Compraré un vestido en la feria y un par de dulces frutillas, enseguida pasaré donde la niña que vende alcancías y depositaré en su alcancía preferida dos mil pesos y un par de monedas para que así ella también como yo, de a poco realice sus sueños, pues nunca seremos grandes ni llegaremos lejos si además de soñar no trabajamos por ello.
Un domingo estrenaré mi vestido, he decidido seriamente que saldré a caminar en las afueras de alguna iglesia antigua en Santiago o quizás vaya a Maipú y entre sus calles deje el aroma de mi cabello recién lavado con quillay, sí, el quillay que he encontrado en una feria cerquita a casa.
Y de a poco me iré confundiendo entre la gente chilena, siempre y cuando no abra la boca y me delate mi acento extranjero, si preguntan quién soy diré: Una viajera y sonreiré discreta mirando secretamente a la Cordillera que al fin también es mi madre.
Se llegará el día en el que de tanto andar con mi vestido azul y mis zapatillas blancas ya las personas sabrán que no soy chilena, ni mexicana sino viajera pasajera del mundo, y como hoy mi acento irá cambiando hasta hablar esa lengua que dicen que es extraña pero que aún existe en sitios como en Pomaire, sí, esa lengua llamada Amor con la que aún nos comunicamos muchos.
Y fue en esa lengua que me hablaron dos mujeres ancianas hace semanas en una tienda de helados, llegué y pedí un helado de chocolate y la mayor de las damas al notar mi acento me preguntó de dónde era, le dije que de México, enseguida sonrío y me habló de la música ranchera, me hizo sentar en su mesa y me convidó té y quesillo, hablamos mucho como si nos conociéramos siendo en realidad desconocidas, y me senté en medio de esas mujeres sintièndome hija, nieta, sobrina, fue difícil despedirnos porque lloramos, habíamos tenido una tarde mágica y especial practicando ese idioma que apenas aprendo y vocalizan las cuerdas de mi alma, sí, ese idioma llamado Amor.
Y soy hermana, hija, tía, sobrina, nieta y hasta abuela porque el amor se hace nuestro lazo.
Sí señor, compraré un vestido en la feria y seguiré aprendiendo a hablar en la lengua de todas las lenguas, la lengua en la que jamás seré extranjera en ningún lugar.
Jana Regalado.



















buen vestido
Comprese el vestido señorita del quillay...
asi sigue alegrando en su pasar a jovenes y ancianos con un regalo de conversar.
un abrazo y a seguir con esa actitud en pomaire, guadalajara o maipu.
Gracias Johan...
Lindo eso de "señorita del Quillay", de las primeras cosas que descubrí y me impactaron de Chile fue precisamente el Quillay, pensar en que las mujeres se lavaban con quillay el cabello y tb pensar que con quillay podríamos lavar tanta suciedad en el mundo, aunque mejor no, pobres árboles, hay que cuidarlos mucho, incluso ya no compraré quillay, prefiero que siga donde mismo que es en los troncos de sus arboles.
Y conversadora lo soy y mucho, aunque aquí mucho me retan por eso, dicen que la gente es mala y sé que hay gente mala, lo sé, pero no toda la gente es mala y no quiero, me rehuso a andar caminando por ahí o subir al metro con una mala cara o en silencio, a mí me gusta sonreír y mirar a los ojos, me gusta estar atenta a los demás, me gusta saludar y conversar del clima, de los días, del sol, del periódico o del mismo calor en el metro, y eso deja algo en los demás y una se queda con algo especial, enseña que no todo es concreto y que si bien hay gente mala una sabe distinguir, no sé cómo pero sé distinguir y camino con la confianza y certeza de que luz atre luz y amor atrae amor, y eso quiero seguir haciendo.
Sí,debe ser cuestión de actitud pues a estas alturas ya he pasado mis desencantos, un lanza intentó robarme, un chofer de bus fue muy grosero conmigo, una mujer me gritó en una tienda y en la Moneda he recibido empujones y malas palabras, pero si me sacudo la sal encuentro que hay azúcar, encuentro que siempre hay alguien bueno que comprende y tiende la mano, alguien que nota que estoy perdida y me indica el camino a salvo, alguien que nota que estoy cansada y me cede el asiento, alguien que sabe que no traigo cambio y me regala un helado y niños que se acercan a mí y hasta en arranques de ternura ambos nos hemos tomado de las manos mientras sus padres miran asombrados.
Sí, hay que seguir siendo así aunque la vida sea dura y haya gente ciega, la vida es puro namá una y que mejor vivirla en armonía con el amor y la luz.
Abrazos de la señorita del Quillay.