Zarela Pacheco

Otoño Medieval.

Verdes amarillas praderas

dibujadas entre muros de piedras,

respiro aire puro

esa tarde en la era

 

La brisa peina mi cabellera,

agita sus brazos,

poco a poco me estrecha

moviendo los eslabones de mi cadena

 

Llega la calma

y con ella el silencio,

somos tres,

acompañándonos

 

A lo lejos se refleja el castillo

sobre las aguas que lo rodean,

hacen nido las palomas sobre su torre,

y otras más revolotean

 

Y yo aquí esperando

mientras regresas,

huelo los perfumes silvestres

de las flores de azucenas

 

El horizonte llano se extiende

el verde azul se mezcla,

como un manto grácil

el rocío cae sobre la yerba

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