
El
pasado sábado, hojeando el suplemento "Tendencias" de
Hace algún tiempo trabajé con un troll.
No, no es que haya estado experimentando con hongos fosforescentes o aspirando
pintura serigráfica, si no que el año pasado estuvo en la agencia un redactor,
que en sus ratos libres las hacía de troll. Esos desagradables internautas que
por el simple placer de hacer daño, se dedican a boicotear foros, chats y
blogs, provocando polémicas sin sentido, insultando, desacreditando, injuriando
o llenando de spammers para finalmente asesinar, cualquier tipo de comunicación
o debate. Pueden usar distintas pieles y parecer racistas, clasistas,
totalitaristas, fascistas, comunistas, anarquistas o extremistas, dependiendo
de lo que afecte más a la comunidad que quieren atacar. Generalmente sacan de
quicio a más de un forista. Tengo amigos que no han podido dormir de impotencia
después de ser víctimas de un troll, muchos terminan con una especie de
“forodependencia”, visitando cada veinte minutos el computador para ver cómo
sigue la “discusión”. Por lo mismo, se recomienda no alimentar a los trolls,
para eso sólo hay que obviar sus polémicas, la indiferencia es el mejor
antídoto. Aunque en esa época no sabíamos de su afición, el troll que trabajó
con nosotros era buen creativo, inteligente, rápido y con un humor bastante
cáustico. Pero también muy antisocial y al igual que sus pares de la mitología
escandinava, extremadamente vago. Un día no volvió más a la agencia, fue una
semana después de que su pareja lo dejó, sucedió entonces que el troll se puso
trolo y despechado, subió a la web millones de pixeles con todas las fotos sin
ropa que tenía de su ex polola. Una venganza muy baja, ruin y despreciable,
incluso para un troll. Al igual que Goethe, pienso que “la venganza más cruel
es el desprecio de toda venganza posible”, aunque para muchas culturas, tomar
el camino de la venganza es la única forma de recuperar el honor. Sin ir más
lejos nuestro sistema legal occidental, en muchos casos, no hace otra cosa que
vengarse, a nombre de la sociedad, de quien comete un acto criminal. Pero
también hay venganzas personales que son sutiles, deliciosas. Un amigo que hace
tiempo ya no veo, siempre contaba una historia que, según él, le había pasado a
su prima (aunque después la misma anécdota se la escuché a otra persona, así
que probablemente tampoco sea de él). La mujer, a quien no conocí, estaba
casada con un hombre que siempre salía con un chiste desubicado y machista. Un
día ella tuvo que viajar por trabajo a Buenos Aires. Su marido la fue a dejar
al aeropuerto y cuando ella estaba entrando a policía internacional y frente a
todos los clientes y compañeros de oficina, el marido le grita “mi amor, tráeme
una argentinita por favor” Sólo él se rió. La mujer se embarcó enojada,
humillada, masticando la rabia. Volvió a Santiago un domingo en la mañana, nadie
la fue a buscar. Aprovechando su “soltería”, el marido había organizado un
asado con todos sus amigotes. La mujer llegó a su casa cuando recién estaban en
los choripanes. El bruto sin siquiera saludarla le pregunta “¿y, me trajiste mi
argentinita?” Ella, con la respuesta rumiada por varios días, le contesta “Te
juro que hice todo lo posible” y poniendo las dos manos sobre su guatita lo
remata diciendo “ojalá que nazca niñita poh”. Todos se rieron menos uno.
Recuerdo también un compañero de básica que aburrido de que le hicieran tanta
“burlin” (en ese tiempo no existía el bulling) y cansado de que los bravucones
del curso le robaran sus sándwiches en el recreo, preparó uno especial con las
cosas más asquerosas que un niño de trece años puede encontrar en su casa
(hasta pelos y uñas bien picaditas llevaba el tentempié), también se preocupó
de ponerle harta mayonesa para que la venganza llegara hasta los estómagos de
sus víctimas. Obviamente de nuevo le robaron el sándwich, pero esta vez, los
matones también se llevaron una intoxicación que los obligó a pasar todo el día
sentados en el baño.
Desde el siglo XVIII dicen que la venganza
es un plato que se sirve frío, pero no fue el caso de un director de arte (que
también se dedica a hacer dibujitos para una columna) que durante una comida de
aniversario de la empresa, en un restaurante peruano, y avivado por el sour
catedral y las risotadas de los comensales, se dedicó molestar al mozo, también
peruano, con las típicas tallas chauvinistas; que el pisco, que el cebiche, que
las papas y que hasta el suspiro limeño es chileno. Finalmente los tallarines
que pidió llegaron cuando los demás ya estábamos en el postre, pero el plato no
se lo sirvieron frío, si no que tibio y con mucho más jugo de lo normal. Lo más
probable es con una muestra de ese caldo, hubiéramos podido saber si el
cocinero y los mozos tenían o no diabetes.
“Ojo por ojo y el mundo terminará ciego”
dijo Gandhi y eso fue lo que casi le pasó al redactor troll después de que su
ex, herida por la humillación de las fotos, publicó en todos los foros donde el
ex pololo se dedicaba a insultar, el nombre real y la dirección en la cual
poder ubicarlo. Siembra odio y cosecharas una paliza, aunque finalmente fueron
tres las pateaduras que le dieron en menos de un día. El “redactroll” terminó
en la clínica, con desprendimiento de retina, dos dientes menos y una costilla
rota. Ya lo dijo Nietzsche “En la venganza, como en el amor, la mujer es más
bárbara que el hombre” sobretodo, cuando el hombre a vengar, ha sido tan re
poco hombre
Saludos cordiales a todos los
Atinadores (incluidos los trolls),
R







Un artículo muy interesante..los trolls hacen su trabajo muy bien a veces..pero otras son unos tremendos patosos....ya me he acostumbrado a ellos..incluso les encuentro la parte positiva..hacen que nuestras neuronas trabajen más para así poder esquivarlos y luchar con sus armas..ahora se meteran conmigo otra vez..es que no podré alguna vez callar lo que pienso....un abrazo para ti i otro para los trolls..
Me alegro que le gustara el artículo. Si quiere leer las otras columnas del autor, las puede encontrar en : http://columnasmarcelo.blogspot.com/
Aunque es verdad que los Trolls nos hacen usar más las neuronas y eso a veces es bueno, creo que es mejor pensar menos y dejarse llevar un poco más por lo que sentimos... como dijo alguien por ahí: Usa la cabeza; piensa con el corazón...
Reciba usted los cariñosos saludos de este otro lunático,
R
Interesante artículo. Nos has hecho comprender que la verdadera venganza se funda en la inteligencia, con algún grado de agudeza. En lo último, las féminas la llevan.
Saludos.
Y en cuanto a la venganza, personalmente trato de pasar de ella, para ser merecedor del título de su comentario (lo de bueno, no lo de Troll) y lograr estar en paz conmigo mismo y con mi entorno... Si es verdad que la venganza es un plato que se sirve frío, personalmente me declaro en huelga de hambre (con esa dieta, claro está)
Mis agradecimientos por su comentario y como le dije a mi querida Lunática, si quiere Ud. leer otra columna del autor de la por mí referida, ingrese a: http://columnasmarcelo.blogspot.com/
Saludos cordiales don Enrique,
R