Arturo Ruiz

CONSIDERACIONES TEMPESTUOSAS (Pero no Intempestivas)

 

La modernidad es un logro. Aparecimos en el mundo moderno como un mundo a la mano, pasamos por puertas, encendemos luces y cuando somos responsables las apagamos, escuchamos música, lo que alguna vez fue privilegio de reyes que tenían orquestas a la rivera tocando para ellos la Música del Agua. Casi todos nosotros nos ponemos una banda sonora en algún momento. Escribo esto bajo un telón de baladas de los ochenta, porque esa música me resulta familiar, pues fue la banda sonora de esa juventud que quiero suponer que no ha terminado aún.

 

Mi computadora reemplazó al papel, creo que esta es la séptima computadora de mi vida, es un laptop de una marca que no me paga placement, que ha transformado mi cama en oficina, lo que hace que deba matizar mi sedentarismo con gimnasio. La primera fue un aparato carísimo que compraron mis padres para la casa y que nos peleábamos por usar. Hoy mi mujer tiene su propio laptop, más pequeño que mi gigantesco aparato con pantalla de 17 pulgadas que necesito por la mala calidad de mis ojos y que a ella no le gusta por aparatoso. Cuando tengamos un hijo tendremos que comprarle a su vez el suyo, pero será un gasto infinitamente menor comparado con la colegiatura, el vestuario y la alimentación…

 

Estas conquistas tecnológicas son, sin embargo, menores comparadas con la libertad para usarlas, que fue la base que permitió incluso crearlas. Mi computadora, mis blogs, y todos mis juguetes desde los más vitales hasta los más superfluos están bañados por la sangre derramada de muchas personas que conquistaron para mí libertades que ellos muchas veces apenas alcanzaron a disfrutar, pero nosotros nos olvidamos y creemos, a decir de Ortega, que la modernidad es selva, natural, ente a la mano y un útil que estuvo así siempre, no reparamos en ello.

 

No necesitamos compararnos con un antiguo egipcio medio para darnos cuenta de la magnitud de nuestras conquistas como humanidad, pero que no son nuestras como generación. Ayer en tiempo histórico un hombre tuvo un sueño y hoy hay un negro en la presidencia del imperio, ayer las mujeres alcanzaron dominio sobre sus sistemas reproductivos, ayer se liberó la sexualidad de muchas personas que antes era considerada atípica. Quien cuente con abuelos en su familia y tenga la dicha de que no tengan alzhéimer o demencia senil, puede, de pronto, hablar con ellos e inducirlos al recuerdo. El resto puede leer libros o ver documentales.

 

Todo, sin embargo, se vicia, se corrompe y por eso es necesario que occidente cada tanto pase por alguna clase de revolución para purificarse o más bien para recordar. Recordar que hubo sangre, que las libertades fueron ganadas con esa sangre y con ese fuego y que no son “naturales” en sentido de selva, de algo dado por la naturaleza, sino que es algo ganado a la misma y también a intereses mezquinos.

 

Cuando se piensa en esto, debiera surgir un cuidado, una pre-ocupación en un sentido similar o derivado acaso de la filosofía de Heidegger, por todo aquello que consideramos a la mano y dado, el recuerdo de que fue una conquista, y sobre todo, una conquista precaria que de pronto puede sernos arrebatada por poderes que crecen porque los consideramos absurdos. Debiera surgir también algo así como la esperanza: podemos ser tan sabios como lo fueron nuestros ancestros, somos los hijos de los sobrevivientes, de los ganadores y tenemos la ventaja del camino recorrido, la experiencia de generaciones, sin embargo, ante la ausencia de ese cuidado surge más bien el olvido  que se transforma en negligencia y en “ombliguismo”.

 

Nada hay más absurdo que el individualismo de nuestro tiempo, al punto de que John Nash lo demostrara matemáticamente y le dieran el Nobel por ello. El individuo actual no es el hombre pindárico –que llega a ser el que es –sino  una suerte de ser en serie encerrado en sí mismo, ignorante u olvidado de su participación en la historia como sujeto histórico.

 

“Esto nos lleva a apuntar en el diagrama psicológico del hombre-masa actual dos primeros rasgos: la libre expansión de sus deseos vitales — por lo tanto, de su persona y la radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia. Uno y otro rasgo componen la conocida psicología del niño mimado. Y en efecto, no erraría quien utilice ésta como una cuadrícula para mirar a su través el alma de las masas actuales. Heredero de un pasado larguísimo y genial — genial de inspiraciones y de esfuerzos — el nuevo vulgo ha sido mimado por el mundo en torno. Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser de que todo le está permitido y a nada está obligado. La criatura sometida a este régimen no tiene la experiencia de sus propios confines. A fuerza de evitarle toda presión en derredor, todo choque con otros seres, llega a creer efectivamente que sólo él existe, y se acostumbra a no contar con los demás, sobre todo a no contar con nadie como superior a él…” Ortega Y Gasset La Rebelión de las Masas

 

Hedonista e irresponsable suele ser candidato a la depresión porque constantemente se frustra al no obtener lo que desea. Morando exclusivamente en lo cotidiano realmente cree que no depende de nadie, que todas sus libertades y comodidades son selva y se vuelve entonces masa.

 

He tratado de alejarme de la masa, de no ser masa y de vivir de acuerdo ideales más nobles en los que, tal vez, no podamos llegar aquí más que a un acuerdo general de lo que esa nobleza sea, pero ese acuerdo bien puede ser suficiente para nuestros propósitos actuales:

“Esto es la vida como disciplina — la vida noble. La nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones, no por los derechos. Noblesse oblige. “Vivir a gusto es de plebeyo: el noble aspira a ordenación y a ley” (Goethe). Los privilegios de la nobleza no son originariamente concesiones o favores, sino, por el contrario, conquistas. Y, en principio, supone su mantenimiento que el privilegiado sería capaz de reconquistarlas en todo instante, si fuese necesario y alguien se lo disputase…”(Ídem)

 

Las libertadas ganadas, son, para quien ha optado por ideales de este tipo, conquistas que quiere hacer suyas y es por eso que lucha por un progreso que no es una ley natural, sino una conquista en una batalla que no ha terminado, aunque a diferencia Goethe, aspiremos a la superación de la ley… La voluntad de no engañarse, de descubrir lo verdadero o en su defecto desenmascarar mentiras y de crear forma también parte de todo esto.

 

Facebook -mi participación allí -surgió del puro pathos, Desde la absoluta… de un consejo que me dio un amigo que me dijo que pasaban cosas en la red y no se equivocó al aconsejarme el blog como una forma de mostrar mi trabajo, lo cual creó además un espacio aparte dedicado exclusivamente  a las ficciones llamado Lado B en donde se aspira a regresar al papel originario por una vocación tal vez demencial. Pero tras todo esto hay una preocupación auténtica, después de todo, si la pluma fue más poderosa que la espada, esperemos que el teclado sea más poderoso que la armas de fuego, y tratemos de hacer algo… el tiempo nos obliga a que casi todas nuestras decisiones sean apuestas sobre lo incierto. Cuando no es posible develar lo desconocido a tiempo, apuesto siempre a la autenticidad.

 

Todo lo escrito aquí tiene ese sentido, inclusive aquellas notas extrañas y metafísicas que parecen académicas y que nadie prácticamente entiende, pero que son necesarias en la elaboración de este discurso, o al menos yo, en mi libertad de autor creo necesarias. La retroalimentación por parte de unos y otros es siempre bienvenida, pero ciertos comentarios racistas y regresivos no serán tolerados: son los pensamientos del hombre masa de los cuales queremos escapar a toda costa. Cierto es que debemos respetar el derecho de expresión de todos, pero esas personas tendrán en dónde expresarse y no permitiré que lo hagan so pretexto de escritos que tienen un fin bien distinto.  No he querido hacer de esta una expresión baladí y he querido que mi explicación fuera ocasión de algún tipo de reflexión un poco más profunda… para variar son apuestas, no se sabe lo que se logra o no, pero, concédanme al menos que hago el intento.

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