Mateo Andreu Ibáñez

Anclajes políticos y derivados...

Anclajes políticos y derivados...

 Ante todo… Cortesía con la política, antes que valentía para definir sus hierbas no vegetales.

El Diccionario Español nos la define, entre otras: Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión o con su voto… Para muestra nos vale un botón, de lo que significa este logro. Pues el hombre a lo largo de su historia, escasamente ha tenido voz y voto. El hombre ha sido perseguido, acosado, humillado y apaleado hasta extremos de dramatismo espectacular.

No son deseos de resaltar la belleza de la política, sino de pasiones, uso y abuso y corruptos olores…, por no excederme.

  Las convicciones nos llevan a la tumba. Ni Arquímedes tenía razones fortaleza con su “Dadme una palanca y moveré el mundo”. Seguramente no conocía la condición humana, ya que en algunos conceptos es más estanca que la comprensión.

 Aferrados a conceptos soñadores surcamos los cuatro vientos en busca de culpables, y ellos son, siempre los mismos, los que no comulgan con nuestros recogimientos. En el espejo de la vida se reflejan mil conceptos a estudio, pero da igual solo nos preocupa nuestro perfil político.
A lo largo y ancho de nuestro convencimiento que se curen en salud los que difieren de nuestro matiz. Por tanto serán vapuleados por infidelidad y gente obtusa. La razón es nuestra y solo nuestra, es fácil de entender, y no es necesario conceder crédito a los que no son sumisos a nuestro modo de entender.

 
Las convicciones nos llevan a la tumba. No hay más razones en el extrarradio que aquellas que damos por ciertas y verdaderas. Todo lo demás es puro enemigo al acecho. Y las puertas del entendimiento mutuo, hay que blindarlas para que no se nos cuele un caballo troyano.
Y de otra vida…? Seguramente las convicciones persistirán incluso en el Juicio Final: posiblemente insistiremos en justificarnos con razones que resaltaran la escasa credibilidad del adversario, pues damos por hecho nuestros valores auténticos, evidentes.


En la medida que se intenta saber de la condición humana, parece falsearse una voluntad de entendimiento, como paloma blanca, pero atada en cada pie por hilos que sujetan pasiones enfrentadas.
¿Cual debe ser la causa de razones topadas de por vida? Que fuerza ronda nuestros sentidos para maniatar la imparcialidad hasta extremos de ser obra de por vida.

Como norma, los arraigos políticos tienen raíces profundas: llega a tanto que se es capaz de viajar en un viejo y desfasado buque con tal de sentirse realizado políticamente. Lo que nos seduce importa más que lo que importa a la sociedad en general.

Deberíamos ser más abiertos con lo que no comulgamos y, pensar que no estamos exentos de defectos por muy altos que consideremos nuestros postulados.

Los que no coinciden con nuestro particular modo, no son adversarios, ni enemigos: solamente difieren. Si se les falta el respeto y se les difama por creer que nuestra realidad es una verdad evidente por si misma, quizá algún día nos descubrirán roña.

Recuerdo que en el vestuario de la empresa, un “Señor” guardaba en su taquilla su ropa de calle con un orden, pulcritud y esmero digno de un eficiente Mayordomo. Decía…, reprendiendo a los demás que, nunca se debía perder las buenas costumbres. Hasta este punto todo es loable, pero un día que se hizo daño en una pierna y pie, y según contaron los que lo llevaron y estuvieron con él en el botiquín, tenía los pies con más roña que un palo de gallinero. Luego se supo de malos tratos a esposa e hijos, y problemas de vecindad y familia.

Con el ejemplo se desea decir, y sin más allá, que lo que se defiende puede ser un historial con más basura que virtudes.

Demos ser cautos con la pasión de nuestros comentarios y críticas, pues al fanatismo y la exaltación le suele crecer la lengua y la nariz.

La vida no nos pide permiso para cambios y evoluciones políticas, sucede todos los días presentes y futuros. Su conveniente terapia es la objetividad, serenidad y respeto mutuo. Analizar deprisa y corriendo o incluso de un día para otro, conlleva laceraciones. Si damos tiempo al tiempo en democracia, no pican tanto los forúnculos de la política.
El futuro natural se abrirá camino sin abuela, peor o mejor, es Ley de Vida. Y si el hombre desea participar mejorando su parcela social, no seremos dictadores asegurando que el presente y futuro solamente está seguro con nuestros capitanes.

 

No dejemos de pensar que somos títeres influenciados por movimientos de poder y por los antecedentes de nuestro inmediato entorno de vida. Tenemos el deber moral de ser independiente de su garra afectiva, aun cuando simpaticemos con su doctrina. Será la única manera de que en la objetividad de nuestras opiniones, amanezca el respeto bilateral.

 Perdón a los difieran. En mi sentir no está causar contratiempos, pero es que soy un pobre ignorante incapaz de distinguir tres en un  burro.

 Autor: Mateo Andreu Ibáñez

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peón...
dijo :

Pero, nada debo perdonar por ello y menos aún considerando que suelo ser pasional en mis opiniones, aunque espero que no me crezca nada de nariz o algo similar por ello... 

Yo nos veo como esclavos de un sistema absolutamente intocable en sus fundamentos, porque fieros guardianes con relucientes y poderosos escudos impiden la llegada de una real democracia que finalmente le dé poder al pueblo y un real sentido social a todo el sistema, sobre todo uno humanitario o más racional, si se quiere, en cuanto a nuestro sistema económico, siempre en manos de pocos, aunque no lucho por quitarle nada a nadie, sino que por crear poder económico en el pueblo y con ello un mejor sentido social del desarrollo personal y de los territorios... 

El tema da para mucho que decir, sin embargo, el sistema es sordo, por lo que es inúitil extenderse... 

02/02/2010 a las 1:50
peón...
dijo :

Me estoy recuestionando mi derecho a hacer tal cosa, para evitar considerarlo una obligación... 

Me hacen pensar las palabras de Job, aquellas con las que le responde a Dios, luego de intervenir éste en el diálogo que sostenía con sus amigos, diciendo Job: 

"He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé?
Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar." 


Creo que a veces decimos muchas cosas levantándonos en juicio fácilmente, sin embargo no hemos mirado nuestro propio proceder y cosa muy preciada es el silencio y la humildad...


Saludos estimado... 

10/02/2010 a las 1:23
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