
El librero se ve triste, tiene un perro chow-chow amarrado en la
puerta, específicamente amarrado a la manilla,- es mi hija -me dice,
algo anda mal, yo solo cruzo por arriba del perro y lo tomo entre mis
brazos , gesto extraño en mí casi instintivo , él se alegra por unos
segundos, luego vuelve a su mundo ¿Pero qué mundo tendrá entre tanta
mercancía? y de que calaña, (digo por ejemplo “Los justos” de Camus a
un precio que se nota que él sabe cuanto puede ser un precio justo para esa obra , esa es la gracia de un librero, “que sabe”
). Un par de palabras con él, no las suficientes. Hace falta que uno de
esos viejos intelectuales de puerto con mucha jubilación y tiempo libre
llegase para que el librero contara todo su drama, esta por separarse,
esta demasiado triste y el viejo es un sacerdote infalible. Yo solo
escucho desde las estanterías continuas. Un librero esta a mitad de
camino entre un comerciante de joyas y un pequeño intelectual, pero
solo de las contratapas (es mas, saber del libro por las contratapas es
crucial en el oficio del librero, además de agregarle a su antojo
cualquier mérito literario al libro que se vende).
Luego no
tarda en llegar otro librero mas joven pero mucho mas pedante, lanza
frases con un tono taxativo, de hecho en él todo es taxativo, hasta
como toma los libros, con solo dos dedos los voltea rápidamente y los
deja en su lugar , parece saber todo de ellos (no sabe que la gracia de
la literatura es saber que nunca se llegara a saber, la literatura nos
recuerda que nunca llegaremos a todos los rincones de la tinta humana,
que el canon literario es una torta gigante que nuestro espíritu
infantil nunca degustara por completo). El mira que entre mis manos
tengo “Chicago Chico” de Armando Mendez Carrasco un libro mas mítico
que literario, escrito por un ex -paco realista , él mira siempre lo
que uno toma por que quiere hacernos saber que todo lo que uno toma a
él de una u otra forma le pertenece. Le pregunto al dueño que quien
habrá inflado tanto estos libros como para que cuesten tan caros
incluso si están rajados por sus cuatro costados. El librero joven se
adelanta – los Mendez Carrasco .- y así lo nombra “Mendez Carrasco”
como si fuera una especie de auto convertible -, siempre han sido
caros. Fuguet fue el que le dio ese precio al hablar tanto de ellos-le
digo. Fuguet nunca habló de ellos- señaló rápidamente el joven librero.
-Sí por ahí por el año 1995 escribió un reportaje sobre los escritores
marginales , de papel roneo -le contesto silenciosamente deseando que
no me escuche y no en busca de polémica sino de una real explicación de
porque un libro roído y de una edición humilde cueste 20000 pesos. El
librero joven calla, no cree, los “Mendez Carrasco” fueron y seguirán
siendo caros , como las cámaras Nikon o el detergente Drive.
El
joven librero se retira ignorando completamente que el librero mayor-
mi amigo- esta destruido pero lleno de libros imperdibles, a su esposa
no le importa en lo más mínimo que la respuesta a su drama esta en
Flaubert, y a sólo 3000 pesos.
Ahí están los grandes libros, ya
que el librero es alguien que escoge sus libros y aborrece los Best
Sellers (eso lo diferencia de un típico vendedor de libros) aunque
detrás de esa maña intelectual siempre habrá un afán comercial. Hay una
colección completa de Nikos Kazantzakis , también una serie de Giovanni
Papini, las vida de San Agustín y de Jesús de los que recuerdo y
“Cuestiones disputadas” de Thomas Merton , todos pertenecían a un
extraño señor llamado Alfredo Salazar , noto esto por que mientras
escucho las sufridas confesiones del librero sin querer escucharlas ,
me fijo que llevan un timbre con su nombre en las primeras páginas,
orgulloso, reclamando propiedad eterna, además de subrayados muy
precisos, incluso recortes de reportajes sobre el mismo autor del libro
, cuentas de tintorerías y operaciones matemáticas de los años setenta
que guardo ágilmente en mi bolsillo.
Pienso en la tristeza
de una biblioteca viuda , Alfredo Salazar esta muerto, estoy casi
seguro ( o le robaron casi toda su biblioteca algo muy poco probable
para alguien que timbra con su nombre sus libros), ahora sus mejores
libros , algunos extraordinarios y extraños están acá , subrayados,
gastados, solitarios, listos para la venta exótica al intelectual
fatigado, anciano, con pocos años de vida por delante, pero que igual
sigue comprando libros con una energía imparable ¿No será la literatura
nada más que una especie de timbraje orgulloso antes de morir? . Anoto
algunas de esas frases que el extraño personaje subrayó en Thomas
Merton como por ejemplo: “Cuando las
ventanas del monasterio no se abren ya hacia los vastos horizontes del
desierto, la comunidad monástica se ve inevitablemente inmersa en la
vanidad”. También de Rilke tomo un extraño libro de prosa “Historias del buen Dios” que dice cosas como: “¡Qué agradable resulta contar una historia a una persona paralítica!”.
Veo
que la librería es el espacio sagrado que muestra la calma de un día
plagado de notarías. Y estas se ofrecen necesarias a los trámites pero
no puedo mas que horrorizarme ante ese espectáculo de medio día,
absurdo de tan necesario y social. El cielo también cayó por un estado
burocrático. El librero esta siendo abandonado por sus esposa y yo con
mi libreta le robo trozos de su vida desecha, de sus páginas selectas
que a él poco le importan ahora. Y me hago la sencilla pregunta del
fiel que se asoma en las librerías creyéndolas iglesias, para
restablecer la paz destruida en la ciudad llena de hormigueo notarial
¿Por qué “Méndez Carrasco”? ¿Por que el timbre en los libros? ¿Por qué
se acaba el amor cuando uno se rodea de él? ¿Por que el absurdo de
descansar en la sequedad del polvo de una estantería?







Alguna vez fui lector forzado. Después siempre he rehuido los libros y bibliotecas. Ni los libros sagrados los he leído completamente, generalmente me canso en el camino. Hoy el Tony, gilmagesh, u otros comics son mi pasión. Por ello celebro de texto lo siguiente:
... (no sabe que la gracia de la literatura es saber que nunca se llegara a saber, la literatura nos recuerda que nunca llegaremos a todos los rincones de la tinta humana, que el canon literario es una torta gigante que nuestro espíritu infantil nunca degustara por completo)....
Me hace sentir bien, no se por que motivo.
Le critico si a los libros, que cualquier frase que salga de algún nacido y muerto ermitaño sea encadenado al sentido del tiempo de diversos pensador dándole directrices no originales. Me da la impresion que todo ya esta dicho.
Como reflexión saco que el lector (comprador) esta más interesado en la interpretación que en la vida misma que el bibliotecario con sus problemas reales le da. Conocimiento que no logra tampoco salvar al librero de lo que ha de ser, será.
Saludos y suerte