H.M. Como
biólogo me he preocupado de los seres vivos y he estudiado la evolución y así
he comprobado que la nuestra no es una historia de lucha por la supervivencia…
LN. -¿Ah no?
H.M. …Sino de la
conservación y de la solidaridad. El que gana no es el que mata al otro, sino
simplemente el que sobrevive: la nuestra es la historia de cooperación para
sobrevivir.
Y así surge el lenguaje
que nos hace humanos, cuando la sexualidad de la hembra deja de ser estacional
LN -Supongo que se refiere al celo.
H.M. Las demás primates siguen teniendo celo,
pero nuestras hembras ya no son periódicas, así dejan de ser objeto disputable
para convertirse en centros del placer y de la convivencia en el grupo humano.
Y así surge el lenguaje: una coordinación de haceres.
LN - ¿Y el amor? H.M.
Es lo que fundamenta esa cercanía que permite
la supervivencia del individuo y de la especie: e placer de estar juntos, amar.
LN- -Yo pensaba que
usted venía a dar un curso a Esade, una escuela de negocios
H.M. Es que la mayor parte de los problemas de
una empresa hoy se deben al factor humano. Por mucha tecnología que empleemos:
son las personas las que deciden.
LN -¿Y que propone
usted?
- Que se tengan en cuenta esos millones de años
de evolución que vienen a convertirnos en seres que necesitan tener presencia:
ser vistos, ser escuchados. Sin ese placer de ser tenidos en cuenta por el
grupo, nuestra vida se convierte en un sinsentido. Nos duele.
- ¿En qué sentido?
- La
mayor parte de los dolores de nuestra existencia son culturales. Pregúntese
dónde le duele la vida y vera que no es en su cuerpo.
-¿En el bolsillo?
Verá que la vida le
duele en los espacios donde no es visto, en donde está usted siendo negado, en
sus espacios de desamor.
-¿No me duele la
hipoteca?
Mucho menos que no
contar con el respeto de sus compañeros de trabajo o de sus vecinos, de su
familia y amigos. Verá que en el fondo lo que nos mueve a los humanos es esa
necesidad ancestral de ser reconocidos que arrastramos desde el origen de la
especie, porque es la causa de que hoy existamos,
-¿Qué nos reconozcan en que sentido?
- Que nos valoren, que
consideren nuestra aportación al grupo y que nos lo demuestren en su trato con
nosotros. Eso es lo que está detrás de todos, incluso detrás de quien se compra
grandes coches, aviones a reacción o grandes palacios: queremos que nos quieran
por puro mandato biológico -¿Cómo explica eso a la empresa?
- Si a usted no lo
reconocen y le aprecian como ser útil, convertirá su trabajo en inútil. -El
único sentido del trabajo es un trabajo con sentido. Nadie puede convertirse en
mero robot instrumento de los deseos y designios de otro. Tiene usted que
participar como persona en lo que hace y tener responsabilidad. - ¿Por qué iban
los homínidos a cazar?
-Por carne.
No solo por carne, sino por el respeto y el
reconocimiento del cazador. Podían volver sin una pierna o sin un ojo, pero no
sin ese respeto. Porque solo en el espacio en el que se tiene presencia, se es
productivo y se puede convivir con satisfacción. Allí aparece la inteligencia,
la creatividad y el placer de hacer lo que se hace. Así dejamos de ser monos. –
¿Cómo aplica esa
biología a lo empresarial?-
Recuerdo al gerente de una empresa
farmacéutica chilena cuyos directivos le obligaron a iniciar una investigación
para localizar al culpable de un error de etiquetado y despedirlo. Era el
empleado o él.
-¿Qué le recomendó
usted?
Que no hiciera de
policía, sino de empresario y que no buscara culpables, sino razones. Si
buscaba culpables, todos le mentirían por miedo a ser despedidos y tal vez
echaría a un empleado, pero el error seguiría allí. En cambio, si pedía ayuda
para descubrir razones, encontraría apoyo y luego las razones.
-¿Se las dieron?
Descubrió que el error
se había producido a consecuencia de una exigencia de los directivos en el
aumento de producción.
-¿Hubo despidos?
- ¿Para
qué si la causa del error había sido subsanada? Los empleados pidieron
disculpas con honestidad reconocida y se reincorporaron al trabajo de una
manera distinta, porque habían contado con ellos.
Y el efecto es sistémico: si castigas el
error, el próximo se tapa con una mentira, pero no se corrige; en cambio si
respetas el error, puedes corregirlo y aumentar así la responsabilidad de
todos. Pruébelo con niños. Verá. –
¿Y con los sentimientos
funciona? Si no reconoces, no te reconocen sufres y haces sufrir. Una señora
perdió a su hijo, que se suicidó en el laberinto de la sanidad mental. Ella se
consagró a que no volviera a pasarle a una madre: montó una fundación, una
asociación y se puso a escribir un libro? -Entusiasta y ejemplar.
¿De verdad? Yo la sentía desgraciada y le
pregunté por su familia: uno de sus otros tres hijos se drogaba y los otros dos
tenían otros graves problemas, pero la señora había instalado su dolor en el
lugar de sus hijos.-Los había dejado de reconocer. Le dije que olvidara el
libro y la fundación y que mirara a sus hijos: que los reconociera y contara
con ellos. El libro está sin escribir, pero ya no les hace ninguna falta.
Otra entrevista
aparecida en La Nación






