No
ha terminado. Los dos candidatos obvios irán a la segunda vuelta. No
hay sorpresas, las encuestas lo habían predicho con un margen de error
más que aceptable, no había misterios, entonces ¿por qué siento una
vaga decepción? Habré de votar de nuevo en un mes y repetir el
ejercicio de la democracia que con todos sus rituales de recuento de
votos, de ciudadanos comunes convertidos en vocales de mesa en virtud
del más justo de los azares tiene algo de festivo, algo de alegre y
carnavalesco, aunque ese día se imponga la más rigurosa ley seca; los
chilenos nos apertrechamos antes, sin embargo, las opciones que
quedaron no me convencen: un candidato de derecha conservadora en
contra de un demócrata cristiano. Demasiadas cruces para un anticristo
como yo ¡imagino misas de acción de gracias! Los laicos, los
razonables, los socialistas, la izquierda yace derrotada pactando, por
una parte con la democracia cristiana a la que, por algún motivo
inescrutable y que ya se pierde en la historia, consideran el mal
menor, y por otra dejando a sus electores en libertad de acción o, lo
que es lo mismo, en un desamparo que no puede evitarles.
Las opciones son claras: la primera opción –porque es la primera –es el capitalismo salvaje que representa un capitalista salvaje como Sebastián Piñera. Él es el gran triunfador del modelo neoliberal, el éxito personificado ¿puede un hombre semejante llegar a sentir alguna empatía por los menos afortunados? Cuando nos comparamos con él todos somos menos afortunados. Este hombre habla de labor social, de bienestar para los más pobres y para la aguerrida y obediente clase media que todavía existe jugándose su permanencia en dicha clase mes a mes, pero ¿puede este afortunado macho alfa entender lo que es el sufrimiento de la clase media? Él es de origen “humilde”, hijo de un embajador que, aunque viva como tal a veces, no es un hombre rico, pero las vacas raras veces se acuerdan de que fueron terneros. En su inevitable perspectiva de triunfadores el mundo es justo, gentil. Se creen favorecidos por la providencia porque un hombre que ha sido favorecido por el azar tiende a creer fácilmente en dios. Al menos afortunado, creen ellos, le faltó empuje, capacidad de emprendimiento, trabajo duro o fe en su dios. Es muy difícil que conciban realmente que el sistema es injusto cuando a ellos les ha ido tan bien.
La segunda opción es un diablo conocido, ya fue presidente y tuvo un gobierno gris, golpeado por la crisis asiática. Se dice progresista, pero privatizó las sanitarias, hizo y preparó incontables acuerdos de libre comercio y su ministro de hacienda llamó a los trabajadores, que pedían reformas sociales, a “cuidad la peguita” –el empleo –porque en aquellos tiempos difíciles de la crisis asiática había que dar gracias siquiera de tenerlo. Su amenaza fue más efectiva que las metralletas de la Dictadura. Perder el empleo es como un terror freudiano y se compara a perder los testículos en los hombres y a la violación en las mujeres. Ese candidato clama en su lema de campaña que “vamos a vivir mejor”. No me cabe la menor duda. Efectivamente existe un grupo que va a vivir mejor si es que sale electo, pero creo que yo no estoy en él.
Y bueno, estas son nuestras opciones como chilenos. Un mes más de campaña, de sonrisas, de promesas y de poses ridículas de hombres maduros que tratan en vano de seducir a una juventud que en su mayoría no está inscrita en el padrón electoral, pero cuya minoría inscrita y pobremente educada puede llegar a ser determinante. No habrá propuestas claras, sólo eslóganes, nadie le hablará a la razón, sino a la misma emoción barata de desodorante a la que le han venido hablando hasta ahora… esto es la democracia y esto es mejor que cualquier otra opción. Ya lo sabemos demasiado bien.



















No creo que sea completamente cierto
No creo que sea completamente cierto que alguien que no ha vivido la pobreza no pueda dolerse de ella. Nosotros no hemos vivido el hambre de Ruanda y podemos dolernos de él. El hecho de que no estemos inmersos en ese mundo nos da todas las herramientas para ayudar a ese mundo.
Es totalmente erróneo que sea necesario vivir una situación para actuar conscientemente con ella. Nunca nos han matado para extraernos la grasa del cuerpo y sin embargo nos dolemos de las ballenas. El hecho de no ser ballenas es justamente el que nos da el poder de actuar.
Voto por Piñera porque su capitalismo salvaje, si existiera, no puede de ningún modo ser impuesto. Hay mecanismos de balance de poder: el congreso, la movilización ciudadana, las bases, las mismas coyunturas políticas, y muchos otros.
Voto por Piñera porque me parece que la filosofía de libre mercado, que él mejor encarna, es lo mejor para Chile en este momento, como ha sido lo mejor para tantos países que han sido similares a Chile y hoy son países con poca pobreza y altísimo desarrollo humano.
Nosotros nos dolemos por Ruanda, ...
Nosotros nos dolemos por Ruanda, pero tampoco hacemos algo al respecto ¿por qué hacerlo? Tenemos nuestros propios problemas, en todo caso, ser el mal menor se ha vuelto un título tan peleado... yo estoy en contra de ambos porque sospecho de quien sea que quiera poder, pero no me hagas caso no soy más que un anarko utópico con praxis progre y socialdemócrata... Sólo te pido que votes con la cabeza y que dejes el corazón y las pasiones a alguna chica que lo merezca.
Saludos!