¿Ciencias ocultas?

Enviado por Mateo Andreu Ibáñez el 16/02/2010 a las 12:34
Mateo Andreu Ibáñez

Misterios, enigmas y secretos desde tiempos remotos. ¿Todo es oro, lo que reluce?    Y la ética para descifrarlos, ¿es honesta?

  La clarividencia es libre y aparentemente sin límite. Hay quien no ve más allá del presente y quien fabrica pasado y futuro a espuertas.

Si para dilucidar el futuro nos basamos en datos sobre la persona y sus circunstancias,  tenemos suficientes datos para no ir más allá del futuro inmediato.

Aparte de los cuatro o cinco mil años de documentación histórica, no hay nada como para pensar en algo distinto, salvo la lógica evolución general.

 Parece ser que la seria investigación es mala compañía para los que tienen explicaciones vedadas al hombre medio. ¿Qué será que el hombre sin pesadillas se afana con desmedida gana a explicar lo inalcanzable hoy, y además, con riguroso examen.

Lo indemostrable se hace sumamente fácil a la especulación. Hay infinidad de temas tan bien  argumentados que desequilibran  la sensatez del más cuerdo. Se parece a los juicios que solo ganaban los que más testigos aportaban.

Creando una aureola de atención y abonándola convenientemente, las opiniones sufren una metamorfosis inconsciente. La avidez para que triunfen las ideas, incluso pierde el rumbo de la honestidad cuando la predicción y el resultado difieren. Pero los apasionados no se rinden y buscan la manera escabrosa de encajar los datos; se lima por aquí, se recorta por allá, se readapta apretando o aflojando con tal de que la similitud llene de prestigio a los magos de estas verdades.

 Es un mundo alucinógeno y fuente de alimentación para almas que se satisfacen de algo más que mirar piedras en el suelo y estrellas en el cielo. Es un mundo de misterios que infinidad de autores buscan afanosamente las vacas gordas. Unos de tantos ejemplos como platillos volantes a granel, y aun es la hora que alguien pase a recoger el millón de dólares que siguen depositados en Estados Unidos en espera de alguien aporte datos sobre la veracidad de los extraterrestres.

Y de misterios por doquier se puede mencionar las Bermudas y de intenciones de hacer su agosto (algunos lo consiguieron) ganando cuantiosa fortuna con la edición de sus obras. Y así, infinidad de libros sobre infinidad de temas como para llenar un campo de fútbol.

Es lectura apasionante y debo confesar que caí de cuatro patas. También debo cantar que no me arrepiento, pues no deja de ser una lanzadera importante para sacar conclusiones respecto de lo que es seria investigación o gato por liebre.

  El autor sin recato sabe perfectamente de manantiales económicos importantes. El derecho de autor aporta dividendos que llenan huchas directamente proporcional a ejemplares al público. Pero cabría sopesar por autor e editorial en que medida su libre albedrío es retrógrada a la enseñanza social.

Los altos cargos legislativos y gubernamentales debieran determinar cánones estrictos al respecto de titular el contenido para no llevar a equívocos.

Cuanto se divulga y al respecto, tiene un fin, una intención, un solapamiento que en la mayoría de casos está muy bien camuflado con fina argumentación trastocada.

  El hombre, hoy por hoy no tiene suficiente altura intelecta para tantas conclusiones. No obstante, el empeño es descomunal y en ello hay quien se resiste a decir su verdad como verdad, y quien sin escrúpulo tiene manga larga para decir mil verdades como axiomas consolidados.

  En fin, es tan largo y polémico el tema que lo expuesto es un botón de muestra.

  Mis sinceras disculpas al aficionado en lecturas de ciencias ocultas y hiervas no vegetal. Espero se sepa comprender mi deshogo por una juventud en un mar de dudas.

No me falló el rumbo a pesar de vicisitudes de contagio, pero tengo buenos amigos que a pesar de la edad, me invitan a presenciar movimiento de objetos con la mente y a presenciar platillos volantes en noches de alta montaña. Es solo un ejemplo de mucho más.

Particularmente yo no soy adversario, pues de todo a de haber en la Viña del Señor para ser más sabio. El hombre es más sabio escrutando un millón de datos que, el que cree serlo con solo cien.

Pero para una segura edificación de su inteligencia, ha de saber diferenciar que ladrillos son de papel.

Que las autoridades competentes procedan en los libros como en los paquetes de cigarrillos, dejar bien claro las posibles secuelas y la exacta calificación del contenido. 

Autor: Mateo Andréu Ibáñez

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