A ti, a mí, al universo; a todo lo viviente, a todo con lo que mi ser está conectado, a todo con lo que comparto un vínculo energético-espiritual; al universo de células vivas que en mí y en toda materia habitan, conscientes de sí y conectadas con dimensiones que escapan a mi entendimiento pero que no me interesa realmente entender —prefiero disfrutar de un sistema que no comprendo, pero en cuya bondad y sentido de lo apropiado confío plenamente—, a Dios; a todo-lo-que-es, dedico estas líneas; estos pensamientos que nacen de alguna parte de mi ser.
¿Qué misterios de mi mente y mi consciencia he de develar? ¿Qué es oculto a la luz de mi aprehensión espiritual consciente? ¿Qué parte de mí necesito explorar, portando la potente linterna iluminadora de un corazón que realmente quiere observar y conocer —no juzgar— todo aquello que de mi ser quiere aflorar, y que quizás se halla hasta ahora oculto en algún recoveco de mi psiquis —parte cerebral y parte ánima— entre los intrincados pasajes que he vivido en esta vida, y, quién sabe en quizás cuántas otras más? Pues todas estas experiencias se superponen la una a la otra, formando una sola capa energética que está viva e influye en la actual manifestación de la que soy abiertamente consciente, es decir, la de este ser humano de género masculino, cuyos dedos escriben ahora reflexiones sobre su propio ser. Quiero sujetar una antorcha tan grande, con tanta potencia, que su luz sea capaz de iluminar hasta el más esquivo rincón de mi ser.
Quiero conocerme plenamente a mí mismo, no para evaluar si lo he hecho bien o lo he hecho mal; para nada. Más bien, para amarme mejor, para amar cada “imperfección” y cada “pifia” que pueda tener este ser humano que en realidad ya no quiere luchar por nada, ni quiere alcanzar ninguna meta fija; sólo quiere ser de la manera más plena, vivir impregnado de amor por sí mismo y por toda la magnífica manifestación de la consciencia creadora de la que él y todos somos parte. Vivir sin resistencias ni luchas, más bien relajado y fluyendo con las energías que conforman la existencia en su plenitud. Sin objetivos; más bien con el sentimiento de apertura a todos los potenciales, confiado en que cuando se crea y vive desde el corazón, desde el alma observante y amante, todo no puede ser más que lo más apropiado, (es decir, lo que desde cualquier punto de vista elevado es lo mejor), y la realidad externa se ajusta necesariamente para reflejar una paz, felicidad, y tranquilidad interna que afecta energéticamente a cada molécula de realidad material.
¿Necesita este ser humano mayores confirmaciones de que aquello en lo que en primera instancia por fe creyó, es verdad? Siendo mas preciso, ¿necesito realmente algún tipo de magia rodeada de mundana parafernalia para reafirmar en mi ser la convicción de las cosas que realmente ya no quiero esperar, y que de ellas ni siquiera quiero la certeza de que son verdad, aún cuando no se ven? Creo que puedo decir que he estado viviendo según lo que la Biblia ya ha dicho hace mucho tiempo: Buscad primeramente el Reino de los Cielos (o de Dios, pero al fin y al cabo para mí es lo mismo) y su justicia, y todo lo demás será añadido… ¿qué me dice esto a mí? Que el descubrimiento de nuestra conexión estrecha con el creador, que el conocimiento del potencial de nuestra divinidad manifestada, y la suave y con naturalidad orientación de nuestra voluntad hacia estos propósitos “elevados” llena con plenitud la vida de un ser humano; quiere para mí decir también que ya no es necesario practicar un riguroso ascetismo para sentir nuestros espíritus elevarse y alcanzar esta realidad divina tan maravillosa y enriquecedora; quiere para mí decir que el rostro de Dios está cada vez más cerca, y que ya no pereceremos al contemplarle, pues nos hemos muchos dado cuenta de que diariamente lo vemos reflejado en el espejo, y en las caras de todos los seres humanos y partes vivas de la creación. Citando nuevamente y de forma parafraseada a la Biblia, digo que la creación entera habla a gritos del amor de Dios; al pensar en estas palabras no puedo más que concluir que somos todos parte de Él, y que la manifestación de su intención creadora, de la intención creadora de todos, no hace más que reflejar belleza, armonía, sincronicidad, y sentido de lo apropiado.
...continuará... o no...


















Hola Carlos
Buenos dias desde España, una bonita carta desde el corazón
Mil besos de Maria