EN TORNO A LA INTERCULTURALIDAD
Algunas precisiones: multiculturalidad-interculturalidad-política
En este artículo planteamos que el hecho de comprender cada día mejor a nuestro entorno es una necesidad creciente, para entender el mundo globalizado en el que nos movemos. Los diferentes procesos migratorios, la movilidad constante de los grupos humanos conlleva a que interactuemos sobre escenarios cada vez más complejos. Allí, están presentes diversas variables como las luchas por nuevos espacios ya sea de los inmigrantes, los pueblos originarios, los grupos minoritarios, entre otros que buscan nuevas reivindicaciones.
Nacen así nuevos tipos de discursos que superan a los oficiales y que dicen relación con la integración. Ahora es necesario comprender que trabajamos con nuevos parámetros. Hablamos ahora de interculturalidad, multiculturalidad, conceptos que apuntan a la construcción social a partir de la relación con la diferencia, la interacción con ella. Para efectos de una mejor comprensión y siguiendo a Rodrigo Alsina (1999,74) entendemos “… por multiculturalismo la ideología que propugna la coexistencia de distintas culturas en un mismo espacio real, mediático o virtual; mientras que la interculturalidad sería las relaciones que se dan entre las mismas. Es decir, que la multiculturalidad o pluriculturalidad marcaría el estado, la situación de una sociedad plural desde el punto de vista de comunidades culturales con identidades diferenciadas. Mientras que la interculturalidad haría referencia a la dinámica que se da entre estas comunidades culturales. ” (1)
Obviamente, que coincidimos con Rodrigo Alsina que el problema mayor se presenta al querer entender cuándo estamos frente aquellos aspectos que diferencian culturalmente a una cultura como tal y que nos dan cuenta de su existencia, aún sabiendo que prácticamente todo el mundo en el que estamos inmersos es de carácter plural, por lo que se hace necesario desarrollar diversos elementos de carácter comunicativos que sean interculturales que den cuenta del hecho.
Ahora bien, en el ámbito que con mayor fuerza se inserta esta problemática es en la educación. Esencialmente, la interculturalidad es un tema donde aparecen elementos reactivos tales como la identificación cultural, derecho y diferencia, autonomía/resistencia y nación, razón por la cual el espacio educativo es central, porque va más allá de lo que es estrictamente pedagógico, sino que además en este campo se ve la construcción y reproducción de valores, actitudes, identidades, del poder del Estado. Tal es así, que en los petitorios y demandas políticas, territoriales, sociales, el aspecto educativo es muy fuertemente reclamado. Un ejemplo de ello, son los alcances de las movilizaciones mapuches en Chile, como asimismo en otros países del continente latinoamericano. Esto ha significado una politización del tema y ya la interculturalidad entra derechamente en el ámbito político oficial, porque las demandas no sólo son de carácter étnico-cultural indígena sino que además son un problema nacional. El abanico de la interculturalidad y los espacios discursivos se han ampliado y, evidentemente, politizado. El tardío reconocimiento de las etnias por parte del Estado ha llevado a crear distintas instancias que tomen en cuentas las demandas de los pueblos originarios, lo que ha permitido el acceso a programas de salud y educación ,no obstante, también ha abierto nuevos espacios para el debate y el desarrollo sobre la problemática intercultural, preocupación que también ha ocupado a la academia y no ha dejado indiferente a nadie.
Es necesario, entonces, una política que vaya más allá de la tolerancia a la multiculturalidad, se debe pasar a la política de reconocimiento, es decir, hablar y hacer efectiva realmente la interculturalidad en los términos propuestos por Rodrigo Alsina, que implica necesariamente avanzar, reconociendo al otro en su identidad, con su cosmovisión, con su diferencia. Se debe superar la asimilación cultural que implica generar formas de otorgar “igualdad” para todas aquellas personas que están en disminuidas frente a las culturas mayoritarias; sin embargo, la realidad se ha encargado de demostrar que esta pretendida igualdad es verdaderamente difícil. Se ha pretendido la incorporación del emigrante o del miembro de la etnia minoritaria generalmente a través de programas de tipo educativo, donde lengua y cultura participaban de los currículos del sistema escolar con un increíble desconocimiento de la cultura minoritaria, por lo que no queda para el sujeto excluido más que asimilar para poder participar de la cultura en la que participa. Posteriormente, hemos visto que la situación es aún más compleja, y que generalmente la díada oposicional inclusión/exclusión es una tensión constante .Se habla entonces de conflicto. En el caso chileno, por ejemplo, del Valle (2004) indica “El conflicto se vincula a la migración de comunidades indígenas mapuches hacia nuevos ESPACIOS específicos; y a partir de dicho conflicto surgen las diferencias, como es el caso de la oralidad.” Esto porque es sabido que la oralidad es un factor relevante, pues es una particular forma de ver, reproducir y comunicarse del pueblo mapuche, de igual forma como se representa el mundo. Tan sólo este hecho ya marca una nueva mirada a cómo enfocar las políticas educativas en torno a la interculturalidad bilingüe en Chile.
Nuevas implicancias: comunicación cultural – otredad - espacios
La comunicación es una acción social y esta acción implica actuar sobre y con otro. Por ende, cuando hay comunicación se está actuando sobre/con el interlocutor. A través de diversas formas comunicativas (orales, escritas, virtuales) el sujeto afirma su identidad, construyendo un lenguaje de pertenencia, de afirmación de sí mismo lo que consecuentemente nos lleva a entender que así como pertenezco a un grupo, comunidad, también quedan inmediatamente fuera de este los otros, se excluyen. Esto es por sobre el lenguaje de alteridad ( Augé, 1994) que implica subir un escalón mayor de abstracción, de esfuerzo trascendente al lograr atravesar desde su realidad y reconocer, comprehender al otro distinto de él. Ello por sí mismo ya genera tensión y crisis para el individuo. Y esto de la alteridad tiene que ver con la identidad. Augé ratifica estos conceptos cuando señala que “ No hay identidad sin la presencia de los otros. No hay identidad sin alteridad “ (La Nación Line, 2005).
Entonces, se generan las distancias con aquellos marginados de la cultura mayoritaria, que frecuentemente traen consigo los adjetivos de pobre, inculto, marginal asociado ya al individuo; desde esa perspectiva ya el otro distinto establece líneas de peligro, de enemistad, construye una visión de enemigo. De acuerdo a del Valle (2004) entendemos que en ese momento estamos frente a una línea divisoria, una frontera que no se reduce “a lo geográfico, sino que se extiende a lo cultural, a lo simbólico”. Por lo tanto, “la frontera es un discurso un imaginario productor de sentido y, en este mismo sentido no es un lugar, sino un no-lugar codificado permanentemente como espacio –de-conflicto, presente en todas partes. “ (del Valle 2004). Esta realidad es la que nos enmarca y que nos obliga a establecer nuevos tipos relaciones con el otro, donde ya se actualice la interculturalidad como cultura que supera los aspectos discursos y establece una construcción simbólica nueva, en el que el papel comunicativo y educativo juegan las mayores posibilidades de encuentro.
Es evidente el surgimiento del tema ético, sin embargo, en nuestra reflexión será mencionado tangencialmente, pero no desconocemos la problemática e importancia de esta variable.
Nace otra duda mayor, dónde se encuentra el límite de esta frontera, parece ser una posible respuesta que es aquella donde acuden los espacios públicos simbólicos; quizás sea un primer elemento para acercarse a establecer un proceso intercultural con el otro. Proponemos entender por espacio simbólico público aquel donde cualquier individuo moviliza sus valores esenciales de identificación con su grupo –que no necesariamente de la sociedad mayoritaria – y responde a una necesidad de esa sociedad. Así, por ejemplo, para los mapuches el derecho a la tierra es algo constitutivo de su cultura, pero no sólo porque sea un derecho, sino porque forma parte de la cosmovisión (1) – en el sentido de Cortina (2002)- inalienable de su ser en tanto individuo mapuche, es per se de su constitución cultural, es constituyente en la construcción de su cognición en la memoria de su identidad como mapuche – ; aquello como lo puede ser para toda la sociedad mayoritaria la libertad de expresión, que es un espacio público simbólico compartido por las sociedades mayoritarias como las minorías. Por oposición, a lo anterior, el otro espacio donde se genera la mayor problemática está en el espacio simbólico privado, donde construyo mis visiones del otro, y decido finalmente reconocer al otro como un legítimo otro, o sólo construyo un discurso para el público donde socializo con el otro - el discurso políticamente correcto- pero que no forma parte de mi grupo ni de mi interés porque no me representa genuinamente, por lo tanto, puede haber una práctica de asimilación aunque no de aplicación del discurso realmente intercultural, dado que me invade mi espacio simbólico privado. Otra vez la tensión se hace presente como conflicto; aunque se ha avanzado, reconociendo que esto es así y que desde la diferencia se debe tejer relaciones mixtas donde estos espacios sean moderados por la propia comunidad, independiente de los valores religiosos, culturales propios de la sociedad en la cual se está inmerso.
Notas
1.- Adela Cortina expresa que existen dos formas de ver la cultura. La primera es la que denomina débil y dice relación con el conjunto de costumbres que pueden tener los grupos étnicos, grupos de edad, clases sociales o grupos de similar tendencia sexual y un sentido fuerte: conjunto de pautas de pensamiento y de conducta que dirigen las actividades y producciones materiales y mentales de un pueblo y que pueden diferenciarlo de los demás y que ella define como cosmovisión.Aquel es el sentido de nuestro uso del concepto cosmovisión.
2-. El subrayado es mío.
ISSN 0071-1713
http://mingaonline.cl/scielo.php?script=sci_artext&pid=SOO7117132005000100003&Ing=es&nrm=iso
.ISSN 0071-1713
CORTINA, Adela. (2002). “Ciudadanía Intercultural” en Glosario para una sociedad intercultural. Coord. Jesús Conill. Bancaza, Valencia. Pp. 35-42
DEL VALLE, Carlos. (Primavera 2004). “Comunicación,espacios y migración intra-regional: rito moralidad como formas de contra-poder e intertextualidad “ , Global Media Journal, en español, ,Vol 1, Nº1. Tecnológico de Monterrey, México.‘[citado 27 enero 2007]. Disponible en World Wide Web:
http://gmje.mty.itesm.mx/delvalle.html
LAZOS CHAVERO, Elena. Ideas sobre Identidad, Pueblos Indígenas y territorios. [citado 04 de enero 2007]. Disponible en World Wide Web: http://www.lautonomy.org./CH_ideasIdenterr.pdf








solo no me queda claro una cosa: no se si se enmascaro en el lenguaje analitico sociologico del texto, pero una pregunta realmente importante para mi respecto a la integracion cultural es lo sigte:
si tomamos dos culturas distintas y las ponemos en un mismo espacio real para su desarrollo, como se hace para impedir que estas dos culturas se fundan en una sola, lo que destruiria la diversidad en pos de una homogenizacion? Recordemos que los generadores de cultura son los pueblos diversos y diferentes entre si. Disculpe, quizas fue mi lectura, pero no me queda claro si este texto esta a favor de una conservacion de la diversidad cultural o de la simple fusion.
De antemano muchas gracias y felicitaciones por su interesante texto.
Gracias por leer el texto, me gustan las observaciones, pero en reflexiones posteriores, cada día estoy convencida que los espacios culturales son los que permiten un intercambio en tolerancia, obviamente, igual va a haber un intercambio de costumbres y ritos que eventualmente pueden ser mimetizados por el otro, pero es más que relevante ,dento del contexto de la globalización, conversar lo que nos identifica como culturalmente diferentes.
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Marta López Cea Asesora Comunicacional www.enlacempresarial.blogspot.com www.comunicandomundos.blogspot.com
Si en un mismo espacio actuamos con tolerancia y respeto, en lo social no habrá problema.
Lo cual no significa que cada cultura desarrolle las mismas cualidades para el aprovechamiento de los recursos disponibles.
Debemos ser capaces, en nuestro interior personal, de reconocer nuestras verdaderas posibilidades de desarrollo.
El verdadero tema está en que aquellos que nos "creemos superiores", seamos capaces de demostrarlo otorgando los espacios necesarios para el desarrollo de todos sin excepción.
Estimado Enriqe,
gracias por leer el texto.
Sinceramente lo que tu hablas de "CREERNOS SUPERIORES" viene cuando no hemos reflexionado respecto del otro, es evidente que cuando uno entiende que tiene al frente a un legítimo otro en su naturaleza idéntica a nosotros, no podemos de dejar de comprender que el proceso de desarrollo como seres humanos y ,por ende, social se enriquece notablemente y propicia espacios dialógicos que permiten una convivencia en un mismo espacio.
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Marta López Cea Asesora Comunicacional www.enlacempresarial.blogspot.com www.comunicandomundos.blogspot.com