Batalla en Washington por el cambio climático
Tras hacerse esperar como si de
una diva con dolor de cabeza se tratara, el proyecto de ley sobre la lucha
contra el cambio climático llegó al Senado de Estados Unidos.
Aquellos en la industria que creen
que el proyecto dañará la competitividad del país están listos para el combate,
igual que las organizaciones medioambientales que consideran que el plan es
poco ambiciosos y llega tarde.
"Los perdedores serán millones de ciudadanos estadounidense y las compañías del país", asegura el Instituto Estadounidense del Petróleo.
Mientras, otros como Greenpeace
esgrimen que la ley "se queda corta con respecto a las reducciones en las
emisiones que los científicos consideran debe llevar a cabo un emisor tan
grande y rico como EE.UU".
Estos puntos de vista divergentes
reflejan un cisma real en la política estadounidense, que dista mucho del
aparente consenso existente entre las naciones de Europa Occidental sobre el
nivel necesario de recortes en las emisiones de CO2.
Se trata de un desacuerdo que puede
herir de muerte la ley o retrasar seriamente su aprobación, lo que
potencialmente podría eliminar cualquier oportunidad de que se firme un nuevo
tratado sobre el cambio climático en la conferencia de Naciones Unidas que se
celebrará a finales de año en Copenhague, Dinamarca.
Victoria ajustada
La legislación estadounidense
presentada por los senadores demócratas Barbara Boxer y John Kerry, fue
aprobada en
Pero ante la ajustada victoria en
Su llegada a
Este es un encuentro que se supone
debe dar paso al tratado medioambiental global más complejo de la historia.
Muchos creen que la suerte del
proyecto Boxer-Kerry será crucial para las negociaciones en la capital danesa.
"Es fundamental porque es la
manera en que el mundo conocerá cuan serio es EE.UU. en la lucha contra el
cambio climático y qué nivel de esfuerzo está dispuesto a llevar acabo",
señala Jennifer Morgan, directora del programa de clima y energía del World
Resources Institute, organización que lleva tiempo analizando las políticas
medioambientales de Naciones Unidas y EE.UU.
La mayor economía del planeta, que
además es el principal emisor de gases contaminantes y el país que lideró la
oposición a una regulación global durante la presidencia de George W. Bush,
debe convencer a otros, especialmente a los países en desarrollo, de que se
toma en serio la reducción de sus emisiones, ya que sino las posibilidades de
lograr un acuerdo en Copenhague serán pequeñas.
"Creo que en estos momentos los
países en desarrollo consideran que EE.UU. no está mostrando suficiente
ambición", señala Morgan.
"Están esperando a asegurarse
de que hay certidumbre sobre los planes estadounidense de reducción de
emisiones".
Conocido en un principio como
Waxman-Markey, al proyecto de ley para la energía limpia y la seguridad ahora
se le llama Boxer-Kerry.
Los congresistas Henry Waxman y
Edward Markey fueros quienes lo impulsaron en
Más ambicioso
Pero algo más ha cambiado además del
nombre.
El nivel de ambición ha aumentado
ligeramente. Más que buscar reducir las emisiones en un 17% a los niveles de
2005 para el año 2020, ahora espera que sea un 20%, aunque los críticos señalan
que, por varias razones, la verdadera cifra en ambas versiones es inferior.
La ley crearía un mercado
estadounidense de CO2, que se asociaría con el tiempo con otros mercados en el
mundo, especialmente con el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de
Más allá de 2020, la ley contempla
un recorte del 38% en las emisiones en tan sólo una década y el objetivo final
es una reducción del 83% en 2050.
Estas cifras pueden sonar
impresionantes, pero el problema es que las negociaciones en Naciones Unidas
sólo se refieren a los niveles de 1990.
Desde ese año las emisiones de
EE.UU. han aumentado en un 16%.
Así que una reducción de un 20%
sobre los niveles de 2005 tan sólo supondría una reducción del 4% respecto a
los niveles de 1990.
Esa es la razón por la que muchos
grupos ambientalistas, pese a estar satisfechos con que EE.UU. se comprometa a
algo después de los años de George W. Bush, ahora se apresuran a condenar la
poca ambición de los planes estadounidenses.
Para Kieran Sucklin, directora
ejecutiva del Centro para
"Científicos de renombre han
hecho un llamado a reducciones de aproximadamente el 40% por debajo de los
niveles de 1990 en 2020 para evitar una catástrofe climática y, pese a ello, el
proyecto de ley ofrece una reducción del 20% sobre los niveles de 2005",
señaló.
Rechazo
Pero puede que no se alcance ni eso.
Destacados senadores republicanos no
han ocultado su rechazo al proyecto.
James Inhofe, el senador de Oklahoma
que lidera el trabajo de los republicanos en el Comité del Senado sobre el
Medio Ambiente y Obras Públicas que preside Boxer, describe el proyecto como
"una mala opción (…) que nos compromete a cosas para las que no existe
tecnología asequible y confiable".
Cuando
el ex candidato republicano a la presidencia de EE.UU. John McCain fue
preguntado sobre si apoyará la ley, su repuesta fue contundente: "Por
supuesto que no. Nunca, Nunca, Nunca".
Y
la oposición no se limita a las filas republicanas.
En agosto, diez senadores demócratas
escribieron al presidente Barack Obama para explicarle que no van a apoyar un
proyecto de ley que no protege a las compañías estadounidenses de la
competencia de otros países que no tendrán costos extras por la limitación de
las emisiones.
En un intento por conseguir apoyos,
el senador Kerry ha sido el anfitrión de una serie de encuentros que han
juntado a senadores que se oponen al proyecto de ley con científicos del cambio
climático y ambientalistas.
Incluso si estos planes tuvieran
éxito y el proyecto se aprobara, no está asegurado que se haga a tiempo para
Kerry y Boxer están intentando sacar
adelante el proyecto lo mas rápido posible, pero sus oponentes no parecen estar
dándose mucha prisa.
Acusan a los demócratas de omitir
importantes detalles, como la manera en que los derechos para las emisiones
serán asignados, un asunto muy controvertido en el debate en
Inhofe asegura que sin esa
información "los agricultores, las familias y los trabajadores no tendrán
manera de saber cómo les va a afectar".
Los que apoyan el proyecto se enfrentan
a otra dificultad: los demócratas se verán obligados a ceder terreno o tiempo
en la aprobación de la ley para poder aprobar la reforma sanitaria, otro de los
proyectos estrella de la administración Obama.
"Hay una posibilidad de que (el
proyecto) sea aprobado por el Senado a tiempo para la conferencia de Copenhague
y es en interés de EE.UU. que así sea", dice Jennifer Morgan.
En los próximos dos meses, habrá
mucho en juego en Washington, sobre todo para aquellos que creen que se debe
alcanzar un acuerdo global sobre el cambio climático.
Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/10/090930_2354_eeuu_cambio_climatico_jg.shtml






