
Bernabé Gutiérrez / Washington D.C jueves, 03 de diciembre de 2009
Tras tres meses de deliberaciones y críticas por la tardanza de la decisión, el presidente Barack Obama ha anunciado el nuevo plan para Afganistán. En un discurso de alrededor 40 minutos en la histórica Academia Militar de West Point dejó claro que Estados Unidos trabajará para que las fuerzas de seguridad afganas se hagan cargo de la situación a mediados de 2011, dentro de la estrategia de salida.
Nombres como los del vicepresidente Joe Biden, la secretaria Hillary Clinton o Karl W. Eikenberry, embajador norteamericano en Afganistán, apostaban por dejar claro que Estados Unidos se centrará en una misión contraterrorista, sin rodeos. Algo que el propio presidente ha reafirmado en la anunciada nueva estrategia al llamar a la región "el epicentro de la violencia extremista practicada por Al-Qaeda".
Sin embargo, el elemento central de la estrategia de salida se ha centrado en el número de tropas. Unos 30 mil soldados serán enviados al terreno afgano durante los próximos seis meses con el fin de dar un "curso acelerado" de entrenamiento a las tropas afganas. Entre ellos habrá unos 9.000 marines y 21.000 soldados regulares. Estados Unidos cuenta en estos momentos con 68.000 soldados en el terreno (un total de 100.000 si se suman el resto de países de la OTAN). Cabe recordar que más de 900 soldados norteamericanos han perdido la vida en el campo afgano.
Este verano el general McChrystal reivindicó un total de 40 mil militares para poder hacer frente a la situación. Así, las disputas han estado centradas fundamentalmente en el número de tropas, olvidando que el Manual de Contrainsurgencia de los coinistas (COIN, contrainsurgencia en inglés), liderado por el general David Petraeus y el ex coronel John Nagl, establece que para el caso de Afganistán se necesitarían unos 200.000 soldados aliados y 400.000 afganos para vencer en aquel país. Además de situar a la población civil en el centro de la operación militar, entre otros. Algo que a día de hoy ya casi nadie recuerda y es que, quizás, los mejores días del general Petraeus hayan pasado, comenta un oficial norteamericano. Incluso recientemente el coronel Gian P. Gentile en la revista militar Paramaters (Otoño 2009) arremetía contra la teoría contrainsurgente de los citados, algo impensable hace unos meses.
El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, ya había avisado durante la semana de que "no hay un compromiso ciego por parte de Estados Unidos". Si bien el presidente sabe que las fechas deben ser flexibles, dependiendo de las condiciones en el terreno, los responsables militares trabajan con fechas que apuntan a mediados de 2011 como "fecha de salida". Lo que debería interpretarse, según los expertos, como que el 2010 será el año clave para la administración de Obama en la guerra. Desde el Pentágono se afirma que el objetivo no es destruir a los talibanes, algo que se considera imposible, sino debilitar a este grupo hasta el punto que sea incapaz de representar una amenaza para el gobierno afgano o dar cobijo a Al-Qaeda.
El sentido de incertidumbre sobre el futuro en Afganistán es palpable en los círculos políticos y militares de Washington. Muchos consideran que Obama está confiando demasiado en las posibilidades de que el gobierno de Karzai tenga éxito. En este sentido el presidente norteamericano comentó: "Como hicimos en Iraq, llevaremos a cabo el periodo de transición. pero debe quedar claro al gobierno afgano que los últimos responsables de lo que ocurra allí son ellos".
Entre los
críticos de la nueva estrategia está, como no podía ser de otra manera,
Francia. "Cada vez que Estados Unidos envía soldados a algún conflicto, la
situación empeora", argumenta un diplomático francés en Washington. Pero
la disputa a la que tendrá que hacer frente Obama no solamente está en el
exterior. El enorme gasto que supone la guerra en Afganistán, en el contexto de
la actual crisis económica, y el hastío sobre la falta de resultados que puedan
presentarse al público norteamericano podría pasarle factura al presidente en
el Congreso de los Estados Unidos. Si bien la mayoría de republicanos ya ha
anunciado su apoyo a la nueva estrategia, el sector duro del partido demócrata,
liderado por Nacy Pelosi, ya ha mostrado sus reticencias al nuevo plan. Estos
críticos expresan su desconfianza por un gobierno afgano, con Karzai a la
cabeza, al que consideran corrupto, impopular e ineficaz. En declaraciones al
Washington Post, el senador demócrata Richard J. Durbin, hasta ahora un aliado
sin fisuras, ha expresado el sentir de muchos de su partido: "El
presidente Obama pidió tiempo para tomar esta decisión. Ahora yo me voy a tomar
cierto tiempo para decidir si apoyo la propuesta que he escuchado esta
noche".
De igual forma, parece demostrarse que la OTAN es incapaz de seguir los pasos
de Estados Unidos en conflictos que requieran soldados en el terreno. El deseo
de Obama, puesto en escena a través de Robert Gates, su secretario de defensa,
era contar con 10 mil soldados de la OTAN. Ésta ya ha asegurado que dará un
total de 5 mil. Algo que en Washington ha sentado como un jarro de agua fría,
ya que ni siquiera el candor de Obama ha conseguido más de los miembros de la
Alianza Atlántica. Incluso el presidente Sarkozy ha comentado al corresponsal
de AFP que Francia no enviará soldados sino "formadores militares".
Angela Merkel no tomará ninguna decisión de envío de tropas hasta la
conferencia del 28 de enero de 2010 que se celebrará en Londres sobre
Afganistán. Canadá, en palabras de su jefe de estado mayor, Walter Natynczyk,
ya ha anunciado que esta país dejará su misión en Kandahar (Afganistán) en el
2011.
En este contexto, e irónicamente, un experto en terrorismo internacional ha comentado al que escribe que los talibanes y Al-Qaeda han decidido posponer la guerra hasta el 2012. Y es que los expertos en contrainsurgencia saben que para vencer en ésta no son suficientes 8 años de fracaso y 1 de éxito.
Quizás tenga razón Rory Stewart (Harvard University y ex oficial-diplomático británico en Afganistán e Iraq) cuando comenta que "Afganistán es una guerra que no podemos ganar porque queremos hacer demasiado", olvidando los principios fundamentales de un ejército: dar seguridad. Y esto es algo que en 8 años no se ha conseguido, como se ha ido señalando claramente en el blog de expertos en contrainsurgencia Small Wars Journal.



















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