
Mi convicción de librepensador siempre ha logrado contraste con los movimientos sociales de los últimos tiempos, es allí donde se encuentra el espíritu de los cambios de un país y es la fuente directa para la declaración o reivindicación de los derechos ciudadanos.
Chile no se queda atrás en este fenómeno y cada vez que creemos que el país está dormido aparece algo nuevo que nos hace tomar conciencia de qué y cómo queremos vivir en esta sociedad. Latino América a lo largo de su historia se ha valido de los movimientos sociales e intelectuales para logra una independencia que los defina con una identidad propia liberada de la influencia de la o las grandes potencias, logrando una autonomía homogénea en distintas naciones, de diferentes formas y de una muy variada lista de lideres políticos.
Los movimientos sociales al principio suelen dar luz a estos líderes de la clase dirigente y les indica el camino de acción para entrar a un apoyo masivo e integrador generando la suficiente y para plasmar ese soporte en el sufragio del voto soberano. No es necesario pasar por una revisión de lo que establece el Constitucionalismo Clásico al respecto pero sus principios son universales en esta materia y no pueden ser sobrepasados.
Actualmente en Chile hay una candidatura de izquierda que enclavo un pacto –nuevamente- con el principal conglomerado político de estos últimos veinte años, la Concertación, la cual fuera de no respetar los principales acuerdos con la Izquierda, también ha sido una de las más largas y maquilladas decepciones en la “Democracia” chilena.
La Concertación y su cúpula dirigente han logrado que el país sea una fuente de riqueza para las empresas privadas y transnacionales en todos los sectores ya sean, Agrícolas, Minería, Sanitarias, Telecomunicaciones, Pesca, Bancos, etc. También han perseguido a los principales actores sociales de este país penalizando sus actos de protesta y reivindicación en todos los sectores con montajes desde la plataforma comunicacional, y proyectos sociales a medias que son un retoque para lo que realmente se negocia tras el telón. Entonces, visto desde el prisma sociocultural en la historia de nuestro país y Latinoamérica nuestros movimientos sociales han estado respaldados en su mayoría por la clase dirigente de Izquierda –a excepción otros países donde existió y existe apoyo desde la centroizquierda-.
Bien, si la historia y los principios socialistas indican este matiz de respaldo entre las elites políticas de Izquierda y los movimientos sociales e intelectuales del pueblo, ¿por que el candidato del Juntos Podemos Más apoya a un conglomerado que más que usar a su abanderado de Izquierda como un títere electoral para captar votos eventuales también persigue y penaliza a sus movimientos sociales desde la oscuridad?, ¿no sería mejor y de manera ejemplar que este abanderado del Juntos Podemos Más presentara una candidatura independiente de la Concertación? Para así no demostrar contradicciones de principios y hechos.
El candidato independiente Marco Henríquez Ominami a mi parecer ha demostrado ese liderazgo, a pesar de algunas ambigüedades o contradicciones pero lo ha apostado casi todo en esta oportunidad, ojalá tuviera las mismas ideas que Arrate pero por lo menos es más auténtico en sus planteamientos y en sus actos.
Cuando la izquierda unida pierda el temor a quedarse sin algún diputado o senador al negarse al pacto por omisión ahí votaré por ella pero hasta el momento ha caído en la contradicción mas grande e imperdonable de todas; apoyar a una candidatura que no garantiza nada y que cada vez más usa el aparataje del Estado para logra fines de partidismos y de cuoteos políticos, negando con este apoyo al fin la legitimidad de muchos sectores de la sociedad que de alguna forma ponen esperanzas en esta elite dirigente, la Izquierda chilena.




















Chestoff ..................
Me gusto mucho tu articulo, felicitaciones, por fin publicaste algo coherente con la realidad, felicitaciones por el chispazo de la neurona, nunca es tarde librepensador, saludos.