recuerdo aquellas mañanas de cuando era niño, cuando con mi abuelo íbamos caminando a mi escuela, apenas saliendo de mi casa aquella pared de neblina nos dejaba todo a la suerte y a la imaginación.
Yo imaginaba (cuando lo hacía) que en el camino me encontraría dentro de una nave espacial extraterrestre, o que me encontraría con algún amigo tratando de encontrar alguna espada dentro de aquel mágico mundo que solo duraba algunas horas, mi abuelo por su parte me decía que quería cortar un cubo de neblina para llevárselo a la casa, como también siempre nos contaba que el subía a la montaña a bajar nieve para poder hacer helados.
Muchas veces cuando caminábamos por la calle, se veía cerca dos ojos amarillos y ningún sonido, lo que me asustaba... ya que aparecían dentro de la neblina, luego me percataba que eran los mismos vehículos que aparecían en el camino. Habían momentos que no nos dábamos cuenta y ya estábamos en las puertas del colegio... la neblina es mágica, te puede transportar... eso pensaba cuando era niño.
hay cosas que quiero recuperar de cuando era niño, o ser como el tipo de el efecto mariposa y poder recordar o revivir el pasado.
Ahora solo quiero dormir y tratar de despertar en un pasado, donde estaba mi abuelo. Para poder caminar por las calles llenas de aquellas nubes que me hacían soñar, que me hacían vivir en ese mundo...

saludos y gracias al post de la carta de el principito ...
chau chau


















Somos un grupo de soñadores...
Que vemos magia en las nubes, la neblina, las sonrisas, cada sencillo acto que se realiza en la vida, y lo maravilloso es que somos soñadores que trabajamos, y más aún, somos soñadores aguerridos.
No conozco la neblina, al menos no la recuerdo, en mi país y al norte donde vivo el clima no se presta para ello, en tiempo de calor es sofocante y en tiempo de frío es electrizante y anchas las calles, pero lo que sí tenemos es que siempre llueve, y mucho de lo que tú sientes con la neblina y los pensamientos con tu abuelo, yo lo he sentido con la lluvia y con mis recuerdos al lado de mi abuelita materna.
Dicen que soñar es malo sobretodo en una ciudad de concreto como lo es Santiago, dicen que debo poner mala cara y apretar fuerte mi cartera desconfiando de todo, dicen que si hablo con las personas notarán mi acento extranjero y que querrán saber cuánto hay en mi bolsillo, si vengo sola o acompañada y dicen que en el metro es mejor mirar sólo las estaciones.
Entonces me siento caminando en un día de esos de lluvia en mi ciudad y me veo llegando a la casa de mi abuelita y vivo un debate entre ser esa chica que llega a casa o ser la chica que camina en el concreto donde si se descuida hasta la podrían no sólo asaltar sino hasta quitar la vida, y descubro que camino entre neblina, que a diferencia de tus preciosos recuerdos yo siento miedo porque lo que yo conozco es la lluvia y la lluvia moja mi cabello y refresca mi cara, y en medio de la lluvia sigo soñando, pero caminar en medio de neblina algo que yo no conocía y sentir que no sé bien dónde tocan mis pies, eso, me produce una lucha constante entre el ser o el no ser.
Hablé hace días con mi madre y ella dice: Se lo que quieras ser. Y yo quiero ser yo, quiero soñar aún en medio de la neblina tal cual lo haces tú, si no hay lluvia, conoceré entonces la neblina, a falta de pintura para mis manzanas, pintaré con jugo de fruta. Creo que todo es posible si lo deseamos y creo que todo está lleno de maravillosos regalos... así que tu neblina me gusta ahora si la cruzo cantando.
Un saludo luminoso y lindo que te inspirara la Carta al buen greñudito.
Jana.