La Insolencia de la Clase Política
Enviado por Amado de Mérici
el 10/09/2007 a las 3:25
En La Nación del domingo 9 de septiembre, Fernando Gaspar, en su columna, trata de explicarse el estado actual de la derecha chilena, en particular de la derecha autoritaria que representa la UDI. Le asombra la ausencia de reflexión política, "la tendencia a utilizar la descalificación personal, la ofensa pública y la denuncia sin fundamento", que es un estilo que cultivan sus políticos. También, dice Gaspar, a esta derecha le siguen resultando incómodos "los temas de derechos humanos", y continúa ejercitando "el arte de la denuncia efectista y sin fundamento".
Así las cosas, dice Gaspar, parece evidente que podemos anticipar un quinto gobierno de la Concertación. Gaspar no se equivoca. Esta actitud de la extrema derecha ha sido censurada y rechazada repetidas veces por la opinión pública, que es la razón que explica porqué los errores de gestión del gobierno no redundan en beneficios ni puntos políticos para la derecha. En las encuestas, y se viene repitiendo esta situación desde hace más de medio año, baja la apreciación de los ciudadanos en cuanto a la gestión de gobierno, pero al mismo tiempo desciende la aprobación de la oposición. Una de las críticas más frecuentes es que la derecha crispa e irrita la vida política sin que sea evidente el sentido de esta estrategia. Quizás debilite al gobierno, pero la opinión pública la rechaza y, en realidad, termina debilitando a la propia derecha. Produce una cacofonía estridente sin objeto alguno, fútil, llena de acusaciones huecas y exageradas, muy parecida a la igualmente desdichada oposición de la derecha al gobierno socialista español. Obliga a los ciudadanos, y a políticos y funcionarios, a un permanente desgaste en pequeñas odiosidades, rendición de cuentas o inútiles o insignificantes. Gaspar tiene toda la razón. Lo más sorprendente, creo, es que pese a la irritación de la opinión pública, pese a la pérdida de apoyo en amplios sectores de la ciudadanía, pese a la futilidad de muchas iniciativas, la derecha autoritaria, y la presuntamente liberal, insisten en continuar esa estrategia, que creen que es una estrategia de desgaste. Más rechaza la ciudadanía la gestión de la oposición derechista, más se emburra y persiste ésta en el griterío, los aspavientos y los desdenes desmelenados. Y es esta conducta la que me sorprende. ¿Cómo pueden actuar de este modo esos políticos pese al generalizado rechazo de la población? ¿No tienen interés en que las cosas cambien? ¿Les deja indiferentes lo que piense la ciudadanía? ¿Les tiene sin cuidado llegar legítimamente al palacio de gobierno? ¿O, según decía un conocido comentarista político, no les interesa ser gobierno porque la Concertación, que gobierna para las neoliberales clases ricas, lo ha hecho muy bien estos últimos veinte años -quizás mejor que la derecha misma, que representa naturalmente los intereses de esas clases? Pero esta actitud de arrogancia, indiferencia, desdén e insolencia no es monopolio de la derecha. Lo comparte también el gobierno socialista o concertacionista. Hoy mismo hemos presenciado una nueva muestra del autoritarismo y arrogancia del gobierno cuando prohibió que los manifestantes que rendían homenaje a las víctimas de la salvaje dictadura pasaran por la calle Morandé, que es la calle donde está la puerta por donde salieron las primeras víctimas de ese régimen. Es difícil imaginar una decisión tan bruta e insolente. La presidente tomó una lamentable decisión. Aunque sólo fuera por razones simbólicas, el palacio de gobierno, lo mismo que las calles adyacentes y en realidad todas las demás, pertenecen al pueblo, no a las autoridades. Ningún criterio, ninguna argucia, ningún truco de circo puede ocultar lo que es obvio. Simplemente no corresponde que el gobierno se arrogue ese derecho, sea o no parte de sus competencias. Y la argumentación del gobierno, ciertamente, es una increíble insensatez: dice que prohibió que los manifestantes pasaran por esa calle porque el año pasado un agitador anarquista arrojó una bomba incendiaria que quemó una de las ventanas del palacio. Un argumento francamente burro. El gobierno también olvidó algo más: el palacio de gobierno es donde encontró la muerte Salvador Allende, que sigue siendo el presidente de los chilenos de bien. El palacio es también un templo, por decirlo así. Y en la plaza de ese templo hay una estatua del presidente de Chile, al que los manifestantes querían rendir homenaje por su lucha por el bienestar y la dignidad de las clases pobres. No pudo ser. Lo impidió un gobierno socialista. ¿De dónde proviene tanta arrogancia y tanto desprecio por el pueblo por el que Salvador Allende dio su vida? ¿Y cómo entender esta actitud en políticos que son tan surrealistamente miembros del mismo partido que el presidente Allende? Esta actitud insolente ya se había advertido cuando las negociaciones en el parlamento para el aumento del salario mínimo, antes de la súplica de monseñor Goic. En esos días se acercó a los políticos el dirigente sindical Arturo Martínez a pedirles que consideraran aumentar el salario mínimo a 180 mil pesos. Imagino que Martínez no llegó más allá de las puertas del palacio, si es que pudo llegar hasta allí. Su petición fue rechazada y ridiculizada. Los políticos se pusieron de acuerdo entre ellos, y posteriormente se felicitaron amplia y públicamente por el buen resultado de las negociaciones. Así es rico hacer política, llegó a decir la señora del palacio. Los políticos habían acordado, entre gallos y medianoche, que subirían el salario mínimo en unos ocho mil pesos, de 135 mil pesos a 144 mil pesos, algo así como el diez por ciento. Se felicitaron en todos los tonos en lo que era evidentemente un abuso que para los católicos se hizo obviamente intolerable. Aparte de este bochornoso espectáculo, a ese diez por ciento habrá que descontarle el 3.4 por ciento de inflación de 2006 y la inflación acumulada en 2007, que sabemos que va en un cinco por ciento. En otras palabras, el aumento salarial se reduce en realidad al 1.6 por ciento del salario. Una verdadera vergüenza. Y cuando los católicos, encabezados por monseñor Goic, reclaman contra esta patente y escandalosa burla, el gobierno, en lugar de actuar, nombra una comisión de casi cincuenta miembros que deberán, ellos, de aquí a unos meses (que se volverán años), proponer al gobierno un proyecto de reforma salarial, todo lo cual es una iniciativa espúrea, habida cuenta que en dos años ya tendremos nuevamente cambio de gobierno. Y sorprendente es que en esa comisión oficial no hay dirigentes sindicales ni pobladores ni trabajadores contratistas ni niños explotados y abusados, ni asesoras del hogar, en fin, nadie de esas clases sobre cuyas necesidades un grupo de señorones y señoronas diplomadas y bien pagadas deben decidir cómo deben mejor satisfacerlas para no morir de hambre y abandono. Porque en Chile, espantosamente, los trabajadores no escapan de la miseria con su trabajo, sino que trabajando se hunden más en ella. Dice Gaspar refiriéndose a la extrema derecha y a la conducta que explicamos al principio de este escrito (de insolencia, arrogancia e indiferencia hacia la ciudadanía), que esta conducta se explica porque la derecha permanece "aferrada al banco de los resentidos con la libertad y la democratización en la sociedad chilena", porque sus políticos sienten nostalgia por la dictadura y porque creen que sería mejor que en Chile no cambiara nada nunca. Yo tiendo a pensar que esta actitud, que, como digo, comparten derecha e izquierda, gobierno y oposición, no puede explicarse solamente de este modo. Tratándose de un mal que afecta a la clase política en su conjunto, debe haber una sola explicación para esta insolencia. Y me parece evidente que la explicación reside en que Chile es un país sin democracia, donde los políticos y partidos de los dos bloques establecidos se repartirán siempre a su buen entendimiento no solamente los recursos del fisco, sino también y eternamente todo el poder que se permitan. Porque los legisladores que tendrán los chilenos son, en lo que los políticos llaman el sistema político chileno (el sistema binominal, que no sé dónde en el mundo es reconocido como democracia), conocidos de antemano y serán perpetuamente los mismos. Así se explica que no les interese en absoluto ni lo que piense la ciudadanía en las encuestas ni cómo voten los chilenos en las urnas, porque los resultados de las votaciones son irrelevantes para la clase política. Veamos un ejemplo. De los 38 senadores que tiene Chile, sólo 19 son elegidos. Los otros 19 son designados por el sistema. ¿Curioso? El régimen político establece que, presentadas dos listas o pactos o conglomerados o bloques, si en una circunscripción electoral (Chile tiene 19) la primera mayoría electoral la obtiene digamos el Pacto 1, el segundo candidato elegido (porque cada circunscripción sólo elige a dos legisladores senatoriales, por ejemplo) es automáticamente el primer candidato del Pacto 2, irrespectivamente de la votación efectiva, a menos que el segundo candidato del Pacto 1 doble la votación del primer candidato del Pacto 2. O sea, si en las próximas elecciones legislativas la población elige propiamente a 19 candidatos, y si estos candidatos son del Pacto 1, los otros candidatos designados serán 19 candidatos del pacto opositor o Pacto 2. Así se anulan efectivamente los resultados en las urnas. Poco importa cuántos ciudadanos voten. Esos resultados serán siempre así, nada puede cambiarlos. Voten cinco millones o diez mil, los resultados serán siempre invariables. Y aunque la posibilidad de incluir un tercer pacto existe en la ley, es de todos modos igualmente ridículo, porque el candidato del Pacto 3 también se enfrenta a los mismos mañosos e insuperables obstáculos. Obviamente, es una democracia manipulada por un payaso atormentado. Y en este caso se trata de un tenebroso personaje, porque esta extraña y kafkiana democracia, la inventó nada menos que el general comunista polaco Jaruselsky cuando intentó limitar el poder de los sindicatos del país en 1981 y perpetuar en el poder a los comunistas. Con este sistema se ha formado una poderosa clase política que comparte intereses muy precisos de supervivencia. Los escaños de los partidos de gobierno y los escaños de la oposición están asegurados por siempre. Bien podrían los chilenos votar una sola vez en la vida, pues nada cambiaría. Y poco importa por quién voten los ciudadanos, porque si votas por el candidato 1, el sistema te impone al candidato 2, tenga o no tenga votos. Y si votas por el candidato 2, el sistema te impone al candidato 1. Dice la extrema derecha que este sistema garantiza la estabilidad política de Chile. Vale decir, les asegura el poder político eterno y una buena tajada del erario público independientemente de la voluntad de la población, porque si el sistema fuera una democracia normal, como las que conocen los países civilizados del mundo, es muy probable que la extrema derecha desaparezca simplemente del mapa político chileno. En Chile los políticos han conformado una clase aparte. Fijan alegremente un salario mínimo de hambre (144 mil pesos) para el pueblo trabajador y casi 15 millones para ellos mismos (aunque finalmente sólo se metan al bolsillo cinco millones). Un legislador en Chile gana 104 veces más que un trabajador; en el mejor de los casos, 34 veces más. Y, oh portento y milagro, los payasos se fijan ellos mismos el salario, mientras que el de los trabajadores lo determinan los patrones en, como sabemos, alegres tertulias con los legisladores que el buen pueblo cree que elige. Entonces se explica lo que presentimos: a nuestros legisladores les da un bledo lo que ‘determine' la ciudadanía en las urnas, porque ellos, sustentándose en una Constitución escrita con letra chica, estarán siempre ahí gobernándonos, nos guste o no, nos opongamos o no. Y seguirán pensando que una familia política, extrañamente, necesita 104 veces más dinero para sobrevivir que una familia de chilenos corrientes. La derecha y la extrema derecha seguirán actuando de la misma manera. Los partidos y políticos de gobierno seguirán actuando de la misma manera. La clase política no depende de nuestros votos. Lo que pensemos los ciudadanos les deja fríos. No contamos. De ciudadanos no tenemos más que la chapa, porque en realidad somos esclavos y siervos. ¿Cómo terminar con esta burda farsa? [mQh] [mérici] Etiquetas: morandés udi bachelet mérici salario_mínimo goic jaruselsky sistema_binominal rn fernando_gaspar allende dictadura manifestaciones | Regiones Todo el país
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LA SOLUCION
Enviado por Juan Pablo
el 10/09/2007 a las 11:16 AM
SALUDOS. Lucha Difícil, No Imposible
Enviado por Amado de Mérici
el 10/09/2007 a las 12:44 PM
Una mayor conciencia de los votantes lamentablemente no incidirá en los resultados, que serán siempre los mismos formalmente hablando. Veamos: debido a la naturaleza dual y tramposa del sistema, si en las legislativas elegimos por ejemplo a 19 senadores de la Concertación, los otros senadores serán automáticamente del otro bloque, pongamos Alianza, de modo que el sistema siempre producirá 19 senadores elegidos de verdad y 19 senadores designados. Y si elegimos a 19 senadores de la Alianza, el sistema designa automáticamente a 19 senadores de la Concertación. Para esto, no es necesario que los ciudadanos voten más de una vez en la vida, porque los resultados de las elecciones son inocuos: siempre será igual, a menos que ocurra alguna catástrofe (por ejemplo que un candidato a senador obtenga el 70 por ciento de los votos, que es muy raro, no imposible, pues ya ocurrió una vez aquí). Las elecciones presidenciales no son binominales. Pero el presidente tiene sobre todo funciones decorativas y de representación, como los reyes europeos, y se dedican a viajar extensamente promoviendo los productos del país. Un presidente no hace la diferencia. Los que mandan en este sistema son los senadores; estos son los verdaderos mandarines. Ahora el mandato de los senadores es abusivamente largo (ocho años), de modo que introducir cambios es prácticamente imposible. En realidad, el sistema fue inventado para que nada cambie nunca, para que los grupos en el poder se mantengan siempre en el poder y constituyan una clase política autocrática con intereses creados en la mantención del sistema (y donde los intereses económicos de esta clase no son desdeñables: un senador gana en Chile unos 15 millones de pesos al mes (30 mil dólares). Según se sabe, de estos 15 millones sólo se meten al bolsillo 5 millones, que es mucho más que los políticos en por ejemplo Europa. Al año ganarán pues 180 millones de pesos (360 mil dólares); en todo el mandato, 1440 millones de pesos; 2 millones 880 mil dólares). No me extrañaría que se empiecen a formar parejas de políticos, porque la unión de dos patrimonios de este tipo produce un considerable poder económico. Yo dudo que los legisladores designados renuncien a estos privilegios y la lucha contra ellos será tenaz. ¿No es maraviloso ganar tanto dinero sin ser elegido y a cambio prácticamente de nada? Sobre todo si consideras que los privilegiados son de derecha, considerando que los chilenos votan tradicionalmente por la izquierda (el último presidente de derechas elegido fue Alessandri, a fines de los años cincuenta del siglo pasado). Porque los inventores del sistema en Chile procuraron convertir a los políticos en cómplices del sistema y lo lograron estupendamente. Así, si consideras la complicidad de la clase política en la mantención del sistema y la tendencia al inmobilismo del sistema binominal, la lucha por restaurar la democracia en Chile se anuncia titánica. Concuerdo 100%
Enviado por ramon sotomayor
el 11/09/2007 a las 08:34 AM
Tales manifestantes han demostrado que ahora son ellos los salvajes, y que la manifestación no manifiesta nada sino la violencia incubada y aumentada en estos numerosos años. La vida sigue, compañeros..... Me tocó ver la marcha por San Martín, y eran enfermos mentales. Que "manifiestan" su odio y resentimiento? Legítimo, sano, admirable, pero distinto es "manifestar", "hacer presente", "declarar" la emoción que nos embarga, que seguir su impulso sin conytrosl. Podré tener ganas de matar a mi jefe, o a no sé quién, para no nombrar a mi mujer, a veces la mataría, las ganas son una cosa, otra, dejar suelto mi impulso, cuchillo en mano. Ellos y Nosotros
Enviado por Amado de Mérici
el 11/09/2007 a las 02:14 PM
Pero a mí me parece un razonamiento de burros prohibir el paso por una calzada porque un agitador violento (repito, uno) lanzó una bomba incendiaria contra el palacio el año pasado (repito, el año pasado). Realmente, el argumento no se sostiene, porque no tiene lógica y ha sido utilizado como excusa. Hay cosas que no se pueden anticipar o prevenir; nadie puede impedir que un manifestante empecinado en lanzar una bomba, lo haga. Eso en realidad lo deben prevenir las fuerzas de seguridad o de inteligencia, y el público no puede ser hecho responsable de esos incidentes. Ese tipo de razonamiento es propio de gente de extrema derecha y nazis, no de seres racionales. ¿Usted adopta el concepto 'ellos'? Qué pena. la palabra ellos
Enviado por ramon sotomayor
el 12/09/2007 a las 08:19 AM
Que pena que tú te incluyas, aunque yo creo de puro porfiado: aquí el arma es la reflexion y no la piedra. Creo que estás con nosotros y no con ellos. Pero lo
Enviado por Amado de Mérici
el 12/09/2007 a las 03:39 PM
Pero lo que discuto, y me parece reprochable, es pretender que un acto delictual cometido por un individuo pueda justificar tomar medidas generales contra grupos de la población -como hacían los nazis y los romanos, entre otros. Es una estrategia policial 'burra', porque no es preventiva, en primer lugar. Esa lógica implica que, por ejemplo, si una persona roba en un supermercado, el dueño del supermercado castigará a todos sus clientes (creo que, en realidad, ocurre, porque los supermercados suelen incluir un porcentaje en el precio de sus productos para cubrir los robos). Los actos vandálicos son obviamente reprochables, pero no podemos caer en juicios histéricos e irracionales, ni pretender que los responsables de estos actos delictivos son las organizaciones o dirigentes que convocan a esas manifestaciones. Estos me parecen argumentos irracionales y mal inspirados, tan mal inspirados como la propuesta de algunos políticos de extrema derecha (UDI) de procesar a los dirigentes políticos que hubieren llamado a las manifestaciones nocturnas de ayer. Eso es absurdo, excepto en la mente de un nazi. Usted sabe que en nuestro sistema jurídico los hechos son de responsabilidad individual. No se puede hacer responsables de delitos a personas que no los cometieron. Los que creen que esto sí es posible, participan de una cosa que se solía llamar antes 'mentalidad mágica o primitiva', que se basa, entre otras cosas, en una creencia relativa a la contaminación (dime con quién andas), que es un absurdo jurídico, y en la idea de que los miembros de una ideología o grupo son todos partícipes de las acciones e ideas de sus miembros individuales, que es otro macanudo absurdo. Yo, ciertamente, le quedará en claro, no me incluyo entre los manifestantes salvajes, porque, en primerísimo lugar no he estado en esos lugares, así que simplemente no podría. Tampoco entiendo yo los motivos de ese vándalo, que algún día tendrá que exponerlos ante el juez. Pero me costaría realmente mucho decir 'ellos'. Este es un asunto estrictamente judicial. Esta confusión es bastante habitual, lamentablemente. Y militares y carabineros por desgracia suelen ser representantes de este tipo de pensamiento troglodita. (Pero no los culpo individualmente, pues ese tipo de 'razonamientos' se les inculca artificialmente). (En política, este 'pensamiento primitivo' lo exhibe gente de derecha, nazis y personas como Bush: 'un grupo de árabes atacó las torres, ataquemos a los árabes en general pa vengarnos'. Un policía golpea a un ciudadano; sus familiares se vengarán atacando a cualquier uniformado que se encuentren en el camino. Un hincha recibe una pedrada lanzada desde el otro lado; se vengará golpeando a cualquier hincha del otro club. Los 'primitivos' piensan recurriendo a la oposición, creada artificialmente, entre 'ellos' y 'nosotros'. Esta absurda dicotomía permite liberar la agresión y justificar la violencia por medio de una construcción carente de sentido: la venganza. Ayer alguien disparó contra un grupo de carabineros. Uno de ellos murió. No sabemos por qué lo hizo. Es labor de la policía identificar al autor y llevarlo a tribunales. Dudo que el autor haya tenido algún lío con ese carabinero en particular y haya aprovechado la ocasión para dispararle. No podemos saber si el autor tenía intención de matar o no. No sabemos si fue un balazo accidental. Pero es muy probable, creo, que el autor haya disparado movido por un sentimiento 'primitivo' de odio o de venganza. Esa persona se ve a sí misma como miembro de una tribu, y ve a los carabineros como miembros de otra, enemiga. Y cuando dos o más 'tribus' de estas se enfrentan, las cosas se ponen muy peligrosas. (Piense en Bosnia, por ejemplo). Sin mala voluntad ni rencor, Estando y observando
Enviado por ramon sotomayor
el 12/09/2007 a las 07:10 PM
Y puedo afirmar que que "organizan", "convocan" o promueven las manifestaciones están 100% al tanto de que es así, y que las cosas se pueden poner muy peligrosas. Convoquemos, por ej. a los ciclistas de Santiago, a una carrera libre, cerro abajo, desde la cumbre del manquehue. No sé si terminemos presos, pero seremos responsables de una cantidad de fracturas por que la gente, feliz, va a tirarse sin duda cerro abajo, con las proteccciones que libremente elijan. No señor, yo sé las consecuencias, y los que convocan a "manifestaciones" saben sus consecuencias. Que definan libremente con la autoridad (si es que hay existe definición libremente convenida con la autoridad) cuáles van a ser los medios de protección para que la protesta, perdón, la manifestación, no traiga muertos de ningun lado. Gracias por la conversa, la racionalidad y la locura son siempre bienvenidas. Saludos Acabo de
Enviado por Amado de Mérici
el 12/09/2007 a las 07:35 PM
Acabo de leer la primera plana de La Segunda. Dice: Murió Carabinero Baleado por Turba. Me parece extraordinario: es lo que quería transmitirle. Según La Segunda hay más de un asesino. No dice si todos ellos dispararon sus propias armas y si sólo tenían una y la manipularon de algún modo todos. El modo de pensar detrás del titular de La Segunda refleja una ideología absolutamente primitiva, o quizás prelógica, y en realidad contraria al sentido común. Le sería muy difícil al diario probar de lo que dice, si no imposible. Así, la conclusión jurídica sería que se procesaría a varias personas por un mismo delito cometido por una sola arma de manipulación individual. Yo creo que este tipo de pensamiento 'jurídico' se encuentra todavía en algunas comarcas africanas. Yo he ido a manifestaciones y nunca he pensado que soy parte de una tribu ni que los carabineros son enemigos ni nada de eso. De modo que mi experiencia no puede confirmar la suya. Así, la validez de su proposición choca de lleno con la validez de la mía. A lo mejor tenemos experiencias que son mutuamente ininteligibles. Pero entonces las consecuencias filosóficas y epistemológicas de esta conclusión son harto aberrantes. Por ejemplo, volviendo a su punto de vista, ¿cómo puede ser uno responsable de cosas que no han ocurrido todavía?
Saludos. no soy jurista
Enviado por ramon sotomayor
el 12/09/2007 a las 08:27 PM
pero de las cosas que no han ocurrido seré responsable sólo cuando ocurran, siempre que sean consecuencia de mis acciones u omisiones. Si convoco a una "manifestación" soy responsable de convocarla, sólo por poner en riesgo una serie de valores (como la vida de algunos), lo mismo que soy responsable de manejar en estado de ebriedad aunque no produzca daños, sino por los riesgos (imprevisibles) a los que someto a terceros que estén sobrios, sea que estén conmigo, arriba de mi auto, o que sean peatones, sea que los 3eros estén ebrios, arriba o abajo del auto. La responsabilidad de mi conducir ebrio es mía, soy yo quien pongo en riesgo a los demás, aunque nada ocurra jamás. Salu Manifestarse y Conducir Ebrio No Son Equivalentes
Enviado por Amado de Mérici
el 12/09/2007 a las 08:39 PM
Aunque convocar a una manifestación no es equivalente a conducir en estado de ebriedad; lo segundo es una falta, lo primero un derecho. Si usted convoca a una manifestación, no está, creo, convocando a que el señor X, que usted no conoce, se aparezca con un arma y dispare y mate a un carabinero. Por las informaciones que hay, es más que probable que se trate de un grupo de delincuentes que aprovecharon esta ocasión, la oscuridad, las barricadas, el desorden, para saquear una escuela, que quería proteger ese carabinero; y es probable que esos mismos delincuentes no se pusieron de acuerdo de antemano para disparar o matar al carabinero. O sea, para saber qué ocurrió tendremos que esperar el curso judicial normal. No es sabio dejarse llevar por las emociones en circunstancias de este orden. Si no fueran estas circunstancias tan trágicas, creería que me pasé inadvertidamente al otro lado del espejo. Si son equivalentes en un 100% porque
Enviado por ramon sotomayor
el 13/09/2007 a las 01:49 PM
Convocar a manifestación no es delito, pero debiera serlo si estamos de acuerdo en que entrañan riesgos impredecibles para terceros, como se ha comprobado en casi todas las manifestaciones, marchas y protestas. Que muera gente en la guera desatada entre países enemigo es un crimen, mayor razón que compatriotas no estén expuestos a ser dañados por sus "compatriotas" que "protestan". Comentarios de este artículo en RSS
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¡¡¡ Y QUE HACEMOS PARA EVITARLO ???
Los politicos se "abanican" con los reales intereses de la ciudadanía, con la excusa de "representarnos"..
Tu pregunta de ¿como terminar con esta burda farsa?...
DUDO MUCHO QUE NOSOTROS LOS CHILENOS PODAMOS HACERLO...
BASTA VER COMO NOS "METEN EL DEDO" TODOS LOS DIAS CON EL FAMOSO TRANSANTIAGO, COMOS HAN USADO LAS PLATAS DEL ESTADO EN SUS PROPIOS INTERES, para que seguir....
YA SOMOS "MASOQUISTAS"....
Creo que
Creo que la convocatoria de una asamblea constituyente con el fin de redactar una nueva Constitución sería la solución ideal, porque en esas elecciones se reflejarían los sentimientos políticos de los chilenos. Estos procesos son de vez en vez necesarios para evitar los obstáculos que levantan las clases políticas (este sistema binominal, como sabes, se originó en la Polonia comunista y tenía como objetivo excluir a los sindicatos y perpetuar a los dirigentes comunistas en el poder).
Lamentablemente, convocar a una asamblea constituyente no parece fácil.
Mientras andamos, podemos de cualquier modo expresar nuestro rechazo de esta farsa de democracia (otra vez, no creo que sea considerada democracia en ninguna parte, porque la 'democracia binominal polaca' tampoco fue aceptada en ninguna parte) anulando, por ejemplo, nuestras papeletas con algún símbolo (una cruz o una X, por ejemplo).
También tendremos que recurrir nuevamente a la comunidad internacional para que nos ayude a erradicar este ridículo sistema, pidiendo que Chile sea excluido de organismos internacionales (en virtud de que sus autoridades políticas no son verdaderamente elegidas por el pueblo), y contrarrestar las infames campañas de desinformación del ex presidente Lagos.
Difícil, no imposible.