Este
sábado 5 de Septiembre, termine por escuchar al tercer candidato a la
presidencia de la republica de Chile, al escuchar a los tres que están en
carrera y son con el mayor porcentaje en las encuestas (Estas encuestas para mi
son carreras de caballos sin carrera). De cierta manera he estado con los tres
y les puedo contar a mis amigos, que quería entregar mi visión de estos
encuentros y ser bien objetivo. Pero un amigo de este bloggers entrega un
comentario en Revista Capital muy certero sobre nuestros candidatos.
En Chile seguiremos bostezando
Comentario de Eduardo
Arriagada.
Parafraseando a Vargas Llosa, el
bostezo da la tónica de los discursos de campaña. Y aunque los lectores y
electores tenemos que resignarnos a cierto aburrimiento, el lado bueno es que
políticamente, al parecer, no tendremos grandes sobresaltos. Por Eduardo
Arriagada.
El
día del triunfo de Obama, decenas de diarios norteamericanos agotaron ediciones
con tres veces más ejemplares que las que habitualmente editaban los miércoles.
Los discursos de Hillary, Obama y McCain habían encendido a los electores. La
pasión que alcanzó la última campaña norteamericana tiene sus antípodas en este
otro extremo del continente.
No hay nada más recurrente que afirmar que toda la culpa la tienen los medios.
Que los problemas de la sociedad chilena son sobre todo el resultado de la
influencia que ejerce la televisión. O que muchas de las limitaciones de la
sociedad contemporánea: violencia, incultura, sensualidad... son
responsabilidad de unos medios que ofrecen “carnaza” del gusto de las masas que
los consumen.
Llevando esta lógica a la arena política, se podría pensar que los medios son
responsables del tono liviano y falto de contenido con el que se desarrolla la
campaña electoral de las próximas presidenciales. Es un hecho que desde la
política “mapochina” parecen envidiables campañas como las de Obama-McCain, o
las que llevaron al poder a Sarkozy, Berlusconi e incluso al mucho menos
vistoso Zapatero.
Sin embargo, creo que los medios en Chile no han hecho más que reflejar lo que
la realidad es: que los tres candidatos no son ni entretenidos ni interesantes.
Ni siquiera peligrosos. De donde no hay, nada se puede sacar... Esta vez no se
puede echar la culpa a los medios, porque qué más quisieran ellos que la
contienda no fuera tan aburrida.
No hay más que prender la televisión o leer una entrevista de Frei para darse
cuenta de que aquí no se aplica “de tal palo tal astilla”. Es decir, que aparte
del apellido, Eduardo (II) poco heredó del líder de la marcha de
Con Sebastián Piñera las cámaras reflejan a una personalidad más convincente
para el mundo de la gestión que para el de la retórica, ya que es completamente
incapaz de mover un pelo de su audiencia. Aparece como un gestor eficiente que
no dice nada de la misión ni de la visión de la empresa. Quizá todavía no saca
a la palestra las argumentaciones que empujarán a seguirlo en diciembre. Lo de
Marco Enríquez- Ominami es diferente, pero no se aleja mucho de la misma tónica
lineal de sus contrincantes con lo recurrente: siempre frases hechas, algunas
ingeniosas y otras provocativas. Pero el estilo sigue siendo simple. Cecilia
Bolocco maneja bien este formato: hablar largo y con coherencia pero sin decir
mucho.
¿No les parece que tenemos el trío menos interesante de los que han disputado
nuestra primera magistratura? La situación de letargo se agrava porque además
ya sabemos mucho de ellos, lo que paradójicamente subraya aun más sus
limitaciones. Y del que menos sabíamos, conocerlo más no parece llevarnos al
interés.
No es primera vez que tenemos candidatos así (de hecho, dos de ellos se repiten
el plato). Lo novedoso es que el grupo sea tan homogéneo en su somnoliento
discurrir. En otras campañas al menos tuvimos en la papeleta electoral a un
José Piñera, a un Manfred Max Neef, al mismo Ricardo Lagos... incluso Michelle
Bachelet suscitaba interés.
¿Dónde están las propuestas, la visión, el pensamiento de los que representan a
Lo anterior no exculpa completamente a nuestros medios porque, de alguna forma,
también son parte del extraño fenómeno que ha terminado por cortar cabezas de
personajes que prometían ser más dotados. Es llamativo ver cómo el sistema
político chileno no deja surgir como candidatos a líderes que sí podrían
argumentar y promover contenidos. ¿Qué pasará que no funcionan los Allamand,
los Longueira, los Valdés?
Algo de lo que alienta o corta las carreras a los políticos seguramente es
resultado de la forma de hacer el periodismo político. En Chile los medios
prefieren transcribir las declaraciones y publicarlas textualmente, entre
comillas. Muchos editores temen que la ideología de sus reporteros contamine
sus artículos y que éstos no reproduzcan correctamente lo expresado. Cuando ni
siquiera un periodista de prensa escrita puede reescribir o resumir lo dicho,
es muy difícil que un medio pueda aprovechar un discurso, lo que termina
desincentivando su uso como herramienta electoral.
Entre la carencia de recursos de nuestros candidatos y la timidez de nuestra
prensa, lectores y electores llegaremos aburridos a diciembre. La nota positiva
estará en que nuevamente no tendremos sobresaltos. Al menos, este sistema es
inmune a las sorpresas que caracterizan las campañas de nuestros países
vecinos, lo que no es poco.
Este comentario ha sido copiado
integramente de Revista
Capital



















bien
Estamos aprendiendo, ve que se puede Pablo....
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Dacba