El Poder de las Minorías
La decisión que hace un mes tomara el Gobierno de Chile, de quitar la urgencia al proyecto de Ley que deroga la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, es una sólida muestra del poder de las minorías en nuestro país.
Aquella consideración por “los menos”, que podría ser interpretado como signo de robustez de nuestra democracia, opera justo en el sentido contrario en este caso. Y es que esta minoría –representada en el Parlamento por la Derecha (UDI y RN)- en la búsqueda de la maximización de sus beneficios particulares, logra torcer la mano al gobierno y al sentir ciudadano mayoritario en materia de educación, pasando así por encima de la búsqueda del bienestar colectivo.
Los dispares resultados en cuanto a rendimiento y a calidad educacional, no dejan duda –para quien lo quiera ver- de que el actual sistema educacional es altamente regresivo. El “efecto Mateo”, en este caso, es más que evidente. Quienes más tienen (los deciles 9 y 10), son justamente quienes más reciben en materia educativa.
Lo que sistemáticamente ha venido mostrando tanto el SIMCE como diversas mediciones internacionales, es que la idea de crear un cuasi-mercado educacional basado en la iniciativa privada y por cierto, en la búsqueda del lucro, ha sido un fracaso. La cantidad de excluidos y la incapacidad del sistema educacional de nivelar las desiguales oportunidades originadas desde el nacimiento, son evidencia de aquello. Y esto no es sólo un problema de gestión. Es un problema estructural del sistema.
Probablemente desde el punto de vista de la viabilidad técnico legislativa, retirar la urgencia, era la decisión más razonable. El riesgo de que la iniciativa terminara siendo rechazada dado el alto quórum requerido para su aprobación era demasiado alto. Ello significaría quedar en fojas cero en este ámbito, lo que sería impresentable. El gobierno tenía escaso margen de maniobra y tuvo que operar con el consabido criterio de avanzar“en la medida de lo posible”.
El punto es que la captura del Estado en esta materia, tiene consecuencias nefastas. Las vivirán no sólo los niños y niñas educadas en el deficitario sistema educacional, sino que las sufriremos la sociedad en su conjunto: La desigualdad permanecerá y con ello más que en el bicentenario, tal vez recién cuando se cumplan 300 años de vida Independiente, Chile podrá plantearse en serio, alcanzar el desarrollo.
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La lectura que hace usted de los problemas de nuestra educacion es correcta pero la solucion planteada es absolutamente cesgada por su ideas politicas: Para empezar asume sus especulaciones como verdaderas: que UDI y RN viven en la búsqueda de la maximización de sus beneficios particulares y que el gobierno pasa por encima la busqueda del bienestar colectivo,etc... Luego afirma que "...la iniciativa privada y por cierto, en la búsqueda del lucro, ha sido un fracaso..." y todos sabemos que la unica certeza que tenemos respecto a nuestra educacion es que en aquel lugar donde se imparte por lucro es donde mejor funciona. Eso es lo unico que tenemos comprobado hasta ahora como parametro para mejorarla. La desigualdad en la educacion esta dada porque en general la privada es muy buena y la publica muy mala.
Nose... su articulo es una expresion de ideologia mas que una refleccion seria de un tema tan importante
Estimado José Luis,
Muchas gracias por su comentario.Me parece que discrepamos profundamente en varios planos.
En lo epistemológico, mientras a usted le parece posible apelar al “poder de la razón”, a mí me parece que aquello es más propio del siglo XVIII y XIX. Ciertamente mi artículo refleja mi ideología, tal como el suyo y el de casi todos/as los que por aquí circulamos. Quien piense que al escribir, reflexionar o tomar decisiones, opera desde la "neutralidad" y "objetividad", temo que, para su intranquilidad, está en un profundo error. “La Objetividad un argumento para obligar” de Humberto Maturana (1997) es un buen libro que profundiza en aquel tópico, tal como otros que abordan las diversas corrientes post racionalistas, incluyendo, por cierto, la teoría del caos y el principio de incertidumbre.
En esta misma línea, quien piense que utilizando como argumento "las leyes de la oferta y la demanda" opera sólo teóricamente, temo que, también yerra (vuelvo a lamentarlo por la angustia que aquello pudiera provocar). La aplicación de estos postulados, además de una acumulación sistemática de sólidos conocimientos, implica una potente opción ideológica, que sería iluso negar.En el plano político-ideológico propiamente tal, me parece que también discrepamos profundamente. Derivado de ello, tenemos una concepción absolutamente distinta de lo que es la educación. Mientras para usted, ésta es un producto más, que puede regirse adecuadamente por el funcionamiento del mercado, para mí es un bien público, en el que justamente se refleja un fallo de mercado, y en el que es indispensable la regulación del Estado (Véase Stiglitz (2003): “Economía del Sector Público)
Ciertamente allí donde existe el lucro, la educación funciona bastante bien, pero me parece un error argumental o más bien, una falacia no formal de ambigüedad (véase Copi (1999): “Introducción a la Lógica”) generalizar esta situación y plantearla como la solución para toda la educación chilena.
Quienes así lo promueven, parecen olvidar que a la educación privada sólo tiene acceso una minoría de la población; que sus éxitos abismantemente mayores que los de la educación municipalizada, reflejan no sólo una buena gestión educativa, sino la profunda desigualdad social de nuestro país; y, que aquella tiene potentes barreras a la entrada, no sólo económicas sino también familiares, que se plasman luego en los resultados educacionales (recuérdese que la educación municipal no puede negar el acceso a los educandos, cosa que sí pueden hacer los establecimientos particulares, sean o no subvencionados).
Saludos cordiales,
Tito Flores