
Esta vez, aunque les parezca más raro que un chino crespo y rucio, no hablaré de mí, o al menos no algo me haya pasado a mí. Quiero hablarles de las dulces damas de un hogar de ancianos, simplemente conocido como "los años dorados". Original nombre, ¿no?
Ellas todas las tardes del primer viernes del mes, reciben sus pensiones, bonos y subsidios, de mano de los lindos consejeros municipales.
Como deben suponer, entre todas estas señoras tienen más años que una bandada de loros jubilados, pero eso no significa que no sean enérgicas, o tengan claras sus cosas. Una de ellas, la señora Tatito es especialmente combativa y no se deja pasar a llevar, su único punto débil, la platita que no le alcanza ni para una empanada de cebolla.
Era un viernes muy normal, entonces en la fila un anónimo comenzó:
- Señoras, aprovechen, que cuando salga Piñera se acaban los apoyos – dijo el soez desconocido.
- Eso dicen – dijo una tímida viejita pasa.
-Dicen... yo lo escuché el otro día, pero no me acuerdo donde – dijo otra llena de dudas.
- Así no más va a ser – dice la cajera, que es funcionaria municipal.
Entonces comienzan a salir de la nada fotos del candidato y comienzan a ser pisadas como si fuesen serpientes, las señoras están en pánico, ¿todas? No, mi señora Tatito, nada de eso, ella siempre observa, cobra su platita y se va… sabía que se repetiría esta escenita la próxima semana, cuando comenzaran los talleres municipales, así que sonrió y se largó.
Una semana más tarde, todas las veteranas en buzo. Saltando, saltando, saltando. Una instructora más aburrida que chupar un clavo hace su labor, entonces la misma voz de la nada comenzó:
- Con Piñera los planes del adulto mayor se van a terminar – dijo el anónimo incitador.
- Eso escuché la semana pasada – dijo la veterana pasita otra vez...
- Eso dicen – dijo la entrenador, que también es funcionaria municipal.
Así otra vez el pobre Sebastián terminó en piso… pisoteado. Tatito, ah, ella esperó. Sólo que esa vez de regreso en el hogar decidió llamarme por teléfono y me dijo que quería darme una sorpresa. Yo estaba más colgado que los calzones de doña Florinda, pero esperé.
Esta vez era la clase de pintura con números, yo me colé para mirar. El profe se sentó frente a su computador, prendió Facebook, y dejó a las veteranas equivocarse en todas sus pinturas. Entonces también aparecía el anónimo:
- Esto no va a durar – dijo otra vez el ratonil tipejo – cuando salga Piñera se acaba, todos los beneficios para el adulto mayor.
Mi linda señora Tatito estaba ya muy aburrida del tipo y me miró:
- Ahora sí le muestro una obra de arte.
Tomó su cuadro y se lo partió en la cabeza al cobarde. A decir verdad si quedó muy lindo el cuadro, la señora era toda una artista, se ganó un paseo con el hombre más guapo de la cuadra, el buen Simón Paredes.



















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