ossiel

¿Qué vale más... 1.000 ó 10.000?

El transeunte rezagado lo escucha en la radio. Wall Street celebra. África llora. Cada quien, a uno y otro lado del mundo, tiene sus motivos. En la Bolsa de Nueva York, el índice Dow Jones superó nuevamente la barrera de los 10.000 puntos. Los 'traders' de la Bolsa no recibían una noticia tan positiva desde hace más de aun año. La emoción se cotizó por lo alto. Todo fue aplausos, risas, abrazos. Hubo hasta quien lució una gorra conmemorativa con una leyenda que decía: "Dow 10.000". Había razones de sobra para estar felices: las ruedas oxidadas de la máquina financiera han vuelto moverse. Después de un año de miserias, alguien, muchos, están ganando otra vez dinero. La riqueza ha comenzado a fluir de nuevo en el sofisticado y frio corazón de Wall Street. Y las cosas mejoran para los 'yuppies´de la Bolsa. Gracias a las astronómicas ganancias, están a punto de recibir compensaciones salariales tan altas como las que ganaban antes de la crisis. Aquí no ha pasado nada.

Al otro lado del mundo, mientras tanto, las cosas son a otro precio. África vuelve a ocupar el primer lugar como el continente más hambriento del planeta. 265 millones de seres humanos en ese Continente sufren hoy de hambre y desnutrición, según cifras divulgadas por la FAO. El problema del hambre es mucho más agudo que hace apenas un año. Por causa de la crisis, el número de personas con hambre en el planeta aumentó este año a 1.020 millones (la sexta parte de la población mundial), una cifra que no se veía desde 1970. Más de cien millones de personas entraron a las filas del éjército de los 'sin pan', por cuenta del impacto de la crisis. En Latinoamérica, dice la FAO, borramos en sólo un año todos los avances que habíamos logrado en dos décadas en la lucha contra el hambre.

Y entonces, el transeunte desprevenido se pregunta: ¿qué vale más? ¿10.000 puntos de ganancias o 1.000 millones de hambrientos? Mientras desayuna, se peina, revisa su malacara en el espejo y toma el tranvía, se pregunta una vez más: ¿y acaso quien causó esta crisis de mierda? ¿No fueron los mismos que hoy celebran alborozados en Wall Street? ¿No fueron ellos los que inflaron la burbuja de la mentira y después se la reventaron a todo el mundo en la cara?

Y una vez más, mientras sirve el primer café matinal en la oficina, intenta recordar las noticias de los últimos meses, los enormes titulares del periódico. Recuerda que los grandes dueños del planeta, matriculados en el Grupo de los 7, saltaron de sus camas hace un año, aterrados por el fantasma de la crisis financiera, y de un plumazo decidieron que había que inyectar miles de millones de dólares a los mercados financieros. ¿Qué se le iba a hacer? Una vez más, los niños que juegan a ser banqueros habían hecho una travesura. Pero esta vez por poco incendian el vecindario entero y era necesario apagar el fuego. ¿Se les castigó? Ni pensarlo. De hecho, casi todos fueron salvados de la quiebra con el dinero que debía usarse para construir escuelas, hospitales, carreteras, recreación y alimentos para todos los demás.

¿Pero hubo acaso una cumbre urgente de los dueños del mundo para enfrentar la crisis de la pobreza y el hambre? ¿Se levantaron acaso un día con deseos de corregir el avance incontenible de la miseria? ¿Consideraron alguna vez que los pobres merecen ser salvados de la ruina tanto como los banqueros? Si así fue, el transeunte rezagado no lo supo. Tal vez los periódicos no lo informaron. Entonces, ingenuo, como todos los de su tipo, el ciudadano de a pie se pregunta: ¿y qué pasaría si se tomara un pedacito, tan sólo una parte de los millones de dólares que vienen con los 10.000 puntos de ganancias de Wall Street y se los diéramos a los 1.000 millones de desnutridos para saciar su hambre de dignidad? ¿Se traumatizarán los de la Bolsa por ganar sólo un millón, en vez de dos? ¿Habrá alguien en este jodido mundo con la voluntad política de aplicar el sentido común?

Llega la hora del almuerzo y el transeunte rezagado comprueba, con una sonrisa melancólica, que hoy el bolsillo no aguanta para manjares. Y entonces, un poco canalla, como todos los de su tipo, vuelve y se pregunta: ¿y si pusiéramos a algunos banqueros a aguantar hambre?

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Juan Martínez
dijo :

Muy bueno tu artículo Ossiel.  de verdad que da rabia la injusticia o sea que unos pocos tengan mucho y tantos tengan nada, más aún que para que los pocos sigan teniendo mucho se les auxilió con el dinero de todos y aquí no ha pasado nada (para ellos) y a esperar la próxima crisis.

15/10/2009 a las 23:22
Roberto Acuña
dijo :

Lamentablemente, en este mundo la codicia puede más que la solidaridad. ¡Qué ironía! Fueron al rescate de los poderosos... y ¿qué pasó con los hambrientos? ¡Linda reflexión!!

16/10/2009 a las 17:12
Carina
dijo :

Me gustó mucho tu reflexión. Parece mentira, por lo cínico de este proceso, pero es tal cual. Lametablemente, los poderosos son quienes tienen voz y voto.

20/10/2009 a las 9:11
Karen Fernández Monterrosa
dijo :

Hola Ossiel, es lamentable ver como millones de personas viven situaciones de extrema pobreza y hambre.

Todos luchamos por "sobrevivir" cada día y al fijar la mirada en nuestras metas, olvidamos volver la vista hacia todos aquellos que no cuentan con la misma bendición que nosotros.

Te felicito por tomarte el tiempo para ponernos a reflecionar sobre el tema.

21/10/2009 a las 0:57
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