales queda tanto aún por aclarar,
el alma de Chile se fracturó y grandes dolores y odios asolaron las
familias, creando desconfianzas y miedos. Historia vieja, pero que aún
se arrastra como pesado fardo. Y quienes vivimos esa época, sin odios,
sin violencias, a cara limpia y a fuerza de ideas y pasión, hoy
sentimos la necesidad de tratar de aportar testimonios para que no se
caricaturice la historia, no se la use para sacar dividendos políticos,
sino con respeto se lea para extraer esas esporas de verdad que
permitan oxigenar esa alma trizada de la Patria para ir adelante en
sinceros esfuerzos de reconciliación nacional. Habrá que asumir que la
sociedad chilena, en sus doscientos años ha ido avanzando de quiebre en
quiebre, con lastimados y olvidados, como los rodriguistas, carreristas
de ese período en que surgía la república; o los balmacedistas, o los
allendistas, amplias generaciones de chilenos que tuvieron que vivir
extensos períodos de invisibilidad por parte de la historia oficial
que, como es sabido, la escriben los triunfadores.
En septiembre
11, pero de 2001, a la apertura del milenio, el atentado terrorista a
las torres gemelas nos escamoteó ese 11 de septiembre de 1973. Luego
por decisión democrática y republicana se le borró de los festivos por
ser símbolo de desunión. Pero, sabido es, que la reconciliación
profunda no habrá de llegar hasta que la solución biológica opere y
pasen los historiadores a recopilar los segmentos que resten para
recrear el siglo XX con visiones y posiciones encontradas, como siempre
ha sido.
Hoy, esta noche, quise recordar el contenido histórico
y vivencial de este mes de la Patria. Y obvio que lo hago con la visión
y ambición de ser parte del futuro, como protagonista de estas primeras
décadas del Siglo XXI. Y el sentimiento positivo que se percibe en
Chile es una gran energía que debe capitalizarse en una impronta
progresista que nos permita creer que podemos hacer las cosas mejor y
no sólo en el fútbol -que hoy nos tiene absortos y expectantes - sino
en todos y cada uno de los trabajos, profesiones, roles, oficios y
responsabilidades que debamos afrontar como personas, ciudadanos,
vecinos y familias, comprometiéndonos con nuestra cuota de seriedad, de
compromiso por superar mediocridades, por ser más exigentes y
empoderarnos para combatir las amenazas que se pueden llamar
corrupción, delincuencia, colusión, monopolios, abusos, y que, en
síntesis, para superarlas, nos exige echar mano a todo el potencial
moral de un país que ha crecido en autoestima, pero que sigue pateando
piedras, que se ha tecnologizado, pero que aún no llega a hacer de las
redes factores de grandes proyectos movilizadores.
En
Septiembre, sigamos apostando por cambiar, partiendo por cada cual, en
su fuero íntimo, de manera que podamos otra vez en Septiembre levantar
banderas transversales, rupturistas, innovadoras, que rompan el hastío,
las inercias y los estatu quo, para dejar que la historia fluya y
aprendamos a estar alegres desde nosotros mismos, generosos porque nos
permite ser mejores, soñadores porque no queremos ser zombies sino
personas.
Buenas noches y buen septiembre.
04 de septiembre de 2009.
Una mirada libre a nuestro entorno



















Un nuevo 4 de Sepiembre, un nuevo 11 de Septiembre y ...
...un nuevo 18 de Septiembre, fechas todas, emblemáticas en la historia de nuestro país.
La primera por ser el día que se celebraban las elecciones presidenciales antes del golpe militar; la segunda por razones obvias con el quebrantamiento del orden institucional y la última, porque pese a ser la fecha oficial de nuestra gesta independentista, sin representar fielmente tal evento, estamos acostumbrados a celebrarlo.
Algún día volveremos al 1° de Enero de 1818. Al parecer nuestras autoridades estiman que es más importante el inicio del nuevo año.
Fijando el tema de las fechas, con cierto temor a equivocarme, pretendo comentar, sin ofender, las palabras de Hernán Narbona.
Resulta conmovedor como una persona proclama sus anhelos e ilusiones para construír una sociedad más justa en medio de lo que fue y es nuestra realidad como país.
En nuestro país previo a la llegada de Salvador Allende a la Moneda, el sectarismo odioso, contingente y agresivo de las fuerzas políticas en disputa había adquirido características casi delincuenciales.
El lenguaje de los contendientes sólo apuntaba a la descalificación del "enemigo político". La guerra fría entre las grandes potencias mundiales aportaba su grano de odio.
El escenario de tres tercios políticos: la derecha tradicional con la derecha económica y extremista por un lado; la centro derecha DC y la izquierda tradicional y extremista por el otro lado, constituían un arco imposible de franquear.
En tal realidad, el candidato Allende triunfó con un porcentaje levemente mayor al 30% del electorado.
En conformidad a la Constitución vigente, el Parlamento en pleno debió tomar la decisión final. Luego de firmado un acuerdo constitucional entre Salvador Allende y la DC, el parlamento eligió al Sr. Allende como presidente de nuestro país.
Con lo anterior, no podemos perder de vista que el electorado "derrotado" bordeaba el 70%. ¿Por qué la advertencia?.
Allende, con su sagacidad política, sabía que sin un acuerdo político con la DC no podría gobernar. Tal acuerdo nunca llegó por la coyuntura que presentaba el PC en la Unidad Popular.
Alejada la posibilidad política de darle "gobernabilidad" al mandato de Allende, era necesario e imprescindible ganarse la adhesión del electorado.
La derecha, en su conjunto, comenzó una campaña feroz en contra del reciénte gobierno. En tal empeño había sectores DC, del clero, de la masonería, de las FF. AA., el sector empresarial, etc.
Lo anterior no era imprevisible. Por el contrario, absolutamente esperable.
Lo paradójico, lo inesperable fue la actitud de algunos sectores al interior de la UP, principalmente al rededor del PS con grupos extremistas de izquierda, los cuales, lejos de atraer a los sectores populares no militantes, se dedicaron a provocarlos, agredirlos y descalificarlos sin medida. Gran responsabilidad le cabe a Carlos Altamirano, entre otros.
Los abusos cometidos al interior de la administración pública, en las industrias y comercio estatizados, en los campos agregados a la Reforma Agraria, cumplieron un papel disociador y de tal tamaño de odio que propició el descontento popular a tal punto, que en los albores del golpe militar un porcentaje importante de la ciudadanía, sin consciencia de su verdadero significado, pedía tal tropelía.
Que los poderes fácticos y la CIA hicieron lo suyo, lo hicieron, pero...
Pese a todo lo anterior, los sueños de Salvador Allende están vigentes.
Es de esperar que sus partidarios no tropiecen en la misma piedra.
gracias por el comentario, quiero acotar algo
En líneas gruesas la descrpción del escenario se acerca a mi percepción de los hechos. Pero hay un eje conductor, inserto en el marco de guerra fría, y es el complor que Nixon y Kissinger iniciaron el mismo día 4 de septiembre en la noche.A partir de allí los crímenes políticos fueron ayudando a que los puentes entre la DC progresista yel gobierno se frustraran. Y contrariamente a su apreciación yo recuerdo que el más disciplinado con el Presidente era el PC y sus peores amigos los propios socialistas, en especial la corriente de Altamirano.Otro gran autogol para Allende fue la extensa visita de Fidel Castro y el efecto de agudización de los conflictos a que llevó su propuesta de vía armada, que era válida para Cuba pero insostenible para nuestra experiencia democrática.
Llegar a una sociedad más justa a través del sufragio resultaba intolerable para la oligarquía de entonces. Los 40 años han cambiado a Chile y el mundo, pero hay valores de progresismo y humanismo que son parte de la esencia democrática y republicana de Chile.
Estimado Hernán, sin ánimo de polemizar....
...sólo como una aclaración, mis palabras apuntaron al desorden, por llamarlo de alguna manera, del PS y sus termocéfalos. Concuerdo con el comportamiento del PC. Con respecto a la visita de Castro, nada que agregar.
Saludos.