Éstas son las palabras de un maestro anciano:
"Cuando era joven, me dolía el corazón por la violencia e injusticia de este mundo. Quería con toda mi alma darle un sentido profundo a mi existencia. Quería que, al morir, mi vida hubiera servido para marcar una diferencia en este mundo, aunque tuviera que pagar un precio muy alto para hacerlo. Por eso mi oración era:
"Señor, dame la fuerza y la sabiduría para que mi vida contribuya a mejorar la adversa situación de este mundo."
Después, siendo un hombre ya maduro, me di cuenta que no había podido cambiar nada, que el mundo continuaba igual o peor. Estaba frustrado porque me sentía impotente, entonces modifiqué mi oración de la siguiente manera:
"Señor, ya que no pude cambiar el mundo, dame la fuerza y la sabiduría para ayudar a cambiar a mi familia y a mis cercanos."
Ahora que soy un anciano, me doy cuenta de lo ingenuo y arrogante que fui al tratar de cambiar a los demás. En mi infancia me enseñaron que todos mis problemas eran culpa de otros, que mi felicidad y mi progreso no dependían de mí. Cuan equivocados estaban.
Como derroché mi vida fijándome en los errores de los que me rodean, culpando a los otros de mis problemas, en vez de enfocarme en reconocer y corregir mis propios errores, mi oración ahora es:
"Señor, dame la fuerza y la sabiduría para aprender a ver y a reconocer mis errores, para utilizar mi fuerza y mi poder personal, para ser cada día alguien que sabe crecer y elegir la acción constructiva en vez de la queja."
¿Cuán diferentes serían nuestras vidas, si la energía que hemos gastado en culpar a los demás de nuestros problemas, la hubiéramos empleado en resolverlos?
Poco puedes hacer para cambiar al resto y mucho para cambiar tú mismo.
P.D.: Sólo por hoy elige pensamientos y emociones positivas. Notarás la diferencia.
Paz, luz, libertad y amor en vuestras vidas,
Rolando
Nota: el texto me lo envió una amiga cuyo nombre debo reservarme...


















Muy hermosa filosofía.
Estoy absolutamente de acuerdo con lo que se plantea. La vida hay que mirarla con positivismo y haciendo el máximo esfuerzo cada uno para contribuir a mejorarla a pesar de los problemas y errores que podamos encontrar en otros.
Sin embargo... No podemos desconocer que en el plano social, si han habido mejoras (que sí las ha habido) durante la historia, en la mayoría de los casos han sido mejoras obligadas por aquellos que denuncian errores y por aquellos que han hecho algo por corregirlos. El caso más recurrido es el de los derechos de los trabajadores que han ganado terreno gracias a movimientos que en su oportunidad fueron considerados como alteradores del statu quo. Gracias a personas que incluso dieron la vida, la gente hoy puede descansar más y trabajar jornadas menores que antes y los ejemplos sobran.
A una guagua no se le puede pedir que vea el lado positivo de la vida cuando tiene hambre. Si tiene hambre, entonces toda su vida está siendo negativa y solo cambiará cuando sea cubierta su necesidad.
Esa es la importancia que yo, en mi modesta opinión le asigno a las personas que denuncian errores; estas personas permiten que ellos sean corregidos por el hecho de ser conocidos. Si las cosas malas no se denuncian, entonces nunca van a mejorar.
Por último, denunciar errores no tiene por qué significar que se pierda la vida en ello.
donbaldomero.