Las hojas de los aromos se movían de manera armoniosa con la fresca brisa primaveral. Su sincronización es de una naturaleza perfecta, y pareciese que alguien lleva el control de todos sus movimientos: cada hoja lleva un ritmo, cada rama lleva un ritmo, el árbol en su conjunto lleva un ritmo. El color de las hojas había alcanzado el clímax que significaba entonces prepararse para su decanto otoñal.
Estaban recostados en el pasto, uno sobre el otro; sus espaldas en contacto era la superficie perfecta para sentir la respiración del otro.
Ella trata de entender lo que está sintiendo, mientras él no quiere pensar en nada y sólo aprovechar esos últimos momentos.
La tarde muere con facilidad durante las horas felices. Las estrellas, que en esas tierras parecen ocupar más espacio que el propio negro del infinito, aparecen lentamente como un hechizo grandioso hasta brillar enormes y hermosas. Juegan para ellos, dibujando formas en la eternidad, girando en un punto indeterminado.
Continúan uno sobre el otro, pero ahora de manera tal que pueden reflejar sus rostros en los ojos del otro. Ninguno de los dos se permite besos, aunque sus impulsos los llamen a hacerlo. Él piensa en lo bendito de su existencia, y en lo agradecido de las cosas que han llegado a su vida con ella. Su hermosura lo colma y lo ahoga, lo inundan de palabras y caricias que quisiese otorgarle. Ella piensa en lo fortuito de su encuentro, y de algún modo ya no le parece que fuese tan así. No soporta estar sin él, y odia tenerlo cerca y no poder demostrarle su amor.
Entonces él se levanta y le dice que debe volver... "las horas, nuestras horas, son las mejores horas. Pero son sólo horas. Quisiera convertirlas en momentos constantes y eternos. Eso sucede en mi sólo cuando no te tengo, cuando estas lejos y debo recordarte. Entonces una pobre hora en mi mente se vuelve inmensa, me colma de días de felicidad".
Ella no entiende... no entiende...
Se queda allí observando las estrellas y los aromos, la perfección de su Ser. Su belleza esta allí presente, en cada instante, más allá de los segundos, del momento del día en que se los observe, más allá del tiempo... su belleza es permanente e invariable. Entonces ella se duerme, confiada en que él volverá. Y en sus sueños lo entiende. En ese mismo estado se aparece él en el mismo sitio donde se despidieron y ella le grita que ya entiende!
Cuando despierte, ella esperara su regreso allí o tal vez en otro sitio.Puede ser mañana, o quizás en mucho tiempo, pero ella lo ama y sabe que él también. Ahora lo extraña de una forma que no concebía antes, y sabe que él la extraña también.















Alvaro Leon
Yo creo que el amor no sabe de fronteras ni de distacias..pero la verdad es que soy demasiado romántica y eso puede ocultar la verdadera realidad...no es mi caso..pero me gusta escribir poemas de este tema..amores lejanos..y desamores. Me ha gustado leerte. Saludos.