Cuando la vida es sólo un frágil sueño
Cuando la vida de una persona amada se acaba, los que nos quedamos aquí somos los que sufrimos con fuerza esa ausencia, porque la muerte es definitiva y marca a fuego la gran certeza del nunca más. Tal vez eso sea lo más difícil de asumir.
Nosotros, tan acostumbrados a revertir las malas rachas, a superar los conflictos, a pedir y muchas veces abusar de la palabra perdón, no nos detenemos jamás a pensar que todo lo que tenemos, incluyendo nuestra existencia, es de una fragilidad abismal y que las variaciones entre la luz y la oscuridad son cosa de minutos.
Ante esto, lo que nos queda es aprovechar con intensidad la vida, valorar el tiempo compartido con quienes amamos, cultivar la amistad, romper las ataduras innecesarias, vivir en libertad...
Una vez, ante mi majadera insistencia de buscar pleito sólo por encontrarme de mal humor, una persona me dijo: ¿para qué desaprovechar el poco tiempo que tenemos en pelear cuando es mucho mejor disfrutar la alegría de compartir? Y tenía toda la razón, ¿no es mejor acaso, conversar los problemas en vez de gritarlos?.
Cuesta, de verdad que cuesta hacer este ejercicio de autocontrol cuando se ha tenido un día difícil, pero vale la pena intentarlo porque al final del tiempo, cuando las personas que amamos se van, lo que queda y reconforta nuestro corazón son esos gratos momentos compartidos y el amor que fuimos capaces de entregar.
Aunque la vida sea un frágil sueño, está en nuestras manos hacer que ese sueño sea hermoso. ¡Esa es una tarea para empezar ahora ya!
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02/12/2005 a las 8:56 →
02/12/2005 a las 11:58 →
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