Catalina de los Ríos y Lisperguer: una feminista contra la Inquisición.
Estigmatizada
por la institucionalidad imperante, Catalina de Los Ríos y Lisperguer
nació en 1605, falleciendo en 1665, viviendo una historia de rebeldía
que cruzó el siglo XVII de la Capitanía de Chile, realizándose en
contra de ella un asesinato de imagen, con el cual se la sometió en
vida, a la exclusión y al escarnio social de los poderosos de la época.
Su
gran pecado fue oponerse a la expropiación de sus tierras y bienes que
pretendió hacer la Iglesia Católica, en función de las condiciones
imperantes, donde una mujer viuda y su hija no tenían derecho a
administrar los bienes en herencia y estos debían pasar a manos de la
Iglesia, quien debía proveerles lo que necesitasen, pero enviándolas
quizás a un convento de claustro que las sepultaba literalmente en vida.
La
Catrala chica, como la llamaban sus seres queridos, era como su madre,
distinguida y elegante y, como se diría en buen chileno, “parada en las
hilachas”. Ambas mujeres de avanzada que no aceptaban yugos y que eran
capaces de llevar la vida con autonomía y dignidad. Sin embargo,
enfrentarían en esa lucha a un poder tenebroso, la Inquisición, con sus
sibilinas y crueles maniobras, en donde se las quiso acusar de abusos
que, de haber sido ciertos, no se diferenciaban de los aplicados por
los encomenderos varones a sus encomendados.
La
ambición de poder que caracterizó esa institución de muerte y tortura,
quiso hacerse de los grandes territorios que poseía Catalina, como la
Hacienda El Ingenio que era productora de Azúcar y que cruzaba lo que
es hoy la Cuarta y Quinta Regiones, llegando hasta la Sexta, en la
Leonera, donde estaban las últimas encomiendas que formaban su fortuna.
La
manipulación comunicacional, las calumnias, los falsos testimonios
obtenidos por presiones o torturas, llevaron a lapidar la imagen de
Catalina de Los Ríos acusándola de los peores crímenes, de los cuales
siempre se defendió con una osadía ejemplar, convirtiéndose en una
mujer señera que, inteligentemente, fue capaz de imponer un rol de
mujer emprendedora, autónoma y desafiante del corrupto sistema
conservador de la época. A ella se le asesinó su imagen, su nombre y su
honra, colocándosele el apodo de Quintrala, deformación del su
sobrenombre familiar de Catrala, derivado familiar de Catalina.
Lo
extraño es cómo Chile se quedó con esa historia oficial distorsionada,
mezquina, machista y conservadora, llena de mentiras construidas por la
codicia y la calumnia, sin que a la fecha haya surgido una
reivindicación histórica del sentido que tuvo su posición en aras de la
libertad de culto, de la dignificación de la mujer en la sociedad, del
laicismo y la libertad de pensamiento.
Catalina
de Los Ríos y Lisperguer fue una víctima de los poderes fácticos de una
época oscura de la colonia, donde el mal se vistió de Iglesia acusando
de pecados a todo aquel que osara oponerse a sus designios maléficos.
Catalina de Los Ríos merece justicia y nunca escuché de las feministas
algo trasnochadas del Siglo XX, referirse a ella en su dimensión de
mujer luchadora y valiente, que fue capaz de doblarle la mano a la
curia torturadora de la Inquisición y sus redes de influencia.
Libertaria,
osada, respetable en su lucha, Catalina de Los Ríos y Lisperguer lucho
toda su vida por los derechos de la mujer a decidir su vida, manejar su
patrimonio y ser dueña de su cuerpo y dueña de su destino, responsable
de sus acciones, sin doblar su digna y elegante figura frente a los
cínicos y serviles funcionarios de la monarquía y la Iglesia corrupta.
Espero
que se revea su historia, caricaturizada por los escribas obsecuentes
de su tiempo y que se reconstruya su epopeya de coraje y pundonor.
Catalina de Los Ríos y Lisperguer merece una reparación histórica.
Chañaral, 15 de febrero de 2010
Una mirada libre a nuestro entorno




















Totalmete de acuerdo
Muy interesante punto de vista.
La historia de Chile ha sido totalmente manipulada, es maniquea, está llena de estereotipos, no cuenta toda la verdad, es una historia mojigata, y lo que a mi siempre me ha extrañado es que doctores en historia de Chile y los grandes historiadores de este país sigan repitiéndo esta caricatura de historia de Chile, como la historia de doña Catalina. Hay excepciones a la regla y algunos historiadores intentan proponer miradas nuevas sobre la historia, pero siempre se impone la historia oficial, la conveniente, la que ya ha sido establecida y ya no presenta conflictos.
Sabemos más, y tenemos más puntos de vista sobre la historia de USA, y de sus hechos históricos, que de la historia de Chile.