c
En mi barrio dejamos en la puerta dos botellas vacías de leche y veinticinco pesos en monedas de a veinte, luego a las cinco y quince se escucha la campanilla del lechero que comienza su recorrido ubicándose en la casa de la fuente.
Se escuchan las botellas siendo llevadas y puestas en una simpática bicicleta que tiene en la parte delantera unas orejas de ratón, y es que al lechero, el señor Agustín le gustan mucho los quesos y el requezón.
Mi mamá y yo le dejamos de regalo en Lunes, miel de abeja y un tazón de requezón, entonces Don Agustín saluda desde lejos y agita un guante diciendo: ¡Gracias, mis amigas, por la miel de abeja y el requezón!, yo corro desde la cocina para siempre contestarle con una rima que invento yo: De nada, Agustín lechero, regrese pronto, le pedimos por favor.
En mi barrio los niños juegan a serpientes y escaleras, compran dados de colores y se tienden en las aceras sin temor al roba niños o a algún malhechor, las niñas cepillan el cabello de muñecas y hacen intercambio de vestidos cada sábado en la tarde para los domingos de día de campo en el rancho de Don Sincero y su señora esposa la querida Doña Amor.
Dejamos las puertas abiertas y el aire puro siempre circula en nuestros hogares, aquí nadie tiene auto, todos usamos bicicletas, triciclos o somos patinadores, salvo Don Nicanor que es un señor ya mayor y usa una silla de motor.
Del árbol de manzanas de mi casa todos tomamos las que necesitamos, nunca cortamos frutas por nomás puro hacerlo, aquí el ocio no es ningún aconsejador, nos levantamos temprano y en las tardes hacemos la siesta y a la hora de hacer las tareas todos vamos o con Lino que hace clases de matemáticas, o con Flavia que las hace de Español, ellos nos reciben en sus casas con té y galletas con chispas de color, me gusta estudiar con Flavia, siempre he dicho que cuando crezca seré como ella, igual de bonita y buena con los demás, porque aunque Federico es a veces cabeza hueca, Flavia nunca le alza la voz, más bien le mira y le dice quedito: Mira Federico, Vaca no lleba B, sino V de Volador.
En mi barrio que muchos dicen que no existe, la sal es buena y el azúcar mejor, la leche es dulce y el agua es pura, las ventanas son anchas y los corazones no caben de lo grande que son, por eso, regalamos tantito de lo que hay en nosotros para todos juntos vivir mejor y crecer en luz, luz del amor.
Son las cinco y diez, dejaré la leche en la puerta que ya me espera mi madre con el requezón, me pongo las zapatillas, bajo las escaleras y canto, sí, yo canto: ¡que viva el amor!
Jana Regalado.
PD: Inspirado en el post de Tom donde habla de las botellas de leche que veía de niño.



















que magico
increible lo que has escrito, me ha gustado muchisimo...
como rima todo y lo mejor el nombre de don sincero y su esposa doña amor...
muy mágico, me encantaría visitar tu pueblo aunque no soy bueno para la leche pero me gusta el requezón jajajajja.
un beso