Amigas
inseparables desde el principio de los días, la muerte y yo caminamos cogidas
de la mano.
Me
visita en sueños, me invita a sentarme con ella incluso en la vigilia, en la
acción cotidiana de mis días.
Solo quiere asegurarse de que no le tengo miedo, de que sigo siendo su amiga.
Y
es que la muerte, amigos, se siente muy sola, todos se asustan y pretenden huir
de su frío abrazo. No saben de su oculto calor, ni de su fidelidad amorosa, ni
su extraña ternura.
Ella
vuelve una y otra vez, me comenta, me mira, me dice... y yo le respondo, pienso
en ella y siento. Entonces la acepto, le dejo elegir. No lucho, y acepto mi
condición de mortal, dispuesta a partir en cualquier momento.
Pero
una vez he aceptado, ella se despide de nuevo y se va, seguramente, en busca de
nuevos amigos.
Entonces
me doy cuenta de su eterno e infinito regalo, porque de nuevo tengo que asumir
y aceptar la vida. Y lo hago con gusto, como algo nuevo. Y reviso mis
posibilidades, mis responsabilidades, mis valores.
Y
quiero, con todas mis fuerzas, vivir plena y conscientemente. Y quiero ser
amiga de la vida. Y un día, cuando me visite la muerte de nuevo, y sea la vez
definitiva, no quiero dejar un triste rastro de lamentos. Quiero partir y
seguir mi camino gozoso, en ese misterioso mundo, tan igual, tan paralelo, que
bien conozco, aunque sea en la olvidada trastienda de mi recuerdo.
Y
como tantas veces, tengo que dar gracias a mi amiga la muerte, porque ella, tal
vez sin pretenderlo, me ha ensañado algo de valor incalculable. Me ha enseñado
a valorar, a agradecer, y me ha enseñado a amar la vida y a vivirla más
plenamente. Eso, inevitablemente me lleva a valorar, agradecer y amar la
muerte, con la misma plenitud.
Estoy
convencida de que lo doloroso, en el lecho de muerte, no es morir, si no
descubrir que no hemos vivido. El miedo no es por la separación de lo que
amamos, si no por la propia decepción de aquello que, pudiendo, no fuimos
capaces de amar.
No
duele la muerte, sino el dolor reprimido, el llanto no llorado, la alegría no
compartida, el amor no amado.
Vivir,
es despedirse y encontrarse. Morir, es despedirse y encontrarse.
Acerquémonos
sin temor a conocer, a ser amigos de algo, que al fin y al cabo, es parte de
nosotros y, en cierto modo, inevitable. No hay principio sin final, ni final
sin principio...........
nacemos
para morir



















...morir ?....no....la vida hay ke saber vivirla.....
...caray...akabo de escapar de una pikadura de araña muy venenosa...me dió la influenza y el asunto ke soy asmatica desde niña y todo se complicó de una manera horrible......uff...por poko no salgo..pero lo logré...aún no por completo...pero estoy sanando.....y tengo mucha fé en ke me rekuperaré por completo....así conocí gente muy buena ke se preokupa y reza por uno....así ke .....a vivir...y a enfrentar la vida...ke es dura lo es...pero nosotros somos más fuertes....klaro ke sí.......