En sus marcas las candidaturas, marketing y profundización democrática
domingo,
septiembre 13, 2009
En sus marcas las candidaturas, marketing y
profundización democrática
Hablemos de
marketing político. El arte de convencer con empatía a grupos de chilenos que
tienen intereses similares, segmentados por edad, género, nivel de educación,
nivel de ingresos, estructura familiar, religiones, gustos, aspiraciones,
demandas urgentes, sensibilidades, pertenencias sociales, deportivas, culturales
y religiosas.
Las tecnologías actuales permiten desagregar la información de un censo
nacional, de un registro electoral, para manejar millones de datos de las
personas y cruzarlos para identificar miles de aspectos, realizando análisis de
perfiles específicos, reconocer cómo se conforma el mosaico de votantes, de
consumidores, de individuos que actúan en el mercado como consumidores o
usuarios, con diferentes percepciones de la vida, de sus opciones personales,
de sus aspiraciones materiales y espirituales. Las tecnologías actuales
permiten llegar al detalle microscópico de una comunidad nacional, escarbando
en infinidad de segmentos que mantienen afinidades en algún tema o interés
puntual.
De todas estas tecnologías se sirve el
marketing para comunicar integralmente un mensaje convincente de venta,
de adhesión, de seducción, una búsqueda constante de fidelidad hacia un
producto o una marca. Vivimos literalmente bombardeados por las campañas de
publicidad y las acciones de promoción y ventas, estamos en la sociedad de
mercado y todos somos destinatarios directos o indirectos de esas acciones de
marketing. Pero, si trasladamos esta realidad a la política, encontramos la
configuración de mensajes premeditados que enfocan a determinados grupos, con
un ánimo de ganar confianzas, de interpretar intereses y sensibilidades para
ganar su voto. Eso lleva pasos lógicos de cualquier campaña de mercadeo que
busca penetrar un mercado y posicionar un producto o servicio, captando
clientes.
En la pre-campaña que ya hemos vivido en Chile, los candidatos buscaron tomar
posiciones en la opinión pública. Se tenía la experiencia de elecciones
anteriores y el desinterés de la gente obedecía a un clima que se auguraba sin
gran competencia, con un binominalismo aburrido, donde ser nominado por una
coalición aseguraba ganar el cupo que a cada cual le asignaba la regla de dos
bloques que llevaban 20 años compartiendo cuotas de poder. Pero, algo cambió y
el escenario que hemos vivido y que resta por transitar hasta las elecciones
presidenciales y parlamentarias que ocurrirán en cercad e 90 días, ha sido de
gran polémica y competencia comunicacional.
En esa carrera que ahora sí entusiasma
a muchos más votantes, los candidatos han levantado la batería de sus bases
programáticas y han recorrido el país tomando contacto con las comunidades,
retroalimentando sus campañas para forjar propuestas que interpreten a las
mayorías, pero con atención de particularidades propias de diferentes
segmentos. Y de allí en más, las encuestas lo han dominado todo, el
esfuerzo electoral va siendo objeto de múltiples mediciones de la percepción
ciudadana, con construcción de muestras que les dicen a los candidatos cómo va
calando su mensaje, su personalidad, su credibilidad en la gente, que a su vez
se abre por grupos etáreos, por niveles educacionales, ingresos, lugares de
residencia, etc.
En esos grupos hay sectores
intelectuales que esperan un debate de ideas profundas, de sueños de país. Pero
hay otros que esperan propuestas personalizadas que den respuesta a intereses
sectoriales, de grupos de interés que quieren que lo suyo pese y se convierta
en compromiso pre-electoral.
Por lo tanto, los candidatos deben manejarse en la relatividad de sus dichos,
tratando de expresar síntesis que aglutinen ideas fuerza, compromisos que
entusiasmen y propuestas que los distingan, cuestión de gran dificultad cuando
todos casi, se mueven en un denominador común, que mantiene la sociedad de
mercado, con mayor o menor acento en el rol del Estado - desde la subsidiaridad
liberal hasta el Estado Responsable del ala más progresista - pero ninguno
buscando alternativas rupturistas. Las coincidencias son demasiadas y las
diferencias son leves acentos y, lo principal, mantener o cambiar a los que
lleven adelante el gobierno. Por lo tanto, lo que se juega es un tema de poder,
porque más, menos, todos centran su plan de gobierno sobre ejes relativamente
parecidos.
La diferencia medular está entre Piñera
Echeñique versus Frei Ruiz Tagle y Enriquez Ominami Gumucio, en la resistencia
del primero a cambiar la constitución y su esencia autoritaria y neoliberal,
frente a la visión común de los representates del Progresismo de profundizar la
democracia y reubicar el rol del Estado en un nivel de mayores garantías y
mayor descentralización.
Esa diferencia es medular e ideológica y se puede apreciar que a la larga, en
la segunda vuelta, la competencia que ha impreso Marco Enríquez al escenario
político, se convertirá en una gran impronta progresista para evitar una vuelta
atrás, avanzando con correcciones que impliquen corregir defectos de gestión,
erradicando la corrupción venga de donde venga y recuperando la política el
sentido de servicio público que se ha perdido de vista por luchas cupulares por
el poder. El recambio generacional viene y será sano para Chile.
El marketing político es un medio positivo si permite relevar lo que somos como
nación, como mosaico de sensibilidades entrecruzadas, en donde los estancos del
pasado, que nos marcaban ideológicamente como de izquierdas y derechas, hoy se
hacen relativos en la medida que las personas son más libres, más capaces de
optar, de tener opiniones y espacios de expresión en redes que no controla el
sistema oficial y permite entretejer una sociedad marcada por la diversidad,
por la pluralidad, por la crítica constante, como consumidores, como ciudadanos
organizados que buscan más poder para participar mejor en la sociedad, una
civilidad que busca retomar las riendas sociales y evitar que sigan
monopolizadas por los partidos políticos, quienes, a su vez, deberán abrir
compuertas para cambiar los liderazgos para poder refrescar y relegitimar la
política, extirpando tumores de corruptelas que contaminan su desarrollo
democrático.
Quedan 90 días efectivos de campañas.
Los grandes debates televisivos serán trascendentales para que un 14% del
electorado inscrito pueda tomar la decisión crucial que inclinará la balanza.
El marketing político será intenso y es de esperar que sea en fair play para
beneficio de la democracia.
___________________
Atacama, 13 de septiembre de 2009







NO SACAMOS NADA CON PENSAR TANTO
VA A GANAR EL QUE TODOS SABEN
QUE ES LO MISMO QUE GANE EL QUE NADIE ESPERA
SON LO MISMO
TRES AMIGOS INTIMOS DE LA BACHELET
Y TODOS QUEDAREMOS CONTENTOS PENSANDO QUE ELEJIMOS
CUANDO LA VERDAD ES QUE SOLO FUIMOS COMPLICES DE UN CIRCO
QUE VALIDA ATROCIDADES ROBOS Y VANDALISMO A DESTAJO